HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE
Hablaba
estos días de la pobreza y de los que se creen ricos y debo abundar en esta tautología.
En efecto si me atrevo a hablar de este tabú es porque, acaso, sea yo el único pobre
de España. ¿Qué estoy exagerando? Hagan Vds. como Diógenes y provistos de una
linterna (mejor un led) salgan por las calles a ver si pescan uno. Si
encuentran alguno será rescatándolo de las garras de los servicios sociales que
tienen su propia búsqueda porque han de justificar su existencia y su sueldo.
Me refiero claro está a pobres “nacionales”
(aunque la pobreza no tiene nacionalidad) porque todos los pobres que voy
rastreando son Rumanos, Búlgaros, o negros del África tropical (esa que ya no
se puede decir ni en la canción del Cola- Cao porque alguien ha decidido que es
racista) Si amigos, seguimos siendo esa nación de hidalgos que no comía pero
conservaba unas migas de pan para distribuirlas por la ropa al salir de paseo.
Hace un par de años la negra pobre de mi barrio se casó (yo a los pobres les
doy conversación y me lo agradecen más que las monedas) y me presento a su
negro que vino a buscarla a su puesto mendicante en un coche de segunda mano
mejor que el mío (no se equivoquen que no es una crítica, yo me alegro) Me
privo así de su conversación, que era interesante, porque era lista como el
hambre que nunca paso (y también me alegro) Ya solo me quedan las pobres
Rumanas enterradas en refajos; pero esas no hablan conmigo aunque si con mi señora, son más
desconfiadas y no dan explicaciones. Total que ya no quedan pobres porque nadie se autodefine así
(menos yo) y el adjetivo ha quedado como un insulto y por eso los servicios
sociales y los políticos les llaman “personas
en riesgo de exclusión social” Tamames, ya escribió sobre esto y su texto se
sigue usando en las universidades españolas, y hay tienen Vds. una de las
explicaciones de por qué los economistas de este país siguen sin tener ni puta
idea de nada y encima creyendo que la tienen. Porque el libro saca una instantánea que hace muchos años
se quedó obsoleta y se toma como el evangelio (al que tampoco le tengo ningún respeto)
Es como seguir estudiando la historia de España con Marcelino Menéndez Pelayo
(que hay quien lo hace ¡ojo!) Como digo, algo totalmente ridículo en un tiempo
en el que las fotos de la economía las sacan desde satélites chinos y las revelan
en los parqués de las bolsas de Hong-Kong o de Wall Street, pero si algo no va
a faltar nunca en este país son papanatas (que son los mismos que se leyeron “El
Capital” y lo confundieron con un tratado económico, siendo como el de Tamames
uno político) La gente tiende a pensar que los pobres (como el infierno de Sartre)
son los otros y así no hay forma de salir de la pobreza. El 90% de los
españoles estamos en riesgo de exclusión (unos de la sociedad, otros de la vergüenza
y todos de la realidad) Yo digo lo que veo, y si molesto es porque he encontrado
una llaga (de las que simulan los pobres de Quevedo para pedir) y yo las migas,
en vez de esparcírmelas por la ropa se las echo a los gorriones; que no han leído
a Tamames, los pobres, y tienen muy
claro que es el hambre y que es la macroeconomia. Mis padres (Dios los bendiga) como tenían varios
oficios para subsistir y estaban de verdad muy ocupados, olvidaron decirme que éramos
pobres y como yo no soy muy espabilado no me entere hasta bien entrada la
adolescencia. Pero entonces ley a Marx y a Tamames y concluí, erróneamente, que
los pobres eran los demás (o que los pobres de la tierra eramos todos). Han tenido que pasar muchos años (y varias
relecturas de Quevedo y el Lazarillo) para darme cuenta de que el pobre soy yo.
Ya les anticipo que vergüenza no tengo así que admito limosnas (pago por Bizum
o efectivo) ni cheques, ni Bitcoins ¡Gracias! Y que Dios se lo aumente.