-En este país sabemos desde mucho antes de que
nos lo recordara Hemingway que las campanas siempre doblan por nosotros y que,
en todo caso el campanero siempre toca lo que manda el sacristán. Lo digo
porque desde hace pocos años a esta parte resulta difícil no encontrarte un artículo
semanal en cualquiera de los periódicos digitales o impresos sobre la
precariedad de las pensiones, sobre que la gente joven no va a cobrar pensión
(que es lo que va a pasar si no espabilan y siguen votando a la derecha) Todo
ello acompañado de anuncios de planes de pensiones a todo confort que han
surgido como setas con esta lluvia de pesimismo intencionado. Bueno pues, ya
saben por quién están tocando últimamente las campanas. Se están cargando la
sanidad y van a por nuestro futuro. De la lectura de los diversos artículos se
desprende además; un, como escándalo por parte de los políticos y economistas
que hablan de esto, por el hecho de que nuestra esperanza de vida se alargue
cada vez más. ¡Con señores que viven
tanto es que no hay manera!, ¡Muéranse
Vds. a ver! Podría ser el párrafo de una obra de Jardiel Poncela pero es
una opción política y económica de esta gente que nos rige. Está claro que ante
estas circunstancias mi consejo de viejo
maquisard es que hagan como yo,
procuren vivir muchos años y sin cortarse mucho, con cierto descaro no exento
de buena educación. Parece que al final va a ser verdad lo de que; el que resiste gana y para vencer solo
hay que resistir sin aguantar la respiración, que no es poco. Procuraré ir
hilando la lana de la parca con estos papeles hasta los 100 y Vds. que lo lean.
Al final siempre se pierde, es claro. Pero no es lo mismo irse a nuestra manera
que de cualquier manera. ¡Resiste! Solo hay que llegar vivo a mañana y cada día
es una muesca en tu revolver. Nos iremos viendo. Y no se alarmen por las
campanas, van a sonar de todas maneras y mientras las oigan vamos ganando.
Una sombra tan solo seras
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jueves, 31 de octubre de 2019
sábado, 5 de octubre de 2019
Critica Literaria
-Van saliendo en estas ristras de actualidad
cerezas enhebradas de otros cerezos. Cerezas que no se comerá nadie y eso que
vienen gratis y de momio. Total que hay que hacer sitio en la nevera, o en la
biblioteca que viene a ser lo mismo porque aquí hay una tradición de que la
bohemia y la picaresca van unidas. Tenemos la biblioteca en la nevera y nos
vamos comiendo los libros con fecha de consumo caducada que es manera
arriesgada de ejercer la crítica literaria y me pasa que los días que no
escribo es que estoy empachado de algún ladrillo no suficientemente cocinado; osea volveremos a lo hispano que es el auto de fe. Ya saben Vds. que aquí esa
función se ejerce antorcha en mano más que nada porque hoy lo que sobran son
libros (los primeros los de uno, que por ahorrarse el trámite de quemarlos ni
siquiera los ha hecho o los tiene retraídos en sagrado) osea que todas las criaturas que echamos al mundo los que
incurrimos en la escritura, van a terminar en la inclusa de una librería de
viejo o un bazar de 2ª mano y por aquí nos parece más alegre la fogata y además
se puede asar alguna menudencia o entresijo de esos con los que nos alimentamos
la bohemia, y hay que tener en cuenta que la clase media de este país está
cayendo en la bohemia rampante y mendicante y las obras de la picaresca ya las
estamos interpretando entre todos, que todos nacemos por acá sabiendo hacer de
lazarillo y raer el arca y taladrar la jícara y siempre hemos preferido el pícaro
al mendigo, bien porque los cofrades de la busca nos conocemos y nos repartimos
los distritos o bien porque el natural hidalgo y goyesco nos brota y empezamos
por limosnar y acabamos por tirar de garrota; que es lo que se le pide a un
crítico literario. Procedo a quemar “Mason
y Dixon” de Thomas Pynchon; por
resumir, este hombre intenta darle un paseo al club Pickwick por las vastas
praderas americanas y no lo consigue durante 958 páginas. Leo que Proust sale
del armario con cuatro cuentos inéditos, será una metáfora porque ese señor y
cuatro de sus cuentos no caben en un armario; bueno sería de tres cuerpos, de
esos armarios sin fondo de la burguesía pre bohémica, de cuando en un piso de
pobre cabía un armario de luna. Dejaremos los relatos hasta leerlos; muchas
veces los cuentos es lo que se salva de la obra de un escritor mientras se
olvidan sus “Obras Maestras” Le pasa
a Hemingway; muchos de sus relatos cortos valen más que El viejo y el mar,
valen más incluso que su fúnebre adhesión a Pío Baroja. Entendemos esto
también; había que enterrar a D. Pio para poder poner a tus personajes a pescar
truchas en el Irati, para pasear por el agro del país vasco era necesario tener
esos permisos literarios, igual que se acercó Cela a ver si se podía dar una
vuelta por La Alcarria (es mucho mejor la que se dio D. Pío por la Laguna Negra
con un par de guardias civiles. D. Camilo por haber hecho algo así y escribirlo
hubiera dado cualquier cosa; menos el nobel). Quien se acordara ya de esas
nieves de antaño. Algún amigo que me ve escribir y me juzga por perdido me trae
latas de conserva, y yo se lo agradezco y empiezo a comprender porque mi padre
me compraba siempre lotería de navidad como el que tiene un hijo en el
lazareto. Ya que nos hemos puesto con Proust; la receta de la magdalena que ya
estaba como una piedra cuando la probé, ¡a la hoguera! Seguiré informando a vs.
