MAMA QUIERO
SER ARTISTA
Ya
saben Vds. que una tarde famosa y nublada de 1898 la gente salía de los toros
mientras España perdía sus últimas colonias. Mientras los siglos se iban por el
desagüe la gente iba calle Alcalá abajo explicando con el canotier aquel pase
de Machaquito. Ese perfume: ultramarino y cañí, de habano de Vuelta Abajo y
botijo con anises, de artículos coloniales y arpillera; es el que me pareció
respirar ayer escuchando (a ratos) la famosa moción de censura del antiguo señor
Tamames. Gracias a que estuve viendo a la estantigua con mis amigos: Ricardo Romanos y
Miguel Gallardo (dos jóvenes como yo) y así pudimos entretenernos mientras nos
tomábamos un vermú con sifón y nos sabia a aperitivo de otro siglo. Contemplamos
a un señor que hablaba de Gibraltar, de que las becas son pasta electoralista,
de que los iberoamericanos que vienen aquí encuentran trabajo en un plas, de
que las señoras deben abortar cuando él diga y no cuando ellas quieran, del
Sahara español… No sé, un discurso que
habría suscrito en gran parte aquel candidato a diputado en Cortes por Cuenca
en el 36 que se llamaba Francisco Franco, y que luego le cogió muy bien el
pulso a eso de la moción de censura y presento una de cuarenta años. Fue un
discurso como con pelucón y casaca.
Ya
saben Vds. que según Marx un viejo topo recorre Europa. Pues bien, ayer, tras
una trayectoria errática por las madrigueras del marxismo, ese viejo topo
emergió en el Congreso de los Diputados y dio un discurso. Tenía los incisivos
muy desgastados de roer tanta raíz proletaria y estaba un poco deslumbrado con
sus gafas de excavador por tanto foco que le apuntaba, pero estaba donde
quería, llamando la atención del jardinero que además, con las nuevas leyes
animalistas, en vez de ponerle un cepo le puso un atril y dos zanahorias. Daba
igual, hay animales que están encantados de haberse conocido y que sobreviven
aunque no se subieron al arca de Noé. Tamames era ese topo que no subió al
arca, ese animal pleistocenico que ha transitado de ser carnívoro a herbívoro sin molestias
aparentes. Era la momia de Lenin que se había escapado a dar un mitin, y yo
creo que en vez de Solan de Cabras le ponían los ujieres formalina para que no
se deshiciese mientras hablaba. A mí, me dio la impresión de que muy bien se
podía haber sentado en uno de esos consejos de ministros de El Pardo (o de
Meirás en verano) y podía haber dicho parecidas cosas. Todavía no sé muy bien a
que vino todo aquello de ayer, pero me parece que este señor tampoco lo sabía y
le daba un poco igual. Como espectáculo eran superiores los toros a este
monosabio antañón que jamás fue de la clase de tropa. Un señorito que se pone
las alpargatas para hablar como hizo José Antonio (el otro diputado que le discutio el escaño a Franco) podía dar el pego hace un
siglo, ahora mismo ya no. Celebro que a este señor le vengan pujos de jovencito
y además se aproveche de que ayer volvió a reír la primavera, pero no se ha
enterado de que ya nadie la espera ni por cielo ni por tierra (acaso Sánchez
Drago que se aburría en la tribuna de invitados sin nada que estuprar a mano). Mientras
Tamames profetizaba desdichas como la sibila de Cumas, Abascal le sacaba brillo al correaje demostrando que los
extremos se tocan pero no se hablan. Al final mis amigos y yo teníamos cosas
más modernas de las que charlar y tuvimos que barrer la caspa que salía de la
tele para poder seguir tomando el vermú con algo de higiene y decoro. Me decían
mis colegas, que han echado los dientes en la escena, que las alegres chicas de
Colsada cuando tienen varices y sotabarba (cosa que a todos nos pasará y la
otra opción es aún peor) cuando no tienen piernas que enseñar; se pueden
dedicar, sin desdoro, a otros menesteres escénicos y que si no eres vedette
siempre hay papeles de primera dama, de vicetiple, de característica, de
cómica…La geriatría no se lleva bien con la lentejuela por simples motivos de
turgencia física. Pero hay gente que tiene que estar, por lo visto, siempre
bajando la escalinata del escenario del Paralelo; que confunden con la del Potemkin
o con la del Congreso, y hacen que los leones tengan que mirar para otro lado,
que por eso están así los leones por no mirar lo que baja por la escalera (el
bronce conserva pudores que la carne ha olvidado). ¿Tendrá espejo en casa este
señor? Porque televisión lo dudo, a lo más una linterna mágica de carburo-acetileno.
Mama, quiero ser artista, ¡Oh! mama ser
protagonista… Don Ramón, para cantar eso y defenderlo hay que tener unas
piernas y una trayectoria (ambas impecables) como las de Concha Velasco. Vd. no
tiene ninguna de las dos cosas.