Una sombra tan solo seras

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sábado, 5 de octubre de 2019

Sueño que vuelve


-Se pregunta uno a menudo que será de estas cosas que escribo y para quién. La respuesta inevitable yace en los chiscones de libreros de viejo que están atestados de cosas mejores que esta. Uno escribe para nadie o para uno mismo que viene a ser igual. Por momentos me pregunto qué será esto;  aunque escribo casi todos los días, para ser un Diario le falta intimidad y para novela le falta unidad. Aunque hay un hilo invisible recorre estos papeles es como el hilo de Teseo que no sabía muy bien qué monstruo esperaba en el laberinto y tampoco pudo saber si a la salida iba a seguir esperando Ariadna (lo sabemos ahora pero ya no tiene mérito). A lo mejor es como el hilo de las parcas, una vida echa un ovillo y tirada después al montón donde no se distingue de las otras madejas, y entonces se comprende porque se celebraba en esos transatlánticos antiguos el paso del ecuador; de la mitad de la travesía de la vida, (que es un navegar), una ceremonia ruidosa para aturdirse con el champán y los cohetes y no darse cuenta de las millas y las olas que han pasado y ya no vuelven. Ya ha entrado el otoño, y sin embargo las hojas de los árboles se niegan a obedecer al calendario y siguen a lo suyo; verdes y aferradas a su rama. Parecen decir ¡Cáete tu si quieres! que yo aquí estoy bien. Esto viene por un sueño que a veces vuelve de cuando tuve un curro forestal, hace ya muchas millas y muchas olas; y me levanto y escribo un poema que no es como el  Kubla Khan de Coleridge, porque la inspiración de uno no da para edificar un palacio; como mucho un chiscón como queda dicho. Por sí o por no, por lo que valga; hay queda.

CEREZO EN FLOR
-Plante árboles hace muchos años en lo más alto de la sierra,
por encima de Rivas de Tereso en las nubes cavé.
Eran cerezos  para los pájaros, y robles para los corzos.
Yo era pobre y era joven era trabajo, aún no sabía que eso se hace gratis;
 dar de comer, digo.
Fue en la estación más bella, la tardía. A veces vuelvo en sueños
e imagino, que no me abren las puertas del cielo y que llamo
con una flor de cerezo; para echarla en la balanza, como hacen los poetas pobres
para pagar la renta si les desahucian de la vida con sus muebles;  unas sillas que no coinciden un baúl, vacío de libros que esperan.
La hierba habrá crecido, llena de rocío y diamantes de telarañas
y los frutos como una acuarela se van  pintando (la luna es testigo)
 de rojos y verdes se salpica el sueño. Y me agito y me despierto
 y no hay cielo; pero siempre me queda el vuelo
limpio del ave y la inocencia del corzo, que me defienden. Y entro.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...