Una sombra tan solo seras

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jueves, 31 de octubre de 2019

Campanas



-En este país sabemos desde mucho antes de que nos lo recordara Hemingway que las campanas siempre doblan por nosotros y que, en todo caso el campanero siempre toca lo que manda el sacristán. Lo digo porque desde hace pocos años a esta parte resulta difícil no encontrarte un artículo semanal en cualquiera de los periódicos digitales o impresos sobre la precariedad de las pensiones, sobre que la gente joven no va a cobrar pensión (que es lo que va a pasar si no espabilan y siguen votando a la derecha) Todo ello acompañado de anuncios de planes de pensiones a todo confort que han surgido como setas con esta lluvia de pesimismo intencionado. Bueno pues, ya saben por quién están tocando últimamente las campanas. Se están cargando la sanidad y van a por nuestro futuro. De la lectura de los diversos artículos se desprende además; un, como escándalo por parte de los políticos y economistas que hablan de esto, por el hecho de que nuestra esperanza de vida se alargue cada vez más. ¡Con señores que viven tanto es que no hay manera!, ¡Muéranse Vds. a ver! Podría ser el párrafo de una obra de Jardiel Poncela pero es una opción política y económica de esta gente que nos rige. Está claro que ante estas circunstancias mi consejo de viejo maquisard  es que hagan como yo, procuren vivir muchos años y sin cortarse mucho, con cierto descaro no exento de buena educación. Parece que al final va a ser verdad lo de que; el que resiste gana y para vencer solo hay que resistir sin aguantar la respiración, que no es poco. Procuraré ir hilando la lana de la parca con estos papeles hasta los 100 y Vds. que lo lean. Al final siempre se pierde, es claro. Pero no es lo mismo irse a nuestra manera que de cualquier manera. ¡Resiste! Solo hay que llegar vivo a mañana y cada día es una muesca en tu revolver. Nos iremos viendo. Y no se alarmen por las campanas, van a sonar de todas maneras y mientras las oigan vamos ganando.

sábado, 5 de octubre de 2019

Critica Literaria


-Van saliendo en estas ristras de actualidad cerezas enhebradas de otros cerezos. Cerezas que no se comerá nadie y eso que vienen gratis y de momio. Total que hay que hacer sitio en la nevera, o en la biblioteca que viene a ser lo mismo porque aquí hay una tradición de que la bohemia y la picaresca van unidas. Tenemos la biblioteca en la nevera y nos vamos comiendo los libros con fecha de consumo caducada que es manera arriesgada de ejercer la crítica literaria y me pasa que los días que no escribo es que estoy empachado de algún ladrillo no suficientemente cocinado; osea volveremos a lo hispano que es el auto de fe. Ya saben Vds. que aquí esa función se ejerce antorcha en mano más que nada porque hoy lo que sobran son libros (los primeros los de uno, que por ahorrarse el trámite de quemarlos ni siquiera los ha hecho o los tiene retraídos en sagrado) osea que todas las criaturas que echamos al mundo los que incurrimos en la escritura, van a terminar en la inclusa de una librería de viejo o un bazar de 2ª mano y por aquí nos parece más alegre la fogata y además se puede asar alguna menudencia o entresijo de esos con los que nos alimentamos la bohemia, y hay que tener en cuenta que la clase media de este país está cayendo en la bohemia rampante y mendicante y las obras de la picaresca ya las estamos interpretando entre todos, que todos nacemos por acá sabiendo hacer de lazarillo y raer el arca y taladrar la jícara y siempre hemos preferido el pícaro al mendigo, bien porque los cofrades de la busca nos conocemos y nos repartimos los distritos o bien porque el natural hidalgo y goyesco nos brota y empezamos por limosnar y acabamos por tirar de garrota; que es lo que se le pide a un crítico literario. Procedo a quemar “Mason y Dixon” de Thomas Pynchon; por resumir, este hombre intenta darle un paseo al club Pickwick por las vastas praderas americanas y no lo consigue durante 958 páginas. Leo que Proust sale del armario con cuatro cuentos inéditos, será una metáfora porque ese señor y cuatro de sus cuentos no caben en un armario; bueno sería de tres cuerpos, de esos armarios sin fondo de la burguesía pre bohémica, de cuando en un piso de pobre cabía un armario de luna. Dejaremos los relatos hasta leerlos; muchas veces los cuentos es lo que se salva de la obra de un escritor mientras se olvidan sus “Obras Maestras” Le pasa a Hemingway; muchos de sus relatos cortos valen más que El viejo y el mar, valen más incluso que su fúnebre adhesión a Pío Baroja. Entendemos esto también; había que enterrar a D. Pio para poder poner a tus personajes a pescar truchas en el Irati, para pasear por el agro del país vasco era necesario tener esos permisos literarios, igual que se acercó Cela a ver si se podía dar una vuelta por La Alcarria (es mucho mejor la que se dio D. Pío por la Laguna Negra con un par de guardias civiles. D. Camilo por haber hecho algo así y escribirlo hubiera dado cualquier cosa; menos el nobel). Quien se acordara ya de esas nieves de antaño. Algún amigo que me ve escribir y me juzga por perdido me trae latas de conserva, y yo se lo agradezco y empiezo a comprender porque mi padre me compraba siempre lotería de navidad como el que tiene un hijo en el lazareto. Ya que nos hemos puesto con Proust; la receta de la magdalena que ya estaba como una piedra cuando la probé, ¡a la hoguera! Seguiré informando a vs. de la limpia que estamos haciendo el cura, el barbero, el licenciado, la sobrina y yo; que soy el loco e intervengo en la requisa por entretenerme y calentarme y por contarlo aquí.

