Una sombra tan solo seras

domingo, 5 de marzo de 2023

 

                         LA VERDAD EN LOS TIEMPOS DEL COLERA

Lo obvio es lo que hay que repetir constantemente porque es lo que todo el mundo da por sabido. Pero no es cierto, es lo que todo el mundo ha optado por olvidar porque lo obvio suele estar trenzado de verdades incomodas, y desde los griegos la verdad no le viene bien a nadie (y si no pregúntenle a Sócrates) No soy yo tan soberbio o tan candido como para creer que un artículo tan explosivo como la verdad sea de mi propiedad, o siquiera algo con lo que yo intime a diario y pueda dar a conocer a mis inadvertidos congéneres. Pero lo que si conozco es como ponerle una mecha, prenderla y salir corriendo. Lo que suceda después, depende de la distancia que separa la indiferencia del improbable lector del epicentro de la explosión. Lo bueno de este anarquismo gamberro es que ya la verdad no mata a nadie aunque la explosión sea de kilotones; lo malo es que ya la verdad solo sirve para sobresaltar a las avecicas del cielo que, tras la explosión, vuelven tranquilamente a su rama. La gente en vez de intentar cambiar el mundo se ha creado uno a su medida en internet y eso le viene muy bien a todo quisque: a los ciudadanos avestruces y capitidisminuidos porque así no son incomodados en su mundo de fantasía, y a los políticos que nos gobiernan porque ya se encargan ellos de saquear la realidad mientras los necios miran el dedo en vez de la luna.  He dicho, ya muchas veces, que el mundo ha funcionado durante milenios sin internet ni cita previa, pero desde luego a nadie ha molestado el estallido de ese modesto petardo, y por supuesto las nuevas generaciones pensaran que miento o que estoy loco, o que soy un viejo que no tiene ni puta idea (lo que les resulte más cómodo suponer). La gente sigue en su burbuja, y en la puerta de un restaurante en vez de oler el ambiente, de ver a los comensales y sus caras y sus platos, sacan el móvil y consultan la realidad de lo que tienen delante de las narices para saber si merece la pena comer allí o no. Comprueben Vds. si están en Google porque a lo mejor no existen/existimos y solo somos el sueño de un gorrión. Yo mismo uso de internet para escribir esto, pero recuerdo con mucha nostalgia cuando para difundir mis opiniones y escuchar otras, me juntaba con otros opinadores y polemistas por la calle del Laurel o la San Juan. Era más divertido y más sano beberse las opiniones que vomitarlas. Ahora soy un artificiero retirado y mis explosiones solo las oigo yo, con el resultado de una pérdida de la audición y de algunos apéndices, porque ya no corre uno como antes o porque pongo la mecha muy corta, no lo sé. Como mis fantasías son muy modestas, previsibles y poco interesantes escribo acerca de los delirios de los demás; siempre en busca de esa esquiva verdad que me elude y me torea. Así, suelo sacar en estos papelines cosas que ya solo sacuden a ingenuos como yo. Hablo de esos alcaldes que piensan que joder una bonita ciudad provinciana con carriles bici es una cosa de izquierdas, de esos jueces que se ponen en huelga para exigir más medios pues aún no han averiguado quien pueda ser Eme Punto Rajoy, de esos militares que creen que los galones y las estrellas también son un baremo de la inteligencia en la vida civil, de esos canallas que piensan que pueden salir impolutos de un barril de tinta y son esos directores de periódicos a los que lo único que les interesa es vender más ejemplares y no son amigos de Platón ni de la verdad, (pero siempre lo son de los que reparten medallas y bacalao), de esos policías capaces de ventear dos plantas de marihuana a kilómetros, pero que luego pasan por La Moraleja o por la calle Serrano sin coscarse del tufo que desprende el papel moneda sin lavar cuando se mete en cajas de zapatos, de esa gente tan lista que se va cargando poco a poco la sanidad porque ellos y los suyos ya la tienen contratada (por the face) en las clínicas de sus agradecidos amiguetes, de esos dirigentes que regalan las empresas estatales a sus coleguitas y después nos dan lecciones de ética enseñando los abdominables, o bien de esos otros que se pulen 58.000 millones de euros del fondo de pensiones de todos nosotros mientras se fuman un puro y leen el Marca, (mireuste) o de esos millonarios de rabiosa soberbia que tienen tanta pasta que no saben qué hacer con ella (porque ni siquiera la vida de un Borbón da para dilapidar esas cantidades) pero que antes de dar un duro al estado preferirían quemar los mazos de billetes y que pagues tú el queroseno. En el fondo lo que uno añora es esa edad de oro en la que la verdad era un explosivo de alto poder, pero es muy posible que esa edad de la inocencia no haya existido nunca más que nuestras mentes, pues eso suele ser lo que ocurre con todo lo que idealizamos. A la gente, y al estado, les preocupan mucho el porcentaje de población obesa pero nada el de imbéciles, esto por si querían Vds. alguna prueba más de que habitamos realidades paralelas en las que lo que interesa no es la verdad sino su imagen. Quizá en la historia de la humanidad no ha existido nunca un número tan elevado de sinvergüenzas combinado con tanta gente que se niegue a verlos y a reconocerlos (y esto sí que es una mezcla más explosiva que la verdad y que acabara estallando en nuestros morros) No pasamos de ser ese gallo que Sócrates no olvidó pagar a Esculapio, pollos sin cabeza a los que no salvara la ley de bienestar animal. Animales carentes de inocencia y de capacidad crítica, gallinas desplumadas que ya solo volamos en nuestra imaginación. Pero eso sí, en internet somos águilas, gran consuelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 PAPELIN    SENTIMENTAL Y UNA OPERA RIOJANA Hace tiempo que no me hago una lista de la compra y será porque estoy muy sensible y no me gus...