de la limpia que estamos haciendo el cura, el barbero, el licenciado, la
sobrina y yo; que soy el loco e intervengo en la requisa por entretenerme y calentarme y por contarlo aquí.
domingo, 30 de junio de 2019
Bicarbonato
-Reconozco que soy raro, incluso muy raro. No a
la manera de algo precioso o valioso; si no a la manera de un cuerpo extraño, o
a la de un marciano que aterrizó hace sesenta años y aún no se cosca de qué va
esto. Mi tertulia de muertos ayuda mucho (o nada según se mire) ya que me dicen
que, esto, (lo que vivimos) no va de
nada en concreto. Aquí, en estas noches de fumeque y charla se cita mucho a
Shakespeare; ya saben: “La vida es solo
una sombra caminante, un mal actor, que durante su tiempo, se agita y se
pavonea en la escena, y luego no se le oye más. Es un cuento contado por un
idiota, lleno de ruido y de furia, y que no significa nada” (Macbeth) Por
si les cabía alguna duda el idiota soy yo, y el cuento es mi vida; que voy
poniendo en estos papeles por si alguno alcanza a encontrarle algún sentido o
significado que a mí se me ha escapado, y es tan amable de comunicármelo. Cada
uno es el idiota de su propia vida y los afortunados son los que no lo saben y los que se creen que detrás de las bambalinas
hay alguien dirigiendo y que cuando se acabe la obra bastará con quitarse el maquillaje y esperar a la
siguiente función. Me dicen que si les quito a mis cosas el ruido y la furia
podría llegar a algo. Pero el ruido y la furia es lo único que me han dejado y
no tengo previsto ir a ningún bar cuando acabe la función (aunque me encantan
las sorpresas me dice Hemingway que; morirse, consiste en que te cierran todos los bares) La sorna ácida es lo que me
sale porque soy un cuerpo extraño sumergido en un medio ácido. La acidez es lo
contemporáneo y cuando hay que digerir la actualidad, lo hago a base del
bicarbonato de estas páginas. La vida es digerir bien y dormir a pierna suelta
y yo tengo el estómago delicado y me paso las noches en blanco hablando con
gente muerta; los médicos que tengo (como Shakespeare) no me curan; solo me
diagnostican osea que no sabemos cuándo nos moriremos pero si sabemos de
qué. Mientras amanezca seguiremos
actuando ya que el público ha pagado entrada; y si la sala está vacía, la
función se da igualmente por una cuestión de pundonor; que es algo que abulta
mucho y no sirve para nada (excepto para afrontar la sala vacía) No sé cómo se
apañan los demás con su rareza. Mucha gente se apaña con el libreto (falso, claro;
porque la vida no tiene guión) Yo, voy tirando con este bicarbonato; un punto
cáustico pero que disuelve a maravilla y neutraliza la ingesta de lo
políticamente correcto, que es algo que corta la digestión y provoca cálculos; (interesados y biliares), y pérdida de audición (el oído se queda estupefacto) Ya
saben, bicarbonato; ¡a puñados!
