Una sombra tan solo seras

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sábado, 5 de octubre de 2019

Critica Literaria


-Van saliendo en estas ristras de actualidad cerezas enhebradas de otros cerezos. Cerezas que no se comerá nadie y eso que vienen gratis y de momio. Total que hay que hacer sitio en la nevera, o en la biblioteca que viene a ser lo mismo porque aquí hay una tradición de que la bohemia y la picaresca van unidas. Tenemos la biblioteca en la nevera y nos vamos comiendo los libros con fecha de consumo caducada que es manera arriesgada de ejercer la crítica literaria y me pasa que los días que no escribo es que estoy empachado de algún ladrillo no suficientemente cocinado; osea volveremos a lo hispano que es el auto de fe. Ya saben Vds. que aquí esa función se ejerce antorcha en mano más que nada porque hoy lo que sobran son libros (los primeros los de uno, que por ahorrarse el trámite de quemarlos ni siquiera los ha hecho o los tiene retraídos en sagrado) osea que todas las criaturas que echamos al mundo los que incurrimos en la escritura, van a terminar en la inclusa de una librería de viejo o un bazar de 2ª mano y por aquí nos parece más alegre la fogata y además se puede asar alguna menudencia o entresijo de esos con los que nos alimentamos la bohemia, y hay que tener en cuenta que la clase media de este país está cayendo en la bohemia rampante y mendicante y las obras de la picaresca ya las estamos interpretando entre todos, que todos nacemos por acá sabiendo hacer de lazarillo y raer el arca y taladrar la jícara y siempre hemos preferido el pícaro al mendigo, bien porque los cofrades de la busca nos conocemos y nos repartimos los distritos o bien porque el natural hidalgo y goyesco nos brota y empezamos por limosnar y acabamos por tirar de garrota; que es lo que se le pide a un crítico literario. Procedo a quemar “Mason y Dixon” de Thomas Pynchon; por resumir, este hombre intenta darle un paseo al club Pickwick por las vastas praderas americanas y no lo consigue durante 958 páginas. Leo que Proust sale del armario con cuatro cuentos inéditos, será una metáfora porque ese señor y cuatro de sus cuentos no caben en un armario; bueno sería de tres cuerpos, de esos armarios sin fondo de la burguesía pre bohémica, de cuando en un piso de pobre cabía un armario de luna. Dejaremos los relatos hasta leerlos; muchas veces los cuentos es lo que se salva de la obra de un escritor mientras se olvidan sus “Obras Maestras” Le pasa a Hemingway; muchos de sus relatos cortos valen más que El viejo y el mar, valen más incluso que su fúnebre adhesión a Pío Baroja. Entendemos esto también; había que enterrar a D. Pio para poder poner a tus personajes a pescar truchas en el Irati, para pasear por el agro del país vasco era necesario tener esos permisos literarios, igual que se acercó Cela a ver si se podía dar una vuelta por La Alcarria (es mucho mejor la que se dio D. Pío por la Laguna Negra con un par de guardias civiles. D. Camilo por haber hecho algo así y escribirlo hubiera dado cualquier cosa; menos el nobel). Quien se acordara ya de esas nieves de antaño. Algún amigo que me ve escribir y me juzga por perdido me trae latas de conserva, y yo se lo agradezco y empiezo a comprender porque mi padre me compraba siempre lotería de navidad como el que tiene un hijo en el lazareto. Ya que nos hemos puesto con Proust; la receta de la magdalena que ya estaba como una piedra cuando la probé, ¡a la hoguera! Seguiré informando a vs. de la limpia que estamos haciendo el cura, el barbero, el licenciado, la sobrina y yo; que soy el loco e intervengo en la requisa por entretenerme y calentarme y por contarlo aquí.

lunes, 24 de junio de 2019

.La Hoguera




-Esta noche en mi tertulia de muertos hay pleno; es la noche de San Juan y aquí, por seguir la tradición de la hoguera, quemamos libros. Ni mis muertos ni yo tenemos animo inquisitorial; para eso ya están las iglesias y gobiernos, de cualquier fe y de todas las tendencias. Más bien los quemamos por calentarnos (los muertos siempre tienen frío) y también por diversión y porque ya cumplieron su función. Aprovechando que por aquí no viene Joyce hemos echado a la pira el Ulises, esa aclamada obra que nadie se ha leído y que, una vez leída, nadie se atreve a declarar soporífera no le vayan a tomar por inculto; sin embargo todos hemos coincidido en salvar Dublineses que está lleno de encanto y pequeñas sorpresas. Aquí no se libra nadie y han ido al fuego bastantes libros de Cela (casi todos desde La Catira) lo mismo que algunos de Conan Doyle (novelas históricas). Aquí la crítica literaria se ejerce cerilla en mano y si algo tienen los muertos es ausencia de complejos; también acaban en el resplandor de la hoguera unas cuantas novelas de Gómez de la Serna, y algunas de ellas las ha tirado el mismo o las usado para encenderse la pipa. Nunca sabemos lo que quedará de nosotros (si algo queda) ni cuáles serán los gustos del futuro (en el supuesto de que quede futuro) por eso hay que estar siempre preparado para arder de forma elegante (la elegancia es lo único que no nos quemaran) y hay que arder con una sonrisa que intentara borrar el tiempo, pero que a lo mejor se queda en la memoria de algunos hombres. Noche de San Juan, noche mágica de quemar lo decrépito, lo viejo que hasta hace poco era nuevo y después de una fugaz noche ya es cenizas. Lo que enseña esta noche es que todo pasa; que ya nos lo dijo Quevedo en El sueño de la muerte; que todos somos los muertos de nosotros mismos. Así que mientras llega esa noche de San Juan que ya no veremos, cojamos un par de libros debajo del brazo y acerquémonos a cualquier hoguera a participar del jolgorio de la pira. Yo, por hacer una gracia he arrojado una Danza de la muerte, El códice de El Escorial con grabados de Holbein, que es de los pocos artistas que ha conseguido darle un cierto encanto al asunto, y así me vengo de la pasta que me costó. Después, a saltar el rescoldo que seremos; esta noche lo viejo es humo y mañana lo nuevo empezara a amarillear.

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...