Como
habrán supuesto ya, esto no va de brújulas (aunque sí de perder el norte).
Todos hemos visto las imágenes de la aguja de Notre-Damme cayendo envuelta en
llamas y hemos tenido que soportar la aguda desinformación de los “medios” que
han tardado un par de días en leerse la Wikipedia y saber quién era
Viollet-le-Duc. En efecto, a pesar de la espectacularidad prácticamente todo lo
destruido es la controvertida (en su tiempo) “restauración” (más bien
invención) que hizo este arquitecto en el XIX; se sacó de la manga la aguja,
las gárgolas y la cubierta superior, es decir lo destruido. Ahora se plantea
si reconstruir la reconstrucción de Le-Duc
o aprovechar para dejarla con sus líneas originales. Triunfará la
reconstrucción de Le-Duc porque hace tiempo que las catedrales, y esta
sobremanera, son parques temáticos, algo más antiguos que los de Disney, devastados por el turismo. Baroja dijo que el
nacionalismo se cura viajando y se equivocó; la gente va a los sitios a contemplarse a sí mismos
haciéndose un selfie con una
impermeabilidad absoluta hacia lo que los rodea.
¿Se imaginan Vds. que alguien osara cambiarle un solo ladrillo a alguno de nuestros endiosados arquitectos
actuales? No tienen que imaginarlo porque ya ha sucedido. Un ente público
cualquiera le encarga un edificio a, pongamos Calatrava o cualquiera de los
receptores del Pritzker y si quieres, o necesitas, cambiar algo te cae una
querella y un chaparrón que acojona. Hoy día una corporación (pues el precio de
estas gentes suele estar más allá del simple millonario) encarga algo (puente,
auditorio) y además de pagar un pastón tiene que pedir permiso para los restos
hasta para cambiar los váteres y ¡hay de ti! si no lo haces. ¿Qué dirían los
humildes (o famosos en su tiempo, tanto da) maçons que en su día construyeron Notre-Damme? Nunca lo sabremos. Si sabemos del engreimiento de los actuales que
no tienen empacho en intervenir en una obra de 800 años pero, ¡tiembla! si
metes mano en su puchero. Con las cosas de comer no se juega; y así nos va con
esta gente que te mete una querella por cambiarle una baldosa de un puente
porque resbala. ¿Qué diría Cayo Julio Lacer, cuyo puente (el de Alcántara)
lleva 1900 años sin un repintado? (solo
afectado por alguna de nuestras guerras). No diría nada. Ya lo dijo todo la
administración franquista en los años 50 con una señal de tráfico, que rezaba:
“Camiones
de más de 5 Tn. Por el puente romano”