BESUGO A
LA BRASA
Yo
nací (sabréis disculparme) en una época en la que aun existían algunas
certezas. La Historia era algo que había sucedido y que se podía contar, yo
desconocía que había amanuenses que la iban reinventando a diario según oscuras
necesidades. Me enseñaron que la Geografía era inamovible, como lo eran las
montañas, y no sabía que Logroño limitaba por el sur con la codicia, por el
norte con la cocina de autor y por todas partes con Ucrania. Eran tiempos más
felices, o seguramente lo era yo más por mi feliz ignorancia. Vamos
descubriendo que, sacudidas las certezas, solo queda un cascaron vacío, una
concha llena de opiniones (que viene a ser lo mismo) nunca se nos ocurrió que
el teléfono iba a ser lo que nos iba a incomunicar, ni que la televisión, fuese un espectáculo que nos
iba a contemplar a nosotros en vez de ser vista.
Hace
solo cinco o seis años que empecé a lanzar estos papelines, como ese naufrago
que va lanzando mensajes al océano esperando que cuando los lea alguien sea ya
muy tarde y no signifiquen nada, porque lo que quiere Robinson no es que lo
rescaten sino pasar el rato. Si voy repasando, en solo este corto espacio de
tiempo ya hay un montón de cosas que me son prohibidas (y no quiero enumerarlas)
y otras tantas que ya me son ajenas. Se sube uno en la máquina infernal del tiempo
y descubre que acelera cada vez más para no ir a ningún lado o más bien para ir
todos al mismo. Yo sigo siendo un anarquista irredento y mi ingenuidad no
asimila que la “Libertad” que
padecemos necesite casi a diario nuevas prohibiciones, nuevas rayas rojas. Yo
nací (sabréis perdonarme) en esa época en la que había que tirar tapias en vez
de construir murallas. Siempre he sido un tonto y lo que he leído y estudiado,
lo que he conocido: me han hecho dos tontos (y ya sé que es de Alberti, pero de
antes de que se pudriese). Yo conviví con el chorizo que afanaba cassettes de
coche y no lo iba pregonando por que no existía You Tube, el lumpen aun
guardaba un respeto de sí mismo y había honor entre ladrones; ya no hay honor,
ni cassettes, ni respeto, solo ladrones y víctimas. Vienen, como digo, estos papeles de la
profundidad de la memoria, una profundidad que no es oceánica, es de charca de
ranas porque datan de antes del hombre y tienen fecha de pocos años, de los
años grises de Eme Punto Rajoy; aquel besugo muerto envuelto en un Marca
atrasado que nos ofrecían los pescateros fules y que nunca supimos si era una
especie de mar o de rio. Cada vez se ve más lejos el objetivo anarquista de que
me dejen en paz y yo procuro no tocarle los cojones a nadie, siempre fue
inalcanzable y ahora es quimérico, solo hay pescado averiado a la venta y si
sales a pescar por tu cuenta ya eres sospechoso y te trinca la benemérita.
Dicen que este mundo es así porque lo hemos hecho entre todos y es mentira; a mí
nadie me consulto y mi opinión nunca conto. Te convencen de que formas parte
del pecado y ese es el primer aro del domador. Por eso el cristianismo fue
enseguida la religión que encajaba con el poder (el fabuloso invento del pecado original) Contaba Julio Camba en
su primer viaje a Estambul, que le frotaban en los baños turcos y veía que su masajista
le sacaba con el trajín unos rollitos negros de la piel - ¿Qué es eso? – Preguntaba alarmado - Eso señor es el cristianismo, le respondía el bañista. Por más
baños que nos demos y aunque cambiemos de religión ahí sigue la roña que nunca
nos dejan arrancarnos, la mugre es el sistema y resiste cualquier detergencia y
es inmune a todo bautizo; por eso estos papeles siempre serán las confesiones
de un escéptico (¡Nunca la mea culpa!) Cada vez da más pereza escribir, cada
vez cuesta más trabajo vivir para que se rían de uno los cuatro golfos de
siempre. Siempre son de las mismas familias y por eso la vida es un besugo que
se muerde la cola. Sin embargo así nos entretenemos y de todas formas ya es un
poco tarde para volverse un papanatas del poder que es lo que abunda y lo que
se aplaude. No es esto un manifiesto pesimista; es un papelin lucido, pero
ocurre que la lucidez es lo que más se parece al pesimismo, y si ya no
compramos pescado podrido nos queda disfrutar del amanecer mientras suceda, y
el gozo del nuevo día no es incompatible sino complementario con cagarse en
Dios todas las mañanas; en Dios y en la puta madre de ellos. Que sepan que van ganando pero que nunca triunfaran, que
ganan porque juegan con cartas marcadas, da igual, nunca nos conquistaran del
todo, somos la espina del besugo que se queda en la garganta del poder. Fingen
que no existimos pero les amargamos la comida y esto hay que hacerlo sin rabia
y con una sonrisa, viendo como amanece otro día más y disfrutando de la amistad
y usando el humor que es arma que llevan siglos queriendo incautar pero se les
escurre y es más letal que cualquier pistola y por eso su tenencia figura en el
código penal y es inmune a los drones y al servicio cinologico (esos pobres
perros engañados). ¡Salud compañeros! Hoy es otro día más para cubrirlos de
mierda y es por higiene, que conste.
Dedicado
a los compañeros de la CNT esas ranas de mi charco.