UN FUTURO
Me
pregunto a menudo por qué, si los que gobiernan mis días son mantequillas y pan
tierno (y ríase la gente) hablo del gobierno, del mundo y sus monarquías. Quizá
es porque lo mismo se preguntó Don Luis
de Góngora con más rumbo y más fama y acabo muriendo pobre y olvidado y hay que
sacar lecciones de todo. Si los clásicos permanecen es porque nos están
diciendo que lo que pasó volverá a suceder y además nos lo dicen de forma
elegante, y yo solo soy un modesto alumno que trato de no olvidar lo que me
enseñan, y como el caletre no me da para más, lo voy copiando y la ignorancia
moderna se encarga de pasarlo por nuevo. A Don Luis, hoy la censura imbécil e izquierdosa
que nos vigila, lo hubiera metido a galeras por menorero; por hacer con Bárbola
la hija de la panadera (que era menor) las
bellaquerías detrás de la puerta. Y allí en la trena, podrá por fin hacer
las paces con Don Francisco de Quevedo, que allí yace y le espera por poeta
machista y faltón. Se está quedando el manual de literatura de los chavales en
folleto propagandístico a fuer de arrancarle hojas, y a estos dos escritores
les hace el guisote carcelario la puta vieja de Celestina, que ya solo
frecuentan los muy depravados o los especialistas universitarios. Y aquí
estamos. Que estamos ya más a gusto en el estaribél haciendo compañía a estas
figuras censuradas que sueltos por ahí, rodeado de idiotas a los que no se
puede criticar. ¿Si no se puede criticar al imbécil, de que sirven miles de
años de civilización? Y ya ven Vds. que aquello de: que en el talego siempre se conoce gente
interesante no es un tópico. Si tenemos que mutilar a los clásicos; a los que
nos enseñaron a escribir y a pensar, si tenemos que arrojarlos fuera de los
manuales de literatura para que no padezca la fina sensibilidad falso-progresista
es que ya hay por ahí demasiada peña con espíritu censor, mala gente que camina
y va apestando la tierra. Se piensan que son de izquierdas y siguen el manual
de Goebbels y encima no lo saben. Creen que luchan contra el machismo y lo
hacen contra el sentido común, porque contra siglos de injusticia no se lucha
manipulando los manuales de historia y los de literatura. Se trata de que
enseñando mentiras no puedes alumbrar verdades, y que para pelear contra
situaciones que todos vemos injustas no vale todo. La propaganda es populismo
moderno, es la forma actual de hacer política. La verdad es qué; intentar
modificar el futuro inventándote el pasado a tu medida, es treta muy antigua, y
ya la usaban los egipcios borrando inscripciones a cincel, como Stalin borraba
de las fotos a los caídos en desgracia. Supongo que ya habrá alguien por ahí
entrenando a una Inteligencia Artificial para que fabrique historia a medida, y
ya tenemos aquí al Ministerio de la verdad de Orwell pero en vivo y actuando.
Pronto, la verdad (que ya para entonces será “la
verdad”) solo estará registrada en
las molestas hemerotecas, en libros clandestinos, en enciclopedias
prescindibles ocultas en zulos; entonces revivirá otro clásico moderno y las
brigadas de bomberos del Ray Bradbury de: Fahrenheit
451 se harán cargo de nuestras bibliotecas, liberando a nuestros
descendientes de tan inútil y peligrosa herencia. La verdad estará alojada en
la web y esta nueva sociedad, que ya va estando aquí y nos rodea, vivirá sin el
lastre del pasado, porque este será una cosa que irá cambiando de forma que no
moleste a nadie. Por lo visto, la historia tiene que ser como unas bragas
modernas; algo sin costuras y muy flexible y transpirable, para que no huela a
cerrado y a papel viejo, que es a lo que olía la historia antes de que la IA
pusiera las cosas en su sitio, y yo ya no sé si la calavera de Goebbels se ríe
por que la dejo así el cianuro, o porque ve que al final ha ganado. Les pongo
aquí al final un bonito emblema de Alciato, un italiano del 1500 que puso de
moda los emblemas y edito un bello libro de ellos.