Una sombra tan solo seras

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domingo, 7 de julio de 2019

Las cavernas no tienen puertas




-Si cupiese alguna duda o faltase algún síntoma del convoluto en el que nos han metido; uno de los indicios más alarmantes es que no hay semana en la que los jueces (es decir la justicia) no anden en titulares por los papeles. A algunos la noticia les puede parecer anecdótica…porque no les ha pasado a ellos. Me refiero a un matrimonio sesentón y su hijo de 31 a los que la policía en Puente Genil les reventó la puerta, les esposo en el suelo y les iban dando unas hostias mientras ellos, iban diciendo que era un error. Efectivamente era un error reconocido ( y un horror no reconocido, como veremos) admitido una hora después por la secretaria del juzgado, que debía haber estado presente pero se ahorró el horror. Así que les pidieron disculpas y se largaron. Cuando fueron a denunciarlo (y creo que esto es lo más hispano) les tocó el mismo juzgado que se había equivocado, así que lo archivó. Esto es España; quiero decir que dos años después del “incidente” la puerta sigue rota porque su señoría aun no suelta los maravedises de indemnización. Y las patadas en el costillar les van a salir gratis (a los dadores o donantes) porque no se contemplan. Es posible que tengamos la clase política que por nuestros pecados nos merecemos. Pero nuestros pecados no son tantos como para encima soportar a la clase judicial que padecemos aquí. Sus señorías son Juan Palomo y se tapan unos a otros los pecadillos y errores, o se jode un poco de más a alguien por hacer un favor a otra señoría (que estos favores se piden, como ha quedado demostrado hace no mucho con una pillada a micrófono abierto) Ya dije por ahí que la transición en el terreno judicial ni está hecha ni se la espera; este hecho no es una anécdota sino un síntoma. Estas señorías que padecemos sólo admiten el control de ellos mismos; y el Legislativo, que con leyes podría recortarles las alas, no está por la labor de enfadar a sus ilustrísimas; por si un día se encuentran de frente pero sentados en un banquillo. Y aquí los de en medio, que ya no sabemos si es mejor dejar la puerta abierta, aunque a lo mejor resulta que la tienen que romper de todas formas porque está en el guión. Tenemos policías que no diferencian la brutalidad de la eficiencia, amparados por jueces que archivan sus propios errores (y los ajenos si conviene) en el polvoriento legajo de la impunidad. Hoy, en España; la casa del hombre no es su castillo. Es como mucho un abrigo neolítico (que no tenían puertas) por eso se ignoran; o lo que es peor, se desprecian.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...