Una sombra tan solo seras

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martes, 16 de julio de 2019

Sudamericanos




-Como la actualidad moderna acaba por aplastar al que la sigue. Hoy me voy a tomar un respiro y voy a quemar algún libro en mi tertulia, no sin antes recomendárselo a Vds. Releo antes de entregarlo a la hoguera (porque me lo sé de memoria por juveniles ardores) el “Adán Buenosayres” novela de Leopoldo Marechal, un desconocido martinfierrista que puso las bases de la novela del Boom sudamericano; como supo reconocer Julio Cortázar (creo que en “La vuelta al día en ochenta mundos” o quizá en “Último Round” ambos son libros que no quemaré porque nunca se acaban de leer). El Adán es la epopeya de un hombre corriente durante un día en la ciudad de Buenos Aires (y ahí se terminan las semejanzas con el “Ulises”) Adán nos presenta a su barrio, retrata a su círculo de amigos literatos martinfierristas y después hace un viaje metafísico al infierno, a la ciudad de Cacodelphia, precedido por uno de las mejores escenas cómicas en castellano, a juicio de Cortázar; la del velorio del pisador de barro Juan Robles y la descripción del malevaje que acude a la fiesta del velorio. Es novela por la que no pasan los años (1931) y que recomiendo a Vds. Borges, al que solo le gustaba reconocer sus influencias anglosajonas; le debe no poco. Pero este nuevo Homero era un malevo que había cambiado el facón por la espada de las sagas vikingas y al único compadrito al que le dejo subir a su drakar fue a Bioy. Acompañaré al Adán en la hoguera con los relatos detectivescos de Bustos Domecq y de Isidro Parodi, escritos en comandita por estos dos cuchilleros que trasladaron el tango (que siempre ha sido poesía lunfarda que se baila) a la literatura, con resultados que seguimos saboreando. Creo muy posible (y difícilmente demostrable) que, “El libro del cielo y del infierno” también creación de ambos, haya bebido en parte del descenso a los infiernos del Adán; ese Dante criollo. Despidámonos sin nostalgia, mientras arde la pira; con “Los Compadritos Muertos” de Borges.

Siguen apuntalando la recova  / Del Paseo de Julio, sombras vanas
En eterno altercado con hermanas  / Sombras o con el hambre, esa otra loba.
Cuando el último sol es amarillo / En la frontera de los arrabales,
Vuelven a su crepúsculo, fatales / Y muertos, a su puta y su cuchillo.
Perduran en apócrifas historias, / En un modo de andar, en el rasguido
De una cuerda, en un rostro, en un silbido, / En pobres cosas y en oscuras glorias.
En el íntimo patio de la parra / Cuando un tango embravece la guitarra.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...