LA GUERRA
Y LA PAZ
Todas
las guerras son justas y todas las guerras son santas, y lo son para todas las
partes en litigio. Esto no es una contradicción si no una ficción necesaria
para mantener este movimiento bursátil que es hoy cualquier conflicto. Si no
fuese por esta ficción (y por los crédulos que se la tragan) no se podría
enviar a hombres (normalmente jóvenes y no del todo idiotas) a morir, como no se les podría convencer
si se les enviase a luchar por subidas accionariales. Nadie iría a morir (ni a
sacrificarse) por una guerra injusta ni por unos puntos de subida del índice Dow
Jones; es preciso hablarles de banderas y de gloria, que para eso se inventaron
estas ficciones fantasmagóricas, estos señuelos. Lo que más asombra es que este mecanismo siga
funcionando, que la gente se lo trague. Es necesario que haya una guerra en
algún sitio, una guerra económica (el resaltado en negrita es porque todas lo
son) En su día cumplió muy bien el papel la guerra del Golfo y ahora lo hace la
de Ucrania. También hace unos años cumplió ese papel La crisis, la del 2008 la de Zapatero, ya que al fin y al cabo la
política; es la continuación de la guerra
por otros medios, que esto es en realidad lo que quiso decir Von Clausewitz
pero no se atrevió, porque un Junker prusiano como él engordaba en el caldo de
cultivo de la guerra y la paz era como un antibiótico fatal. Esto no es
descubrimiento mío, sino algo tan viejo como la humanidad, es decir como la
guerra. Y conviene recordar que no existen indignados gobiernos ni malherida
justicia; hay accionistas que esperan cobrar y a eso se reduce todo. Es tan
oportuna esta guerra como lo fue la crisis que nos tragamos, y hay que caer en
la cuenta que para la gente que promueve estos negocios ni existe la guerra ni
existe la crisis, eso son realidades que solo deben afrontar quienes están
llamados a morir o a agachar la cabeza cuando les dicen que les van a bajar el
sueldo. Me ha recordado todo esto un poemita de Pere Quart: ¡Que Dios nos dé un buen sol / y guerra en Sebastopol! Creo que
resume a la perfección lo que yo estoy intentando decir de forma más trabajosa.
Viene muy bien la guerra y así se puede justificar cualquier subida de precios,
cualquier bajada de prestaciones. Algo aprende el poder siempre de cualquier
revolución; sea la francesa, sea la zapatista (la de Emiliano) y es a amenazar con el coco de
quitarte lo poco que tienes en aras de un bien
mayor. La humanidad es una olla a presión y la guerra y la crisis las
válvulas por donde se suelta el vapor que impide que estalle el guiso. Cuando
por fin se abre la tapadera, los precios que habían subido por la coyuntura se
quedan dónde están, las prestaciones que habían disminuido por esa causa jamás se recuperan, y nuestra conciencia
crítica se enfanga un poco más con cada nueva cocción que, además, hace que el
guisote sea un poco más indigesto. He caído en estas reflexiones archisabidas
por ver de quitarme un rato de la política y resulta que todo es político. Pero
es esto como la cita previa, que el COVID es ya solo un mal recuerdo, pero todo
lo que recorta gastos y atención viene para quedarse, y como tengo dicho vamos
perdiendo y ellos van ganando y esto ocurre desde las cavernas, y por eso nunca
hay que perderse un glorioso amanecer ni tampoco hay que dejar de cagarse todos
los días en su puta madre, que es un fármaco muy bueno para la memoria, para
recordar que los grandes ladrones son los que dirigen a la policía y es en vano
denunciarlos; y ambas cosas hay que tomárselas como un gozo y un triunfo de la
vida sobre las tinieblas y sobre la rapiña y nunca demasiado en serio a pesar
de que la gente no muere en broma. La guerra lleva siglos escondiéndose detrás
de la religión o camuflándose detrás de
diversas ideologías (el futurismo dijo que era la única higiene del mundo) pero
la verdad es más pedestre y resulta que, como la crisis, son columnas en un
libro de contabilidad que nunca nos enseñan. El que verdades tan evidentes
necesiten ser recordadas (por mí el primero y de ahí el papelin) es una muestra
más de que bien les funciona el invento, de cuan fácil resulta conducir al
rebaño con la promesa de que tras la próxima colina el pasto es más verde, pero
lo único que espera a las ovejas es el esquileo y una fábrica de chuletas.
Recordemos pues, que cuando hablen de guerra y de crisis van a por tu cartera y
les da igual tu ideología porque el dinero no tiene ideología, su unico proposito es multiplicarse como una plaga y le da igual matar al huesped porque lo que nunca tiene un virus es moral. La claridad siempre es útil para el pobre e inconveniente para el
rico que ya nace vacunado contra estas epidemias, tu mueres y el engorda. Ya dijo Homero que el hierro por si solo atrae al hombre, pero olvidó
mencionar el sustancioso peaje que cobraba Troya por pasar los Dardanelos. En
el fondo es una pena que las mil naves no zarpasen por los bellos ojos de Helena; no fue
el cruel hierro ni la inmortal belleza si no el codicioso oro, que diría Borges. Hace ya 4000 años que
no tenemos remedio.