domingo, 30 de junio de 2019

Bicarbonato




-Reconozco que soy raro, incluso muy raro. No a la manera de algo precioso o valioso; si no a la manera de un cuerpo extraño, o a la de un marciano que aterrizó hace sesenta años y aún no se cosca de qué va esto. Mi tertulia de muertos ayuda mucho (o nada según se mire) ya que me dicen que, esto, (lo que vivimos) no va de nada en concreto. Aquí, en estas noches de fumeque y charla se cita mucho a Shakespeare; ya saben: “La vida es solo una sombra caminante, un mal actor, que durante su tiempo, se agita y se pavonea en la escena, y luego no se le oye más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, y que no significa nada” (Macbeth) Por si les cabía alguna duda el idiota soy yo, y el cuento es mi vida; que voy poniendo en estos papeles por si alguno alcanza a encontrarle algún sentido o significado que a mí se me ha escapado, y es tan amable de comunicármelo. Cada uno es el idiota de su propia vida y los afortunados son los que no lo saben y  los que se creen que detrás de las bambalinas hay alguien dirigiendo y que cuando se acabe la obra bastará con quitarse el maquillaje y esperar a la siguiente función. Me dicen que si les quito a mis cosas el ruido y la furia podría llegar a algo. Pero el ruido y la furia es lo único que me han dejado y no tengo previsto ir a ningún bar cuando acabe la función (aunque me encantan las sorpresas me dice Hemingway que; morirse, consiste en que te cierran  todos los bares) La sorna ácida es lo que me sale porque soy un cuerpo extraño sumergido en un medio ácido. La acidez es lo contemporáneo y cuando hay que digerir la actualidad, lo hago a base del bicarbonato de estas páginas. La vida es digerir bien y dormir a pierna suelta y yo tengo el estómago delicado y me paso las noches en blanco hablando con gente muerta; los médicos que tengo (como Shakespeare) no me curan; solo me diagnostican osea que no sabemos cuándo nos moriremos pero si sabemos de qué.  Mientras amanezca seguiremos actuando ya que el público ha pagado entrada; y si la sala está vacía, la función se da igualmente por una cuestión de pundonor; que es algo que abulta mucho y no sirve para nada (excepto para afrontar la sala vacía) No sé cómo se apañan los demás con su rareza. Mucha gente se apaña con el libreto (falso, claro; porque la vida no tiene guión) Yo, voy tirando con este bicarbonato; un punto cáustico pero que disuelve a maravilla y neutraliza la ingesta de lo políticamente correcto, que es algo que corta la digestión y provoca cálculos; (interesados y biliares), y pérdida de audición (el oído se queda estupefacto) Ya saben, bicarbonato; ¡a puñados!

