MARICON EL
QUE NO VOTE
¿A
quién voto? Me preguntaba ayer un atribulado amigo de izquierdas. Estuvimos un
rato hablando del tema y como me pareció que tenía un cierto interés este
asunto, resolví trasladar la esencia de la conversación a este papelin inane.
Al final todo gira en torno al papel de la izquierda y la mal llamada
transición en la política de este país. Digo mal llamada, porque no hubo
transición ninguna y si gran derroche de maquillaje. Y no me aburran Vds. con
las leyes que aprobó el PSOE y bla, bla, bla. Todo lo que se hizo fue en pro
del capitalismo más salvaje que necesitaba entrar en Europa y cotizar en Wall
Street, y si tienen alguna duda miren a ver los apellidos del IBEX 35 antes de la
transición y ahora; o algo más ramplón, dense Vds. una vuelta por la calle
Serrano y similares para comprobar cómo han cambiado los nombres en los buzones pero
no los apellidos. Todo cambió para que todo permaneciese igual, pues mientras
la pasta no cambie de bolsillos el glamour
se lo pueden ir metiendo por el orto los que me nieguen la evidencia (que serán
o imbéciles o interesados) Algún día alguien tendrá que recordar que Felipe
González en compañía de otros, en apariencia hizo triunfar a la izquierda en
una asombrosa operación publicitaria, cuando lo que hizo fue vampirizarla,
subirse sobre sus hombros para llegar a la Moncloa y desde allí irse cargando a
la asociaciones culturales, de vecinos, sindicales, municipales, etc.. que eran
la izquierda de verdad y que una vez llegado al poder no cabían en la bodeguilla monclovita y además
estorbaban una vez guardado el traje de pana con dos bolitas de alcanfor en los
bolsillos. Alguien tendrá que hablar de que la censura franquista era de una candor
apabullante en contraste con la férrea (e invisible) censura felipista, que se
sustanciaba en no contratar a los disidentes de izquierdas, en que el que se
movía no salía en la foto y si no salías en El País no eras nadie, no existías.
Los servicios prestados se le agradecieron debidamente a Cebrián de muchas
maneras y la última ingresándolo en la Real Academia que, una vez más, se
cubrió de mierda (y van…) Curados largo tiempo ha del infantil vicio de suponer
al socialismo de izquierdas, solo me queda decir que: “Toito te lo consiento menos faltarle a mi mare, serrana. Que una mare
no se encuentra y a ti te encontré en la calle” Así vamos en la democracia
que nos ha quedado, la democracia 3.0. Ellos necesitan mi voto y yo necesito
cagarme en sus muertos, a lo cual tengo derecho porque resulta que esos muertos
son míos y me los han secuestrado para usarlos de señuelo (sepan Vds. que los
muertos siempre los ponen los mismos) Y porque vean que las imposturas del
socialismo (y de cualquier partido ¡Ojo!)
no son de ahora, les voy a contar a Vds. una anécdota que me conto ayer mi amigo
Ricardo Romanos; seria 1893 probablemente (que es cuando Pablo Iglesias Posse visitó
Logroño) y aquí venia el prócer en el
tren a dar su mitin coincidiendo en el departamento con Jovita Serrano (la
abuela de mi amigo, Modas Jovita,
sombrerera, sastra y prestamista de la beautiful
people logroñesa) Contaba Jovita muy indignada, que un poco antes de llegar
a la estación, Don Pablo se cambió de primera (donde estaban ambos) a tercera,
para así tener un descenso más proletario y más airoso al andén donde le
esperaban enfervorecidos sus partidarios. Y cuento esto, tanto porque merece
ser conocido, cuanto porque vean que aquí se reparte leña con total
imparcialidad, y ya que yo no he dado más de sí en la vida que para llegar a
mozo de cuerda de la literatura, que tengan Vds. la certeza de que no dejo a
nadie pasar frio, y lo mismo reparto haya y roble a los del principal que subo
las astillas de pino hasta las buhardillas. Así que el día de las elecciones no
tengo recomendaciones que dar, acaso recordar que quedarse en casa es también una
opción y es democrático, y al tontolaba que me diga que: después no me queje, explicarle que eso es una queja tan válida
como el voto que él piensa depositar, y que me seguiré quejando porque lo único
que nos queda a los desclasados a los descreídos y a los acratas es la queja, y que me moriré
como todos pero no pienso hacerlo en silencio y sin dar toda la guerra que
pueda. Así que ya lo saben; hagan Vds. lo que quieran que es muy corta esta
vida como para hacer lo correcto, que
nadie sabe en qué consiste y además nunca ha servido para nada. Y quéjense,
voten a quien voten, quéjense todo lo que puedan y recuerden ese proverbio
árabe “Pégale a tu mujer, que si tú no
sabes por qué lo haces, ella si lo sabe” y que no se me escandalicen las
feministas que no lo he inventado yo ni estoy de acuerdo con él, pero existir,
existe; y lo traigo aquí a modo de ejemplo o parábola que es como se habla a
los niños a los ignaros y a los
votantes (osea a los que aplauden en tercera a los que viajan en primera). Y yo aquí hago de mujer que se queja o de hombre que se lamenta, que
no soy nada melindroso en este menester y lo importante es gritar ¡Que nos roban! que aunque tú no veas quien ni por donde, ellos si lo saben y el dinero siempre
transita en la misma dirección, de tus bolsillos a los suyos. Todos aquellos
polvos mágicos de los ochenta trajeron estos lodos modernos. Y vean que cuanto
más restringimos el tráfico más suena, porque ahora no son coches, son las
ruedas de las maletitas que arrastran los pijos cuando se trasladan de un piso
turístico a otro, y por eso ya no quedan habitantes en las calles céntricas que
molan y los pueblos se convierten en casas rurales o mueren. Y sepan que eso es
también lo que se vota aunque nunca te lo dicen. Y espero que hasta que sean
las votaciones sea este mi último papelin político-municipal que luego me dice
el medico que me sube la tensión y me baja el azúcar, osea que me sulfuro y
verdaderamente no merece la pena. Que pasen buen día y Acracia para todos.