lunes, 10 de junio de 2019
El Parte
-Vuelve la feria, puntual como toda fiesta (lo único puntual en este país son
las fiestas). Vuelvo a oler a churros y a oír campanillas y sirenas; humo y
voces de tómbola. Pero es mi memoria. Las ferias de ahora solo se parecen en
que hay noria (esa metáfora) que por cinco pesetas te dejaba en el mismo sitio
de donde habías partido, pero con un cosquilleo aéreo. Me conformo con verla de
lejos y tomándome una birra sentado. Como hacía Hemingway en la guerra civil. Al
yanqui lo echamos una noche de mi tertulia por borrachuzo y faltón. Pero vuelve
alguna vez porque se ganó su sitio; y si no pimpla es buena gente. Los
escritores contamos lo que se ve pasar; sea un encierro de toros o gente hacia
una trinchera desde la barra de Chicote. My
Generation teníamos Chicote en el Merlín
de la calle Portales. Inigualable observatorio junto a la terraza del Continental en el Espolón. Pero ni
vimos pasar el entierro de Espartero ni el entierro del Caudillato; estábamos a
otras cosas (y lo pagamos). Tiempos más amables; aun no habíamos cavado
defensas nuevas. Prematuramente dimos por muerto a Franco y luego nos enteramos
de que no; que estaba en la última trinchera de la guerra civil y el Supremo no
se atreve a tomarla por si el difunto aún tiene munición. Y ya no sabemos, si
se le dan ellos (la munición) o es que están en el mismo blocao (estos
comandantes de Marruecos se las saben todas; “saber manera”) Pues eso, que parece que lo único que cambia es la
feria; que es la misma, solo que más acelerada, hasta el tren de la bruja va
más rápido. “Mobilis in mobili”-- Móvil
en el (elemento) móvil; era el lema del Nautilus. El lema de este inmóvil, ya nos lo
sabemos; “Cautivo y desarmado el ejército
rojo etc…” Creíamos que había sido
el último parte de guerra. Pero en este país hay muertos que mandan mucho y el
último parte a lo mejor aún está por emitir; y hay emisoras que no frecuento
por si lo oigo de repente en la voz de Fernando Fernández de Córdoba y hay que
cuadrarse o algo. Mi capacidad de asombro está intacta (que es lo bueno/malo de
España; que no te aburres) Resulta que todavía hay ojos que se asoman al
amanecer detrás de un visillo, a ver si ven entrar una columna de Mola a
liberar su ciudad; y que la quinta columna, incansable, enreda en la galena por
las noches a ver dónde se va a tomar el café Queipo. Y después de estos partes
del más allá/acá circulando por el espectro radiofónico; me hablan del 5G. ¡MIAU!
domingo, 26 de mayo de 2019
Cuando calienta el sol
-Que el sol sale para todos lo dijo Hemingway;
“The sun also rises”. Aquí lo
convertimos en: “Fiesta”. Las
energéticas (el nombrecito es de
peli del Esteso) que son más poéticas de lo que parece, siguen en esa línea de
traducciones creativas, y han convertido al sol en un astro que solo sale para
ellos, para su fiesta. Que salga el sol es lo único que queremos los que
vivimos en una tinaja como Diógenes; Alejandro ¡quítate de en medio! Pero hemos salido con el candil a buscar un
hombre y nos han cobrado el aceite. La busca del hombre la hacemos ahora con
votos en vez de con candiles, pero es una busca como de traperos de Baroja, de
mendigos sórdidos en descampados de las afueras; está por ver si el producto
nos lo pagarán a precio de quincalla o de trapo deshilachado, y si de lo
encontrado/elegido saldrá alguien capaz de darle un empujón a Alejandro (que no lo eligió/encontró
nadie pero conquistó el mundo). De momento nos crujen. La autosuficiencia es
una idea cínica, es decir filosófica, o sea moral, es decir nada. Dominan hasta
el viento de la historia que muele dócilmente el acerbo grano de los kilovatios
en sus molinos (aerogeneradores). Diógenes quería quitarse lo superfluo; pero
lo inútil es lo único que nos dejan (pagando el trapo a precio de quincalla, claro). La risa de Diógenes es lo
que nos queda, el esclavo que solo sabía mandar y preguntó que si alguien
quería comprar un amo. Nosotros lo hemos comprado y ahora nos manda. Nos envía
un recibo mensual y pagamos o nos tapan el sol y/o Eolo deja de soplar. Se
llaman clásicos porque nunca pasan de moda. Llevan tarifando desde los fenicios
y no se cansan. A la sombra se está más fresco lo sabían los cínicos y los perros
que vienen a ser lo mismo, pero de tanto frescor a lo mejor pillamos un catarro
por el relente. Ya veremos si se aparta Alejandro. Vivimos en la escuela de
Atenas; hemos dado un rodeo de veinticuatro siglos para volver al ágora. Si
viviese Diógenes se haría un enganche pirata a la tinaja. Nos dan lecciones
gentes que andaban en bolas y se cagaban en mitad de la plaza. A lo mejor es
por eso.
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