lunes, 10 de junio de 2019

El Parte




-Vuelve la feria, puntual como toda fiesta (lo único puntual en este país son las fiestas). Vuelvo a oler a churros y a oír campanillas y sirenas; humo y voces de tómbola. Pero es mi memoria. Las ferias de ahora solo se parecen en que hay noria (esa metáfora) que por cinco pesetas te dejaba en el mismo sitio de donde habías partido, pero con un cosquilleo aéreo. Me conformo con verla de lejos y tomándome una birra sentado. Como hacía Hemingway en la guerra civil. Al yanqui lo echamos una noche de mi tertulia por borrachuzo y faltón. Pero vuelve alguna vez porque se ganó su sitio; y si no pimpla es buena gente. Los escritores contamos lo que se ve pasar; sea un encierro de toros o gente hacia una trinchera desde la barra de Chicote. My Generation teníamos Chicote en el Merlín de la calle Portales. Inigualable observatorio junto a la terraza del Continental en el Espolón. Pero ni vimos pasar el entierro de Espartero ni el entierro del Caudillato; estábamos a otras cosas (y lo pagamos). Tiempos más amables; aun no habíamos cavado defensas nuevas. Prematuramente dimos por muerto a Franco y luego nos enteramos de que no; que estaba en la última trinchera de la guerra civil y el Supremo no se atreve a tomarla por si el difunto aún tiene munición. Y ya no sabemos, si se le dan ellos (la munición) o es que están en el mismo blocao (estos comandantes de Marruecos se las saben todas; “saber manera”) Pues eso, que parece que lo único que cambia es la feria; que es la misma, solo que más acelerada, hasta el tren de la bruja va más rápido. “Mobilis in mobili”-- Móvil en el (elemento) móvil; era el lema del Nautilus. El lema de este inmóvil, ya nos lo sabemos; “Cautivo y desarmado el ejército rojo etc…”  Creíamos que había sido el último parte de guerra. Pero en este país hay muertos que mandan mucho y el último parte a lo mejor aún está por emitir; y hay emisoras que no frecuento por si lo oigo de repente en la voz de Fernando Fernández de Córdoba y hay que cuadrarse o algo. Mi capacidad de asombro está intacta (que es lo bueno/malo de España; que no te aburres) Resulta que todavía hay ojos que se asoman al amanecer detrás de un visillo, a ver si ven entrar una columna de Mola a liberar su ciudad; y que la quinta columna, incansable, enreda en la galena por las noches a ver dónde se va a tomar el café Queipo. Y después de estos partes del más allá/acá circulando por el espectro radiofónico; me hablan del 5G. ¡MIAU!

domingo, 26 de mayo de 2019

Cuando calienta el sol



-Que el sol sale para todos lo dijo Hemingway; “The sun also rises”. Aquí lo convertimos en: “Fiesta”. Las energéticas  (el nombrecito es de peli del Esteso) que son más poéticas de lo que parece, siguen en esa línea de traducciones creativas, y han convertido al sol en un astro que solo sale para ellos, para su fiesta. Que salga el sol es lo único que queremos los que vivimos en una tinaja como Diógenes; Alejandro ¡quítate de en medio!  Pero hemos salido con el candil a buscar un hombre y nos han cobrado el aceite. La busca del hombre la hacemos ahora con votos en vez de con candiles, pero es una busca como de traperos de Baroja, de mendigos sórdidos en descampados de las afueras; está por ver si el producto nos lo pagarán a precio de quincalla o de trapo deshilachado, y si de lo encontrado/elegido saldrá alguien capaz de darle un empujón a Alejandro (que no lo eligió/encontró nadie pero conquistó el mundo). De momento nos crujen. La autosuficiencia es una idea cínica, es decir filosófica, o sea moral, es decir nada. Dominan hasta el viento de la historia que muele dócilmente el acerbo grano de los kilovatios en sus molinos (aerogeneradores). Diógenes quería quitarse lo superfluo; pero lo inútil es lo único que nos dejan (pagando el trapo a precio de quincalla, claro). La risa de Diógenes es lo que nos queda, el esclavo que solo sabía mandar y preguntó que si alguien quería comprar un amo. Nosotros lo hemos comprado y ahora nos manda. Nos envía un recibo mensual y pagamos o nos tapan el sol y/o Eolo deja de soplar. Se llaman clásicos porque nunca pasan de moda. Llevan tarifando desde los fenicios y no se cansan. A la sombra se está más fresco lo sabían los cínicos y los perros que vienen a ser lo mismo, pero de tanto frescor a lo mejor pillamos un catarro por el relente. Ya veremos si se aparta Alejandro. Vivimos en la escuela de Atenas; hemos dado un rodeo de veinticuatro siglos para volver al ágora. Si viviese Diógenes se haría un enganche pirata a la tinaja. Nos dan lecciones gentes que andaban en bolas y se cagaban en mitad de la plaza. A lo mejor es por eso.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...