HOLA Y ADIOS
-Hay
días en que la realidad te impone la página. Sucede que a estos papelines que
son de PH acido no les sienta bien hablar de reinas siquiera sea de su muerte
pues es enemigo común de la humanidad. Así que me voy a lo esencial que para lo
demás ya sacara un extra el Hola. Lo que tengo más a mano es La Danza de La Muerte (códice de El
Escorial) donde la muerte le dice al rey:
¡Rey fuerte tirano, que siempre robastes / todo vuestro reino e fenchistes el
arca! / De facer justicia muy poco curastes, / segunt es notorio por vuestra
comarca / venit para mí que yo so monarca / que prenderé a vos e a otro más
alto / llegad a la danza cortes en un salto. De todas formas estos eran
libros que encargaban los reyes para no leerlos, se encuadernaban de lujo y se
ponían en su lugar de la impresionante biblioteca para no volver a sacarlos.
Los reyes entonces y ahora prefieren el Hola donde sigue pareciendo que la
muerte es otra y tiene otras consideraciones con la realeza, y es que esa es la
esperanza del couche: vendernos que hay entierros de primera y de segunda
mientras la muerte desde el códice baila y se ríe. No hace tanto rescate de
entre los recuerdos de mi madre un Hola con la boda de Balduino y Fabiola, lo
que demuestra que el couche empieza a competir en aguante con los códices,
quizá por ser papel que no sirve para envolver bocadillos ni pescado, ni se puede
echar por el suelo cuando friegas; no tiene segundo uso. Y por seguir con cosas
que se me ocurren constato que nuestros primos ingleses son en realidad un
matriarcado, desde luego siempre han estado a mas altura sus reinas que sus
reyes desde Boudica pasando por la reina virgen Isabel I que produjo a
Shakespeare, al Victoria Regina que dibujaba sobre la chimenea a tiros de
revolver Webley, Sherlock Holmes cuando estaba melancólico (esta produjo a Kipling y a Conan
Doyle y a Stevenson, y a …) y después ya esta señora que se ha muerto ahora,
que a mí siempre me ha dado la sensación que era una aristócrata campesina que
donde estaba a gusto era con sus caballos y sus perros y que lo primero que hacía
nada más llegar a su château era atizarse una ginebra y preguntar por las
ovejas y por la cosecha de lo que sea que cosechen por allí con ese clima tan
horrible, y cuando no tenía más remedio se montaba en el Rolls y se ponía ese
ridículo catafalco que llaman corona. Quiere decirse que a pesar de reina me
caía simpática la ancianita. Alguien capaz de arrinconar a la Thatcher con una
mirada y de despachar asuntos de estado con el tupe de Blair sin descojonarse,
merece nuestros respetos. Pero no así los de la muerte que la llama a su danza
medieval sin ningún respeto ni consideración. Espero con impaciencia el numero extra del Hola,
que alguien lo desenterrara un día de mis posesiones y es que el couche aguanta
más que nuestras esperanzas, como un códice.