-Vuelven los chicos de la gasolina. Cuando uno
tiene menos de veinte años es normal querer meterle fuego a la parte del mundo
que no nos gusta; es casi biológico, porque a esa edad la muerte no existe y la
violencia es un poco como un deporte sudoroso llevado al extremo. Luego ya se
crece (o no) y uno se da cuenta de lo relativo que es todo y de que no merece
la pena arrimarle candela a nada. En esto cada generación tiene unos fantasmas
propios que echar a su pira (yo quemo libros) pero la tarea de pirómano debe
ser interior y propia, no teledirigida como si fuese un misil. Da pena y coraje
ver a chavales quemando los fantasmas de la generación anterior, los fantasmas
de gente que no tuvo los arrestos de quemar nada por si acaso se propagaba el
incendio y les quemaba a ellos el chalecito. Es esa gente los que mandan a quemar cosas a
los chavales desde su dacha en Neguri o en Pedralbes; ellos lo único que queman
son labores de Vuelta Abajo mientras paladean un coñac. Lo que quiero decir es
que es una quema vicaria o interpuesta, una quema de cobardes bien instalados
que mandan a luchar a la tropa de los que cantan himnos y ondean banderas, a
los soldados de a pie, a la carne de cañón. Yo, nunca queme nada visible de joven, ni ondee
una bandera, ni participe en ninguna manifestación. Y esto no por ser gente de
orden, sino porque apenas conseguí la amistad de una docena de personas que
pensasen como yo, y doce personas no constituyen una manifestación; como mucho
son una cuadrilla para ir de copas que es lo que hicimos. Falta individualismo,
falta pensamiento propio. A nuestra generación también trataron de
adoctrinarnos (por nuestro bien) pero no coló; ahora sin embargo parece que
cuela todo o que hay grandes tragaderas y poca información, paradoja máxima en
la edad donde todo está comunicado pero se tienen menos certezas. A mí, miles
de papanatas manifestándose lo único que me dicen es que la razón la llevo yo,
que por algo estoy solo. Pero es que ese es el temor; quedarse solo, que te
señalen los demás por singular, por no ir a comulgar con ellos a sus misas. El único
remedio para tanto cretinismo es la apostasía. Yo, en cuanto noto que pienso
como la mayoría, me meto en la cama a convalecer de la enfermedad; porque la opinión
de la mayoría es como una gripe que mata la imaginación y el pensar; que es lo más
propio nuestro que tenemos, lo más interior y personal. Queme cada uno a sus
demonios, hágase auto de fe con las ideas que cada uno desecha por inservibles;
pero no aremos ¡Nunca! con la yunta de bueyes ajena. Esta postura tiene el precio de que a lo mejor en tu finca solo
crecen cardos e incertidumbres, pero cuando llega la hora de pagar el diezmo
solo rindes cuentas ante ti mismo. Eso, creo yo, es lo quieren evitar los
papanatas; la responsabilidad de su inexistente pensamiento propio.
Una sombra tan solo seras
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viernes, 18 de octubre de 2019
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