DOS
CAFES, UNA CERVEZA
Y UNA DE
NOSTALGIA
Estaba
el otro día dedicado en cuerpo y alma a mi afición favorita: no hacer nada en
compañía de otros, y si son amigos como era el caso y además en la terraza de
un bar logroñés (el Cervantes) con más motivo. Estaba con Ricardo Romanos y
Jesús Vicente Aguirre, hablábamos de otros tiempos ya pasados o de este tiempo
sin pasado o de pasar el tiempo, no me acuerdo bien. Ricardo entonces me cito a
un amigo que estará sentado en otra terraza, Roberto Iglesias, para recordarme
que no debemos acudir a la cita feroz de la nostalgia, yo les di la razón a los
dos; a Ricardo por decirlo y a Roberto por una ausencia tan vigilante. Pero he
de decir también que a un colega nunca se le debe hacer el feo de darle la razón
del todo porque la hermandad tiene esas servidumbres, y además Roberto, como
buen poeta, hace trampas y me parece muy bien. Las trampas solo se les deben
consentir a los tahúres y a los poetas que son las dos profesiones que viven de
saber mover bien las cartas y nos aligeran el bolsillo y el alma y para eso
están. No es elegante tampoco quitarle del todo la razón al amigo, pues está
ahí para discutir con él y poder pasar el tiempo llenando el hacer nada con
palabras. Y si eso no es nostalgia es quizá lo que más se le parece. Somos
nuestra memoria, que es como decir que somos nuestro pasado. Y aquí meto un
poema de Quevedo que todos conocemos más que de sobra y, sensatamente, fingimos
haber olvidado:
-“¡Ah de la
vida!”… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los
antaños que he vivido!
La Fortuna mis
tiempos ha mordido;
las Horas mi
locura las esconde.
-¡Que sin
poder saber cómo ni a dónde
la salud y la
edad se hayan huido!
Falta la vida,
asiste lo vivido,
y no hay
calamidad que no me ronde.
-Ayer se fue;
mañana no ha llegado;
hoy se está
yendo sin parar un punto:
soy un fue, y
un será, y un es cansado.
-En el hoy y
mañana y ayer, junto
pañales y
mortaja, y he quedado
presentes
sucesiones de difunto.
¿Se
puede decir más? ¿Se puede decir mejor? No lo creo. En todo caso intentamos
decirlo con más cariño. Pero ahí está la nostalgia, que es también el amarre
que nos queda cuando él ahora nos aburre, la maroma que nos ata al muelle del
puerto mientras la tripulación anda por los garitos, y al fin y al cabo ¿De qué
va hablar uno con los amigos si no es de recuerdos? Por eso nos jode tanto
cuando no encontramos al colega que ha
ido a sentarse a otro café; porque se nos ha llevado unas páginas del guion,
una cantidad indeterminada de morriñas que nos completaban cuando nos
juntábamos, pero la amistad eso lo consiente y lo perdona. Es difícil esquivar
la nostalgia hablando con los amigos, pero es arte supremo que debe intentarse;
y cuando has pasado un par de horas con dos de ellos y no has hablado de nada y
lo has hablado todo, cuando has regateado a la nostalgia con elegancia, sin
darte importancia y sin quitársela a los demás, cuando puedes poner un poema
tan sobado y tan olvidado (y tan bueno) como ese que he puesto sin que te
abucheen por descubridor de la pólvora y la rueda. Puedes decir que tienes
cómplices, pero sin decirlo que queda chabacano y roza lo penal. Porque la
amistad ronda el aire y se respira, pero no se alude, porque es como el valor
del soldado que se le supone pero solo se estampilla en la cartilla cuando te
licencian. Y esta es una respuesta muy larga para una objeción muy corta. Pero
en la amistad (que algo tiene de poesía y algo de partida de cartas) las
trampas (como he dicho) se admiten porque se ven venir y no nos jugamos dinero
sino algo más importante; y para eso nos juntamos, para fabricar nostalgia sin
decirlo. Estando en esta importante labor, va y pasa Miguel Ángel Ropero, que
tiene el estudio al lado y como es de la tertulia se sentó un rato, y como es
tan buena persona lo enredamos para hacer un libro; él nos invitó a su próxima
exposición y le dijimos que ya iremos, pero sin prisa. Sentados allí los cuatro
en un velador a nuestro lado va pasando la vida. El mundo nada nos debe que
se le pueda contar a los que no son de
la partida, pasaba la gloria y quedaba la memoria.
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