Una sombra tan solo seras

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sábado, 8 de junio de 2019

Cuentos y onomatopeyas




-Vuelvo sobre mis pasos, otra vez, porque soy alguien que se perdió en el desierto de la modernidad y camino en círculos y con orujo en la cantimplora. Hable ayer de la muchacha que, incapaz de ordenar su vida tiene los armarios impecables. Orden es saber dónde está cada cosa y en mi caótica casa (caótica para los demás) sé dónde está hasta un bolígrafo que deje hace veinte años en una repisa. Es, como ya tengo escrito; el pensamiento mágico, que creímos superado en el siglo de las luces. Soluciones infantiles para problemas complicados. Tener las sábanas apiladas por tamaños y colores no te va a ordenar la vida (ese desorden) te va a ordenar el ropero, y es cosa que ya practicaban nuestras abuelas y madres sin darse importancia; pero ahora caigo en que, si tu cerebro solo tiene una docena de cajones es posible que el método funcione. La vida surgió del caos y a lo único que podemos y debemos aspirar es a tener un orden interno, osea una moral, una ética; no colectiva (¡Qué horror!) sino de compromiso individual. La suprema imbecilidad es relacionar eso con la forma de doblar los calzoncillos. El lenguaje inclusivo (¡Aghhh!) no va resolver la discriminación, pero a un pensamiento vacuo le va a dejar muy tranquilo creyendo que ha hecho (está haciendo) algo importante y rompedor; pero ya Machado, nos enseñó que llevar la gabardina con lamparones no influye sobre la limpieza poética (que es la del alma). El premio Nobel (el de literatura y/o el de la Paz) nos aleccionó que un galardón es, en demasiados casos, tangencial a la calidad; Tanto por acción, como por omisión, (Borges, Cesar Vallejo, Cortázar, Kissinger, Arafat…) es decir la paz que interesa es la de los cementerios; tener los muertos bien ordenaditos cada uno es su cajón. Por eso tengo una tertulia de muertos levantiscos, que no se han resignado a la tumba (los he acogido porque en el cementerio no se puede fumar, no sea que perjudiquemos la salud de alguien). El mundo se ha vuelto una guardería infantil, donde nuestros bondadosos pedagogos nos sustraen a los peligrosos cuentos de los Grimm o de Perrault para sustituirlos por la tontuna de Disney. Desde luego para el poder es más fácil manejar un jardín de infancia que una sociedad de personas adultas, y de lo que se trata, (por todos los medios) es  de que no pasemos de la adolescencia; no vaya a ser que nos dé por pensar y les desordenemos el chiringuito. Lo que quiere el poder (en cualquier época) es que gritemos ¡Vivan las caenas!  Y mejor aún, que solo digamos ¡Beee! Yo, seguiré diciendo ¡Miau! y esta última onomatopeya denla Vds. por emitida por Don Latino (en mi tertulia los bohemios son punto fijo) desde el mismísimo Callejón del Gato.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...