Una sombra tan solo seras

martes, 10 de septiembre de 2019

Poesía simplemente



-Se va apagando el agobiante rescoldo del verano y entramos poco a poco en el otoño que es estación más poética, y no por las languideces de las hojas caídas y otros tópicos crepusculares, sino por algo más sencillo y hasta ramplón como es el hecho de que es muy difícil ponerse en modo contemplativo y poético cuando se suda, osea que el cambio climático va a terminar (entre otras cosas) con la poesía; maltratada dama que se va marchitando cada día ante nuestros ojos a golpe de Twitter. Desde los hexámetros griegos hasta ahora la poesía ha resistido todo tipo de calamidades (desde guerras hasta el Rap pasando por José María Pemán y otros excesos) pero cada día se la ve más renqueante y como antes del aire acondicionado; el género está dentro por el calor. La poesía, lo poético, lo que hace soñar al hombre siempre se ha llevado mal con la sobreabundancia y ahora es como una flor que peligra por exceso de abono (vulgo, mierda). En la historia de la humanidad es demasiado frecuente que los sueños acaben en pesadillas. El amor a nuestros recuerdos de infancia degenera en nacionalismo, el amor a lo trascendente acaba en religión y el poeta mismo puede degenerar en académico de la lengua; institución que perdió el escaso encanto que tenía cuando admitió a gente como Anson o Cebrián (dos juntaletras cuyo único mérito es su capacidad de conspiración en enredos chabacanos y gacetilleros) dos politiquillos o quizá politicastros de las letras. La poesía es el género más difícil de la literatura y además no admite medianías. Un poema es; o un aldabonazo que resuena en la puerta de nuestro castillo interior o un pedo (a menudo maloliente) no existe el término medio. La distancia que media entre el parnaso y los juegos florales es insalvable y los que se atreven a saltarla a menudo caen, no en el vacío sino en el ridículo; que es en lo único que no puede caer un poeta porque de ahí no hay quien lo levante. No obstante seguirán caducando las hojas de los árboles no la poesía y todo esto es una disculpa, ni siquiera original, para poner aquí uno de mis poemas favoritos al que vuelvo de vez en cuando como un yonky a su vicio secreto.

  DE VITA BEATA

En un viejo país ineficiente, / algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar, / poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer, / no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado / entre las ruinas de mi inteligencia.

Jaime Gil de Biedma

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