Una sombra tan solo seras

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martes, 14 de mayo de 2019

Ácrata terminal (15/5/19)




-Dada la circunstancia de que estamos en campaña electoral, aprovecharemos para soltar unos soplamocos a derechas… e izquierdas. ¿Qué por qué? Porque es en estas fechas, tan entrañables y familiares, cuando se levanta la veda del político español y sus rostros, curtidos y sonrientes, se muestran más expuestos a la intemperie que de ordinario… hasta dentro de cuatro años. De la derecha a todos nos consta la corrupción endémica y el trinque sistemático, que (¡Por fin!) parece que les está pasando la dolorosa. Factura que no es venganza, es amputar lo gangrenado a ver si salvamos al enfermo. En  la izquierda plañidera ya todo el mundo da por olvidado que Felipe González se cargó a los sindicatos (las verdades incómodas son las que más joden) y que, cuando se juntan sus ex ministros a almorzar y darse palmaditas, esta medio IBEX allí (el otro medio son ex Aznaritas y van a otro restaurante). Después a Tirios y a Troyanos les podemos decir que; burla burlando cada vez disminuye más la lista de fármacos  gratuitos y (quizá para compensar) cada vez son mayores  las listas de espera. Además las míseras subidas de pensiones dentro de unos treinta años se irán por el váter. ¿Qué por qué?, porque cuando empiece a  jubilarse  la generación de nuestros hijos van a menudear la hilaridad y el alborozo (¡Que alegría, que alboroto, otro perrito piloto!) al calcular los años cotizados en precario y su ridículo importe. Nos han hecho un país de autónomos y hemos tragado, es lo que hay. Pero aquí nadie se acuerda de Santa Bárbara ni cuando truena y está diluviando. Sus señorías y  los cuatro de siempre fingen que les importa mucho la cuestión, porque no hay nada más triste para un político que una urna vacía salvo (quizá) que no los retuiteen; pero una vez pasado el efecto Vox y los lacitos amarillos (y tiro de profecía) en las urnas van a tejer su tela incansable las arañas. Si alguien me acusa de pesimista, me será muy fácil rebatirle. Soy un optimista crónico (ya desahuciado por la ciencia) pues si no, no escribiría. Me diagnosticó, con soltura y pericia; José Luis Aranguren tomándonos unos whiskies (que pagó el) en un bareto enfrente del Defensor del pueblo: “Joven, es Vd. un disolvente”. ¡Qué ojo clínico!

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...