MIGUEL ANGEL ROPERO
Pocas
veces en la vida me quedo sin saber que decir y esta es una, yo estuve por
trabajos fuera de Logroño muchos años y no lo conocía. Me lo presento luego por
La San Juan un amigo común Don Francisco de Cenzano. Entonces con su fiel perrito
y su gorra parecía un señor vagamente escoces, ósea que no parecía de aquí hasta
que hablabas con él y entonces ya sí. Después tuvimos una tertulia con mucha más
gente en el café Moderno porque no hay sitio más logroñés, y este señor tan
educado me fue contando su vida que no repetiré aquí porque ya hay otros que lo
han hecho mejor y porque la gente se la sabe. Me dijo que era/fue político y yo
no me lo podía creer por elegancia, por cultura, por sentido del humor y por
saber estar. Después cuando cogimos más confianza me dijo que también fue
comisario y ahí ya me desarmo del todo, porque desde luego aunque no dudo que
lo fuese y además eficaz tampoco lo parecía. Parecía un señor que había venido
a sacudir certezas. Parecía un señor de la tercera España, esa que no quería helar
el corazón de nadie y a lo mejor por eso su aire vagamente escoces o mejor su
aire de otro sitio pero siempre supo estar en este. Cuando nos encontrábamos siempre
por San Juan (donde yo nací) me daba la mano y me costaba unos instantes soltársela
porque me hacia la ilusión de que era un abuelo bondadoso que me iba a sacar a
pasear, luego nos tomábamos un vino y siempre acabamos riéndonos pero con discreción
como todo lo que hacías con él. La mayoría de las cosas interesantes que me
conto (ocurre siempre) no las puedo repetir aquí y no lo hare. Es muy difícil escribir
algo de un amigo muerto sin caer en el tópico, porque la muerte al estar esperándonos
a todos agota los lugares comunes y los hace imposibles, y tampoco quiero
extenderme mucho. Sé que en la próxima comida ya no preguntaremos ¿Y Miguel Ángel?
¿Va a venir? ¿Lo habéis avisado? Preguntas pertinentes porque no se llevaba con
el wasap ni con los esmarfones, ósea que nos miraremos todos y habrá un
silencio. Y tampoco subiremos más a su casa del pueblo donde el murió, que él
se empeñó en enseñarnos porque realmente merecía la pena verla y era un poco la
obra de su vida y la de su mujer. Bueno a mí me hizo un retrato que me dedico y
no me parezco, porque me saco más bueno de lo que soy. Como si fuese mi abuelo.