-La política no cesa de reinventarse; ósea de
mentir porque en política ya está todo inventado desde que unos cuantos hombres
se reunieron en el ágora a echar la mañana y hablar de lo suyo, (de la Polis) mientras
se cocían las lentejas. Las lentejas se siguen cociendo pero sin receta y sin
cocineros. Se cuecen en la Thermomix de la modernidad sin echarlas a mojo, sin
condimentos, y con todo dios trasteando en el programa y enredando con los
tiempos de cocción. Así son los pactos post-electorales que se están guisando. Cuando
se abra el aparato nos tendremos que comer lo que salga nos guste o no. Los
grandes partidos son como un chef moderno que quiere figurar en todo y salir a
saludar al comedor y aparecer en los papeles y en las pantallas. Pero resulta
que el restaurante funciona porque hay becarios que no cobran y camareros que
meten más horas que el reloj. Nos intentan convencer de que los de Vox, o
Unidas, o Indepes no pintan nada y que lo único que van a hacer es fregar los platos
sin chistar cuando se acabe la fiesta; pero todos sabemos que, si bien los
restaurantes funcionan así, la política es más indigesta y si no gusta el desabrido guisote, hay el peligro de que los comensales nos levantemos de la mesa y
hagamos un “simpa” multitudinario de
los que salen en papeles. Dicen que no necesitan personal subalterno, pero si
se va el que barre y el que cocina (el chef solo emplata y dirige) las dos
estrellas Michelin se van a ir por el fregadero. Es todo, en el fondo, una
falta de respeto absoluto por el comensal, que solo tiene derecho a pagar y a
decir que, aquí se come muy bien en
el TripAdvisor. Siempre ha pasado lo mismo a la hora de pagar la factura; que
todo el mundo tose y carraspea y se va al baño sin ganas de mear. Hasta ahora
nadie ha pedido la hoja de reclamaciones (y si la han pedido, como quien oye
llover) Pero algo tendrá que cambiar en este Masterchef de políticos (ahí dejo
la televisiva idea) porque la gente no
está por la labor de seguir comiendo legumbres mal cocidas y sin receta. A
estos partidos antiguos a los que sigue acudiendo la gente a comer por la fama
que tuvieron, les hace falta un Chicote que ponga orden en la carta y
distribuya el curro y que les recuerde el primer principio de todo restaurante.
El cliente siempre tiene razón.
Una sombra tan solo seras
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miércoles, 19 de junio de 2019
lunes, 10 de junio de 2019
El Parte
-Vuelve la feria, puntual como toda fiesta (lo único puntual en este país son
las fiestas). Vuelvo a oler a churros y a oír campanillas y sirenas; humo y
voces de tómbola. Pero es mi memoria. Las ferias de ahora solo se parecen en
que hay noria (esa metáfora) que por cinco pesetas te dejaba en el mismo sitio
de donde habías partido, pero con un cosquilleo aéreo. Me conformo con verla de
lejos y tomándome una birra sentado. Como hacía Hemingway en la guerra civil. Al
yanqui lo echamos una noche de mi tertulia por borrachuzo y faltón. Pero vuelve
alguna vez porque se ganó su sitio; y si no pimpla es buena gente. Los
escritores contamos lo que se ve pasar; sea un encierro de toros o gente hacia
una trinchera desde la barra de Chicote. My
Generation teníamos Chicote en el Merlín
de la calle Portales. Inigualable observatorio junto a la terraza del Continental en el Espolón. Pero ni
vimos pasar el entierro de Espartero ni el entierro del Caudillato; estábamos a
otras cosas (y lo pagamos). Tiempos más amables; aun no habíamos cavado
defensas nuevas. Prematuramente dimos por muerto a Franco y luego nos enteramos
de que no; que estaba en la última trinchera de la guerra civil y el Supremo no
se atreve a tomarla por si el difunto aún tiene munición. Y ya no sabemos, si
se le dan ellos (la munición) o es que están en el mismo blocao (estos
comandantes de Marruecos se las saben todas; “saber manera”) Pues eso, que parece que lo único que cambia es la
feria; que es la misma, solo que más acelerada, hasta el tren de la bruja va
más rápido. “Mobilis in mobili”-- Móvil
en el (elemento) móvil; era el lema del Nautilus. El lema de este inmóvil, ya nos lo
sabemos; “Cautivo y desarmado el ejército
rojo etc…” Creíamos que había sido
el último parte de guerra. Pero en este país hay muertos que mandan mucho y el
último parte a lo mejor aún está por emitir; y hay emisoras que no frecuento
por si lo oigo de repente en la voz de Fernando Fernández de Córdoba y hay que
cuadrarse o algo. Mi capacidad de asombro está intacta (que es lo bueno/malo de
España; que no te aburres) Resulta que todavía hay ojos que se asoman al
amanecer detrás de un visillo, a ver si ven entrar una columna de Mola a
liberar su ciudad; y que la quinta columna, incansable, enreda en la galena por
las noches a ver dónde se va a tomar el café Queipo. Y después de estos partes
del más allá/acá circulando por el espectro radiofónico; me hablan del 5G. ¡MIAU!
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