Una sombra tan solo seras

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miércoles, 9 de octubre de 2019

El Sr. embajador



-Se apresura el ministerio de asuntos exteriores al calificar de dañinas e inútiles las “Embajadas” que abre la Generalitat en el exterior para difundir el “Proces”, pero se equivoca por motivos diferentes de los que el ministerio cree. No es que estas representaciones sean prescindibles; es que lo son todas. Las embajadas desde que ya no se precisan correos del zar que revienten caballos para llevar una confidencia, se han convertido en el perfecto aparcadero de una clase de personas a las que hay que premiar no se sabe muy bien porque, con lujosas estancias en países exóticos a cuenta del erario público. El boato va en relación directa con la inanidad de su existencia y el presupuesto en consonancia a tanto entorchado. Los uniformes de embajador los hacen en una sastrería de toreros y vírgenes, que son los únicos que dominan el bordado diplomático y fantástico; con hilo de oro para que no se los lleve el viento. Luego se quitan el pelucón en algún vestidor de palacio y se van al comedor de gala a descorchar algo a nuestra costa; son como chicas de alterne de una barra americana pero que además de aflojarte la Visa no dan ni conversación, ni derecho a roce mollar. Se desengaño Julio Camba cuando volvió a España a ver si caía una embajada, se lo encontró Pla y ya le dijo que no era el caso; se escandalizó hipócritamente Azaña en sus memorias cuando cuenta las rebatiñas de los intelectuales y escritores de la república por pillar embajada; pero claro, tampoco hizo nada por atajarlo y eso se le olvidó contarlo. En fin que para mayor equidad el parasitario cargo de embajador y adláteres (secretarios, choferesas, mayordomos) debería sortearlo el ministerio periódicamente entre los españoles que estamos al corriente de nuestros impuestos; cómo sortean las mesas electorales, y así sería menos injusto, ya que educados sabemos ser todos y más si nos pagan un pico por serlo, y el pópulo también tenemos derecho a ser reina por un día, ya que el oropel y el caviar salen de nuestros bolsillos. También podrían entrar en el sorteo los cargos de los Institutos Cervantes desperdigados por el ancho mundo. Aquí el requisito del sorteo incluiría la obligación de haber completado la educación general básica y leer correctamente; que es más de lo que se pide ahora mismo. Todos tenemos derecho a ser miembros del selecto club de los canapés y las risitas discretas, que es como una sociedad masónica y secreta donde corre el champán y florece el Beluga. Pero nos desengañaremos como Julio Camba y nos conformaremos con soñar embajadas fantásticas al gran Tamerlán, o a Londres que ya es igual de exótico y  de lejano. No hemos ido a los colegios adecuados y nuestra red de contactos da como mucho para encontrar un fontanero barato que no es poco. Mientras tanto aquí estoy para lo que mande el partido, en situación de disponible (el Caribe me gusta mucho pero no soy exigente) hago poco ruido y se cobrar en silencio y hablar durante una hora sin decir absolutamente nada, ¡¡a mandar!!

martes, 14 de mayo de 2019

GATO POR LIEBRE (19/4/19)




-         Es, el de los libros de cocina, una faceta más no solo de la gastronomía, como resulta obvio, sino de  la cultura de un pueblo. En ellos se pueden rastrear usos curiosos, recetas y manjares, ya olvidados.

 Uno de estos tratados, precisamente considerado por muchos como el texto inaugural de la cocina española; fue impreso en Logroño. Hablamos del: “Llibre del Coch”  del Mestre Robert. Más conocido como Robert o Ruperto de Nola. Este catalán, cocinero  o más bien jefe de cocina de Fernando I de Nápoles escribió este tratado en 1477; publicándose por primera vez en catalán en 1520 y traduciéndose al castellano muy poco después como: “Libro de guisados, manjares y potajes”, es publicado en Toledo en 1525 por el estelles Miguel de Eguia casado con una hija de Guillén de Brocar al que conoció en 1512 cuando se estableció en Logroño siendo, al parecer, desde esa fecha su socio y heredero. Juntos publican en 1529 (o 1525 según las fuentes) la tercera edición que se considera la definitiva, la de Logroño.
Conviene recordar que, ambos; Miguel de Eguia y Arnao Guillen de Brocar son quizá los mayores introductores de la imprenta en España amén de una auténtica potencia editorial de la época disponiendo de imprentas en Logroño, Toledo, Valladolid y Alcalá de Henares además de talleres que trabajaban para ellos, en una suerte de moderna subcontrata, en Salamanca y Burgos. La calidad de sus impresiones y sus cuidadas portadas renacentistas (véase la del libro que nos ocupa) se hizo famosa.
-         La cronología de esta edición la sitúa en los alrededores del famoso “sitio” de Logroño y en todo caso demuestra que ya se conocían sus recetas (este libro fue un auténtico best-seller de la época con numerosas reediciones) precisamente queremos destacar una de ellas por su curiosidad. Para comodidad de los lectores la transcribimos:

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           Gato asado como se quiere comer:
El gato que este gordo tomaras. Y degollarlo as, y después de muerto cortarle la cabeza y echarla a mal porque no es para comer/que se dice que comiendo de los sesos podría perder el seso y juicio el que la comiese. Después desollarlo muy limpiamente, y abrirlo y limpiarlo bien. Y después embolverlo en un trapo de lino limpio y soterrarlo debaxo de tierra donde a de estar un día y una noche, y después sacarlo de allí y ponerlo a asar en un asador, y asarlo al fuego. Comenzándole de asar untarlo con buen ajo y aceite, y en acabadolo de untar azotarlo bien con una verdasca, y esto se a de hacer hasta que esté bien asado untándolo y azotándolo. Y desque este asado cortarlo como si fuese conejo o cabrito, y ponerlo en un plato grande, y tomar del ajo y aceite desatado con buen caldo de manera que sea bien ralo. Y échalo sobre el gato, y puedes comer del porque es muy buena vianda”.
Surgen, desde luego, interesantes cuestiones: ¿Guisarían nuestros aguerridos defensores del sitio de Logroño tan delicioso manjar?, ¿No sería más lógico recurrir al doméstico y bien cebado felino (Logroño era una prospera ciudad) antes que a los peces de incierta pesca?
Desde aquí brindo a quien corresponda la feliz ocurrencia. En aras de la verdad histórica el pez que se regala en San Bernabé debiera ser sustituido por exquisito gato asado que además de no tener colesterol es un plato mediterráneo y, por si fuera poco, alguno de los geniales chefs que padecemos en esta triste modernidad podrá deconstruirlo y modernizarlo dándonos gato por liebre por unos pocos millares de maravedises. Por cierto ¿Alguno de los políticos riojanos (por desconocimiento de la receta) habrá quizá comido de los sesos del animalito? Otra cosa que siempre me ha dado que pensar es,  porqué en España solo se han ocupado de las cosas de comer las derechas; desde Julio Camba y Plá hasta  Néstor Luján y Castroviejo y; aunque siempre intentó ser inclasificable, el gran Álvaro Cunqueiro. Como siempre no tengo más que preguntas aunque escribo más por las respuestas que por preguntar. Una de las posibles respuestas por el lado culinario; que no por el metafórico sería un refrán de la misma época recogido por el maestro Gonzalo Correas en su Vocabulario: “Gato del mes de enero, vale un carnero”.  Del otro lado (del “gato por liebre”) ya se encargan nuestros políticos de izquierdas y derechas que nos lo ponen en el menú porque no saben guisar otra cosa. Buen provecho.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...