El pensamiento mágico ha acompañado a la
humanidad desde sus comienzos; ya en las tumbas egipcias de hace cuatro mil
años, el dios cocodrilo Sobek nos amenazaba con terribles maldiciones si
osábamos molestar al morador de la tumba que protegía. Este tipo de pensamiento
mágico quedo barrido con el siglo de las luces… o eso creíamos hasta que cierta
izquierda “moderna” (y aquí se justifican plenamente las comillas) se ha
encargado de resucitarlo.
En efecto; hoy día cada vez más gente, supuestamente
progresista, parece creer que basta con alterar
una palabra del diccionario (ese libro de los muertos, ese grimorio) para
cambiar la realidad a la que apunta y define; Este pensamiento infantil (de la
infancia de la humanidad) en realidad esconde una impotencia y una renuncia a
cambiar lo que no nos gusta de verdad. Parece increíble que en pleno siglo XXI
una izquierda, aparentemente, culta y con estudios universitarios (¡Ay Señor!)
vistas las dificultades para metamorfosear realidades y situaciones que les molestan;
renuncien a cambiarlas e intenten que la
Real Academia u otras instituciones supriman o redefinan lo que a ellos les estorba, a ver si funcionan los polvos de la madre Celestina; y aquí vayan Vds.
poniendo la larga retahíla que ya les viene a la cabeza: gitano, negro, ellos y
ellas, moro (habitante de la Mauretania) etc… a ver si así muta la realidad que
las soporta. Como este que suscribe viene llorado de casa; le da la risa.
En EEUU
(p.ej.) hace ya bastante años que no se puede pronunciar la palabra “niger” (negrata)
substituida por “colored” que ha su vez ha sido sustituida por elipsis aún más infantiles (afroamericano, la palabra que empieza por n, etc...). Y, ¡mucho
ojo! el contexto, siempre el contexto. Aquí, se usa subsahariano abusando de la geografía
ya que (p. ej.) en Sudáfrica vive muchísima gente rubia y de ojos azules. ¿Creen Vds. que eso ha suprimido la
discriminación de los negros norteamericanos (o de cualquier otro lugar)?. Si es así dense una vuelta por las noticias de
los últimos años; porque a lo mejor han estado Vds. embalsamados como un faraón.
Como me da pereza y ataques de hilaridad seguir escribiendo esto y quiero
acabar con algo positivo y de buen rollo; sugiero a estas buenas gentes que se
dejen de pequeñeces y vuelvan a poner en
circulación la palabra mágica por excelencia: “Abracadabra”, si no consiguen
transmutar el oro de los filósofos (y no temen hacer el ridículo); al menos
ellos estarán más entretenidos y nosotros más descansados, Que no es poco.