COCINA DE
TEMPORADA
No
me gusta la realidad que me rodea y hace tiempo que renuncie a cambiarla salvo
en sus manifestaciones más cercanas y modestas. Es esto más que una prueba de
cordura un chequeo de mis escasas fuerzas, de la ridícula palanca que me ha dado
natura para mover el mundo, que ciertamente no era la de Arquímedes. Abrazo
pues con inconsciencia cualquier realidad más amable que nos dé cobijo a mí, al
cepillo de dientes y al gato. Me declaro partidario de los calendarios fantásticos,
pues lo son todos y también el Gregoriano en el que nos movemos. Así que les
participo a Vds. que estamos en pleno mes de Thermidor, que a mí me resulta más poético que el ramplón Julio,
por no hablar del asfixiante Agosto que lo seca todo con su nombre, mucho mejor
su correspondencia republicana (de la república Francesa) Fructidor. Al final se suda lo mismo pero con más pedigrí, y además la
historia da mucha sombra y sus vientos nos despeinan que es cosa que se agradece. Es este el mes apropiado para comerse una langosta a
la thermidor, que va con nata y bechamel y se deja acompañar por un brut nature
bien frio. Esta receta se la doy por si hay algo que celebrar. Si, por el
contrario, lo que hay es algo de lo que dolerse, yo aconsejaría la misma receta
pero con dos botellas de brut, que las penas con pan son menos. Las economías modestas
sustituimos la langosta por un bogavante congelado (que nos consiente nuestra pensión)
y la receta no pierde, y el consuelo que proporciona tampoco. Si a partir de
mañana entramos en poder del licenciado Cabra (Feijoo como dije en el papelin
de ayer) ya les revelare como hacer la misma receta pero con un cangrejo de rio (que también
tiene pinzas) y una botella de sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero. A
veces la resistencia al enemigo se confunde con la gastronomía, al igual que el
fachaleco nos sirve de camuflaje para infiltrarnos a tomar una tónica inglesa
en el bar del club de golf. En tiempos de guerra vale todo. La economía de
resistencia nos hará desempolvar los recetarios de la posguerra donde nuestras
madres aprendían a hacer tortillas de patata sin huevo y sin patata, una
tortilla imaginaria que no alimentaba pero consolaba, como mis calendarios. Va
este papelin corto de texto y largo de esperanzas. La receta de la felicidad también
es culinaria y siempre consiste en no pasarse en el condimento y; como decía Don
Antonio (que me gusta mucho sacarlo) Solo
quede un símbolo: / quod elixum est ne assato. / No aséis lo que esta cocido.
Que pasen buen día y… ¡Buen provecho!
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