Una sombra tan solo seras

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jueves, 20 de junio de 2019

Hogar dulce hogar




-Por las mañanas según va saliendo el sol voy bajando las persianas para tamizar la luz, echo un vistazo al frigo y salgo a la calle a reponer condumio (sin pasarme, gracias a un rápido cálculo de mis finanzas) recojo mi correspondencia y la leo. De pronto me asalta una idea terrible; ¡Tengo un hogar inteligente! Osea, que me ocupo de lo mío y por el momento sin necesitar a Alexa, Siri, Ok Google y esos abretesesamos que se usan ahora. Incluso soy capaz (no lo creerán Vds.) de regular la temperatura de la ducha sin llegar a abrasarme, y tampoco necesito un robot de cocina inteligente con micro incluido. Yo mismo, con órdenes precisas y analógicas me suministro de comer; y con medidos lingotazos de whisky regulo mi temperatura interna ¡Un prodigio! Como tengo dicho bastará una caída de la web mundial para que se extingan rápidamente especies como el cuñado tecnológico  y ese amigo de un conocido que dicen que tiene un Bitcoin. El cuñado tecno, es ese que maneja la Roomba desde el móvil y pone a la Thermomix a cocer macarrones  antes de volver de Dénia como si fuese algo inaplazable, y  además se queda mirando como esperando que lo aplaudamos o algo por el prodigio, y al del Bitcoin no lo conoce nadie. Leo que ahora en los botellones no se busca mano libre sino banda ancha, La muchachada sale de juerga con su compañero inseparable, el telefonillo, no buscan la intimidad; buscan wifi, cuando encuentran señal  se enseñan videos unos a otros, mientras se pasan un porro y beben calimotxo. Estas reuniones itinerantes de alegres tramperos también se extinguirán cuando caiga la red; y lo que quede de la humanidad supongo que dibujara móviles con los dedos tiznados de ocre en los techos de las cavernas, y harán ceremonias mágicas para que vuelvan sus dioses y tener conexión de datos. No es cosa que me preocupe porque tengo bastante vida no binaria, y aunque uso los cacharrillos sigo haciéndolo con desconfianza; como un salvaje empujando con un palito un misil a ver qué es eso. Les dejo una viñeta que vale lo mismo que esta columna y un aviso perfectamente inútil (los que leen esto son gente avisada) El que es tonto si se calla y da tabaco  a lo mejor pasa desapercibido, pero rodeado de trastos más listos que él, se extinguirá sin que nadie lo eche de menos.



miércoles, 19 de junio de 2019

Masterchef de políticos




-La política no cesa de reinventarse; ósea de mentir porque en política ya está todo inventado desde que unos cuantos hombres se reunieron en el ágora a echar la mañana y hablar de lo suyo, (de la Polis) mientras se cocían las lentejas. Las lentejas se siguen cociendo pero sin receta y sin cocineros. Se cuecen en la Thermomix de la modernidad sin echarlas a mojo, sin condimentos, y con todo dios trasteando en el programa y enredando con los tiempos de cocción. Así son los pactos post-electorales que se están guisando. Cuando se abra el aparato nos tendremos que comer lo que salga nos guste o no. Los grandes partidos son como un chef moderno que quiere figurar en todo y salir a saludar al comedor y aparecer en los papeles y en las pantallas. Pero resulta que el restaurante funciona porque hay becarios que no cobran y camareros que meten más horas que el reloj. Nos intentan convencer de que los de Vox, o Unidas, o Indepes no pintan nada y que lo único que van a hacer es fregar los platos sin chistar cuando se acabe la fiesta; pero todos sabemos que, si bien los restaurantes funcionan así, la política es más indigesta y si no gusta el desabrido guisote, hay el peligro de que los comensales nos levantemos de la mesa y hagamos un “simpa” multitudinario de los que salen en papeles. Dicen que no necesitan personal subalterno, pero si se va el que barre y el que cocina (el chef solo emplata y dirige) las dos estrellas Michelin se van a ir por el fregadero. Es todo, en el fondo, una falta de respeto absoluto por el comensal, que solo tiene derecho a pagar y a decir que, aquí se come muy bien en el TripAdvisor. Siempre ha pasado lo mismo a la hora de pagar la factura; que todo el mundo tose y carraspea y se va al baño sin ganas de mear. Hasta ahora nadie ha pedido la hoja de reclamaciones (y si la han pedido, como quien oye llover) Pero algo tendrá que cambiar en este Masterchef de políticos (ahí dejo la televisiva idea)  porque la gente no está por la labor de seguir comiendo legumbres mal cocidas y sin receta. A estos partidos antiguos a los que sigue acudiendo la gente a comer por la fama que tuvieron, les hace falta un Chicote que ponga orden en la carta y distribuya el curro y que les recuerde el primer principio de todo restaurante. El cliente siempre tiene razón.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...