- “Antes
de que el gallo cante tres veces ,cerraras el gallinero” Le dijo Cristo a
San Pedro, o un juez a un españolito de a pie. Todo el mundo en esta noticia ha
señalado bien al hotel/casa rural que denunció, al dueño del gallinero o incluso
al animalito y/o al amanecer; nadie al juez.
En este país se ha hablado mucho de la
transición. Primero fue la de los ciudadanos, luego vino de la de los políticos,
después la de las fuerzas de seguridad y la de los militares. Pero nadie habla de la de
los jueces; que parece que aún está pendiente. Es este un colectivo que sale
cotidianamente en los papeles y lo más que se atreve a decir el personal, es
que acata las sentencias pero no las comparte. Como siempre, disiento; jamás he
comprendido por qué hay que acatar un gilipollez. Sócrates, dejó en vergüenza a
sus jueces con su acatamiento; pero estos no se enteraron por que se habían ido
de putas al Pireo. Otra cosa es que haya que tragar y aguantarse porque detrás
está la fuerza coercitiva del estado que respalda a sus señorías… aunque se
hayan pasado con el anís. Basta darse un garbeo por la prensa diaria para
espigar sentencias disparatadas que, dicen ellos, son ajustadas a derecho.
Algunos de estos profesionales, sabiendo que la justicia lleva una venda en los
ojos la manosean con desparpajo estando seguros de no ser reconocidos en una
rueda de identificación. Cuando se pasan de frenada (porque lo saben) corren a
envolverse en la socorrida ley y nos montan una patética viniendo a decir que
habría que cambiar la ley, pasan de puntillas por el hecho de que ellos están
allí precisamente para interpretarla. Nos falta esa transición, nos faltan
jueces sensibles, que no sean inasequibles a la sensatez. Cuando los acorralas,
dialécticamente, ya que no veo factible meter a un juez en un corral (sería justicia
poética meterlo con el gallo) tiran de la anilla de salvamento que supone la
falta de recursos, la informatización u otras zarandajas que ellos no
permitirían que tú invocases en tu descargo (en un desahucio, verbigratia). Al
sufrido dueño del gallinero le han malaconsejado que recurra a otro juez (entre
bomberos no se pisan la manguera). Yo le aconsejo que beba la cicuta
(metafórica) y que no olvide, cómo la sociedad, que le debemos un gallo a
Esculapio.