Las elecciones son idas, las papeletas de voto
juguete del viento son
Ya, los barrenderos ¡Munícipes justos!
barren las promesas con las pelusas
de los chopos.
Y la melancolía imbuye a su señoría,
que encuentra las
telarañas de quien ostentó el despacho,
que no dejo ni
una nota
¡El que venga que espabile! Reza la hispana
sentencia.
Tose y pasea la vista, y… ¡De pronto!
Ya ha tomado posesión, ya del todo es poseído.
Ya ha tomado posesión, ya del todo es poseído.
Ya no es despacho, es guarida
Es la guarida…¡De Atila!
-Disculpen tan mal lirismo a estas horas, pero
es que no contengo los lacrimales de tanta redecoración de despacho como estoy
viendo. Unos retratos suben (al desván) y otros se mandan hacer a toda prisa en
algún atelier moderno, y también se desempolva algo; que los desvanes
municipales son como la cueva de Alí-Baba y rebuscando bien hay de todo, hasta
retratos de Atila con fajín. Es mejor no enredar en esas oscuras dependencias
donde se almacena el atrezo de los partidos cuando no están de juerga, osea
casi siempre. Pero uno se pregunta ¿Una vez pasadas las elecciones, de qué
sirven el voto y el votante? Son objetos extraños a la mecánica municipal y a la política, que deben ser retirados de la vía pública porque estorban. Y en las
buhardillas estas no se cabe. Osea que a partir de ahora es de obligado
cumplimiento para la ciudadanía el lema del político en el poder. “A el amigo, el culo. Al enemigo, por el
culo. Y al indiferente, la legislación vigente” Lema sabio, lema justo,
lema misericordioso; que se viene aplicando desde los godos con resultados
excelentes. Y es que siempre recordamos tarde. Ya nuestro margen de memoria roza
el de los peces de colores y es preciso adquirir memoria adicional, que vale un
dinero, y así hay bodas enteras que se van a tomar por saco en los ordenadores
por falta de megas. Y esas sonrisas de suegra y esas miradas de cuñao serán
como lágrimas en la lluvia. Cómo votos inútiles, brillando en la oscuridad más
allá de la puerta de Tannhäuser.