Una sombra tan solo seras

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viernes, 21 de abril de 2023

 

           DOS  CAFES,  UNA  CERVEZA  Y  UNA  DE  NOSTALGIA

Estaba el otro día dedicado en cuerpo y alma a mi afición favorita: no hacer nada en compañía de otros, y si son amigos como era el caso y además en la terraza de un bar logroñés (el Cervantes) con más motivo. Estaba con Ricardo Romanos y Jesús Vicente Aguirre, hablábamos de otros tiempos ya pasados o de este tiempo sin pasado o de pasar el tiempo, no me acuerdo bien. Ricardo entonces me cito a un amigo que estará sentado en otra terraza, Roberto Iglesias, para recordarme que no debemos acudir a la cita feroz de la nostalgia, yo les di la razón a los dos; a Ricardo por decirlo y a Roberto por una ausencia tan vigilante. Pero he de decir también que a un colega nunca se le debe hacer el feo de darle la razón del todo porque la hermandad tiene esas servidumbres, y además Roberto, como buen poeta, hace trampas y me parece muy bien. Las trampas solo se les deben consentir a los tahúres y a los poetas que son las dos profesiones que viven de saber mover bien las cartas y nos aligeran el bolsillo y el alma y para eso están. No es elegante tampoco quitarle del todo la razón al amigo, pues está ahí para discutir con él y poder pasar el tiempo llenando el hacer nada con palabras. Y si eso no es nostalgia es quizá lo que más se le parece. Somos nuestra memoria, que es como decir que somos nuestro pasado. Y aquí meto un poema de Quevedo que todos conocemos más que de sobra y, sensatamente, fingimos haber olvidado:

-“¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde?

¡Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las Horas mi locura las esconde.

-¡Que sin poder saber cómo ni a dónde

la salud y la edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.

-Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue, y un será, y un es cansado.

-En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

¿Se puede decir más? ¿Se puede decir mejor? No lo creo. En todo caso intentamos decirlo con más cariño. Pero ahí está la nostalgia, que es también el amarre que nos queda cuando él ahora nos aburre, la maroma que nos ata al muelle del puerto mientras la tripulación anda por los garitos, y al fin y al cabo ¿De qué va hablar uno con los amigos si no es de recuerdos? Por eso nos jode tanto cuando no encontramos al colega que ha ido a sentarse a otro café; porque se nos ha llevado unas páginas del guion, una cantidad indeterminada de morriñas que nos completaban cuando nos juntábamos, pero la amistad eso lo consiente y lo perdona. Es difícil esquivar la nostalgia hablando con los amigos, pero es arte supremo que debe intentarse; y cuando has pasado un par de horas con dos de ellos y no has hablado de nada y lo has hablado todo, cuando has regateado a la nostalgia con elegancia, sin darte importancia y sin quitársela a los demás, cuando puedes poner un poema tan sobado y tan olvidado (y tan bueno) como ese que he puesto sin que te abucheen por descubridor de la pólvora y la rueda. Puedes decir que tienes cómplices, pero sin decirlo que queda chabacano y roza lo penal. Porque la amistad ronda el aire y se respira, pero no se alude, porque es como el valor del soldado que se le supone pero solo se estampilla en la cartilla cuando te licencian. Y esta es una respuesta muy larga para una objeción muy corta. Pero en la amistad (que algo tiene de poesía y algo de partida de cartas) las trampas (como he dicho) se admiten porque se ven venir y no nos jugamos dinero sino algo más importante; y para eso nos juntamos, para fabricar nostalgia sin decirlo. Estando en esta importante labor, va y pasa Miguel Ángel Ropero, que tiene el estudio al lado y como es de la tertulia se sentó un rato, y como es tan buena persona lo enredamos para hacer un libro; él nos invitó a su próxima exposición y le dijimos que ya iremos, pero sin prisa. Sentados allí los cuatro en un velador a nuestro lado va pasando la vida. El mundo nada nos debe que se le pueda contar a los que no son de la partida, pasaba la gloria y quedaba la memoria.

martes, 9 de agosto de 2022

 

                                              MIGUEL  ANGEL ROPERO

Pocas veces en la vida me quedo sin saber que decir y esta es una, yo estuve por trabajos fuera de Logroño muchos años y no lo conocía. Me lo presento luego por La San Juan un amigo común Don Francisco de Cenzano. Entonces con su fiel perrito y su gorra parecía un señor vagamente escoces, ósea que no parecía de aquí hasta que hablabas con él y entonces ya sí. Después tuvimos una tertulia con mucha más gente en el café Moderno porque no hay sitio más logroñés, y este señor tan educado me fue contando su vida que no repetiré aquí porque ya hay otros que lo han hecho mejor y porque la gente se la sabe. Me dijo que era/fue político y yo no me lo podía creer por elegancia, por cultura, por sentido del humor y por saber estar. Después cuando cogimos más confianza me dijo que también fue comisario y ahí ya me desarmo del todo, porque desde luego aunque no dudo que lo fuese y además eficaz tampoco lo parecía. Parecía un señor que había venido a sacudir certezas. Parecía un señor de la tercera España, esa que no quería helar el corazón de nadie y a lo mejor por eso su aire vagamente escoces o mejor su aire de otro sitio pero siempre supo estar en este. Cuando nos encontrábamos siempre por San Juan (donde yo nací) me daba la mano y me costaba unos instantes soltársela porque me hacia la ilusión de que era un abuelo bondadoso que me iba a sacar a pasear, luego nos tomábamos un vino y siempre acabamos riéndonos pero con discreción como todo lo que hacías con él. La mayoría de las cosas interesantes que me conto (ocurre siempre) no las puedo repetir aquí y no lo hare. Es muy difícil escribir algo de un amigo muerto sin caer en el tópico, porque la muerte al estar esperándonos a todos agota los lugares comunes y los hace imposibles, y tampoco quiero extenderme mucho. Sé que en la próxima comida ya no preguntaremos ¿Y Miguel Ángel? ¿Va a venir? ¿Lo habéis avisado? Preguntas pertinentes porque no se llevaba con el wasap ni con los esmarfones, ósea que nos miraremos todos y habrá un silencio. Y tampoco subiremos más a su casa del pueblo donde el murió, que él se empeñó en enseñarnos porque realmente merecía la pena verla y era un poco la obra de su vida y la de su mujer. Bueno a mí me hizo un retrato que me dedico y no me parezco, porque me saco más bueno de lo que soy. Como si fuese mi abuelo.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...