GASTRONOSUYA
Leo
que el PSOE ha expulsado a Nicolás Redondo por menosprecio a las siglas. Bien,
lo único que me llama la atención de esta noticia es que la buena nueva le
pillo a Redondo comiendo con Leguina y con Ánsar. Hasta ahora era lugar común decir
que la política hacia extraños compañeros de cama, pero nada se había dicho de
los compañeros de mesa. Las comidas de empresa son una tradición en este país y
a mí me gustaría saber el menú de este singular ágape para pasárselo a los
mentecatos de Masterchef; gente que pretende enseñarnos a cocinar menudencias sin
sustancia ni fundamento a mayor gloria de sus bolsillos y de la audiencia,
tarea por demás inútil en un país en el que se comía de puta madre por cuatro
perras (piensen en su madre en la cocina) hasta la aparición del universo
“Michelin” que lo que intenta es que solo los ricos coman bien. La buena mesa
siempre ha estado en las casas humildes y no en las pobres (donde solo había
para patatas con sebo). Sin embargo desde hace tiempo es la derecha la que se
ha ocupado literariamente del buen yantar, y lo primero que hicieron fue
llamarla gastronomía y trufarla de recetas y términos franceses (el patriotismo
es así). Ya se quejaban de esto en sus artículos Fígaro y Mariano de Cavia, para que vean que el asunto no es
moderno. Más cercanos a nuestros tiempos tenemos a Néstor Lujan, a Cunqueiro, a
José María Castroviejo, a Pla, a Foxá o al excelso Julio Camba, para todos
ellos, comer bien formo parte de su literatura, y por eso la comida es un
protagonista más de muchos de sus escritos.
Eran
muy de banquetear nuestros antepasados literarios y en el Madrid de principios
del XX no daba uno abasto para acudir a las comidas que convocaba Gómez de la
Serna y su generación. En esos banquetes sacio su hambre la desgarrada bohemia
española y se puede decir que sin ese sustento muchos escritores hampones y
muchos gacetilleros famélicos habrían muerto de consunción. En el Madrid de
1920 si no recibías el tarjetón para acudir a estas cuchipandas con discurso a
los postres es que no existías, porque hasta los que no eran nadie tenían allí asiento
y manduca. Pero yo me sigo preguntando por la comida de estos alegres muchachos
antes citados que parece que recibieron con risotadas la expulsión de Redondo.
Si alguno de mis corresponsales tiene noticia del menú le ruego que me lo envíe
por reproducirlo, a ver qué sensación se le queda a uno a los postres; si de
hartazgo, de felicidad o de acidez estomacal. Supongo que jamás lo averiguare.
Todas estas cenas de empresa importantes tienen menú secreto y son para
estómagos fuertes y mentes avisadas. Ya se sabe que en algún momento alguno de
los comensales (normalmente un discípulo querido) se levantara a darte un beso
y en ese momento sabrás quien va a pagar la cuenta que suele ser carísima, y de
nada sirve poner en el Trip Advisor: que aquí te crucifican, porque pensaran que
eres un influencer resentido. Soy
también curioso del restaurante donde se juntaron ¿La Mafia se sienta a la mesa, acaso? Creo que era Bismarck quien decía:
que es mejor no saber cómo se cocinan las
leyes y las salchichas, y donde dice salchichas pongan Vds. chorizos que es
más hispano. En resumen: ¿Era el menú catalán? ¿Mar y montaña? ¿Era una deconstrucción
esferificada? En esta reunion de pastores ¿Qué oveja se iban a comer? ¿Estaba invitado Felipe González o estaba a dieta y por eso no acudió?
¿Si acude Puigdemont al afamado restaurante de Can Brians le seguirán sirviendo
langosta Thermidor? Todas estas son preguntas que suscitan mi curiosidad porque
en mi casa cocino yo y hoy no sé qué poner, y no es por falta de recetas si no
de pecunia, que suplo con imaginación. Pero otra pregunta que me hago es si la
escasez monetaria no se debe en parte a que estos agasajos los pagamos siempre
los que nos quedamos fuera mirando por la cristalera del restaurante, y por eso
se nos indigestan a los demás mientras que los comensales sueltan felices su erutito.
¡Qué complicada se ha vuelto la gastronomía!
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