-Cuando llegamos a este mundo traidor la única
pregunta que nos hacemos sin ser capaces siquiera de formularla es: ¿Dónde está
la teta? Cuando, tiempo después, lo
abandonamos (normalmente contra nuestra voluntad) hay gente que sigue aferrada
a algún apéndice mamario (normalmente de tipo estatal) no sabemos bien si por
falta de entusiasmo en buscarse otro tipo de alimentación, o por tener muy
claro que madre no hay más que una y este pezón no lo suelto. Que este frenesí
alimenticio se de en menores de tres años lo consideramos normal, un mecanismo
de la naturaleza destinado a perpetuar la especie; cuando se da en varones (o
hembras) talludos, que ya son capaces de afeitarse por sí mismos (ellos el
bigote y ellas lo que tengan por costumbre) ya lo consideramos como una
parafilia o (según los casos) como una desviación presupuestaria. Sobre este último
supuesto estoy escribiendo estas líneas. Sobre esa estirpe de gente que: quizá
incapaces de buscarse el currusco por su cuenta, se montan en un coche oficial
desde su nunca tierna infancia y ya no se bajan ni cuando el chofer tiene que
cambiar una rueda pinchada. Uno esperaría de gente así que fuesen agradecidos
con los que pagamos el dispendio, pues ya no es su madre la que suministra el delicioso néctar, sino otras
gentes que si fuimos destetadas a su tiempo. Pero nada más lejos. Quizá por ser
conscientes de sus limitaciones alimentarias, de que no saben hacer otra cosa
que ingerir por un extremo y expeler por el otro (habilidad al alcance de
cualquiera); esta gente suele ser arriscada, partidaria de mirarnos por encima
del hombro detrás de las lunas tintadas y en casos extremos blindadas. Hago
estas consideraciones después de ver el número de cargos políticos de confianza, es decir no elegidos por
los que pagan (nosotros). Y es de más de 300000 mamones (en segunda acepción: que mama más cantidad o más tiempo de lo normal) sumados los de libre designación, fundaciones,
observatorios, institutos, consorcios… y lo dejo aquí que solo tengo un folio.
El gasto estimado de este estrago alimentario varía según las fuentes, pero
supera notablemente los 1400 millones de euros que se estima va a suponer la
ridícula subida de las pensiones. La pregunta (ya saben Vds. que respuestas no
tengo) es ¿Por qué nadie se escandaliza del mencionado trastorno alimentario y
si de la mierda de pensiones que cobramos? ¿No se puede habilitar una nodriza
más económica para alimentar a los mamoncetes? ¿No se puede volver a instituir
una nueva Gota de Leche, donde con
algún sustituto lácteo del dinero podamos alejar de estas pobres criaturas el
fantasma de la malnutrición? ¿No hay quien les dé el cambiazo en el mecanismo
succionador para que nos chupen otra cosa? Uno agradecería que ya que nos
ordeñan no abusasen, pero es en vano, nadie le da las gracias a las vacas por
explotarlas. Yo creo que alguien debería explicar a esta gente que a su edad
ya se pueden comer lentejas, y que se puede llegar a los sitios andando y que
ambas son costumbres sanísimas y aconsejables. Mientras llega esta revolución
pediátrica y alimentaria. Aquí estoy, con mi plato de lentejas ¿A alguien le sobra un poco de
chorizo para dar sabor?
Una sombra tan solo seras
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domingo, 20 de octubre de 2019
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