-Veo las fotos de un cazador con sus trofeos;
lo ha cazado todo menos al hombre. Me parece correcto porque le habrán costado
su pastizara y sus permisos (si los exhibe así no cabe duda que son trofeos con
más papeles que mi pedigrí, que tiende a la escasez). Me alegro porque no es
esta gente la que acaba con la fauna; seguro que donde caza deja sus maravedises, el
indígena autóctono entre comer todos los días y que se lleven un león a
disecar, suele optar por la familia y que se joda Disney, algo que mucha gente
de por aquí se niega a entender; salvo que vuelva el hambre, esa con la que nos
amenazaban nuestros padres, esa hambre de cuando la guerra que era mitológica.
Como el hambre de trofeos; que es más que humana también olímpica. Ya tengo
visto un chalet entero así, con pieles de tigre y de oso por los suelos y
cabezas hasta el techo, que parecía que en cualquier momento iba a aparecer por
allí un indígena malayo con un kriss o que iban a cargar los zulúes en Isandlwana,
y era un momento un poco bwana pero de Kipling, e ibas pisando con recelo por
si se reanimaba el tigre y te soltaba un bocado. Había paredes enteras óseas, de cráneos como
sacados de un desierto, pulidos para resaltar su brillo fósil sobre el negro de
la base de madera de ébano, con placa de plata fechada por llevar la
contabilidad de aquello, que no era poca cosa. Aquellos despojos y estos; me
recuerdan más al muro de cráneos azteca, el Tzompantli que como muro de trofeos
coincidamos en que no tiene parangón. Semejantes abatidos cuando los sacerdotes
decretaban el comienzo de la guerra florida, pero había que traerlos vivos;
porque vivos tenían que estar en lo alto de la pirámide cuando el cuchillo de
obsidiana les abriese el pecho. Se conoce que hoy me he levantado un poco
Bernal Díaz por las selvas y tal, pero ya se me pasara. Las panoplias se las va
fabricando uno en la vida a medida de sus gustos y sus posibilidades; el afán venatorio de algún lejano pariente
primate fue lo que le hizo bajar del árbol y la colaboración en partidas de
caza para abatir piezas más grandes y feroces fue el primer amago de estructura
social. Nos juntamos para matar un Mamut y, de paso, elegimos alcalde; todo muy
humano como se ve y en algunos pueblos de la sierra y no pocos de las riberas,
se han limitado a sustituir el mamut por la matanza de un gorrino y lo demás
sigue igual, incluso las autoridades locales parecen ser las mismas pero
afeitados y ya sin falcata. La foto en
sepia sería identica, porque los siglos no pasan por los cazadores de cabezas
cuando posan para la posteridad; todos tienen cara de...humanos. Por lo demás, para montar el muro de este
señor solo hace falta pasta, maravedises en cantidad sobrada. Para construir el
muro de cráneos azteca hacía falta además fe, que es lo necesario para destazar vivo a
un semejante sin titubear, como si fuese el gorrino del pueblo. Luego había que
comer alguna de sus partes selectas y después colocar la cabeza bien compuesta
con otras cientos. Detrás de esas matanzas, detrás de esas cuencas vacías que
siguen mirando cuando salen en las excavaciones; siempre hay un Dios, una fe. Detrás de
los trofeos de este señor solo doblones.
Una sombra tan solo seras
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jueves, 10 de octubre de 2019
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