PALMERAS Y
NAUFRAGIOS
Me
dicen mis amigos muertos (en este caso Heródoto y Estrabon) que en tiempos del
Cesar Ánsar y del caudillo Felipe (pastor lusitano) un exministro podía cruzar
la península sin tocar el suelo saltando de un consejo de administración a otro
mientras se llenaba los bolsillos. Me consta que es así pues soy tan antiguo
que viví en esos siglos, y recuerdo perfectamente que estos simpáticos animalitos,
para reponer fuerzas, en cada escala devoraban hasta el hueso un pernil de Cinco Jotas (marca Reg.). Esos
tiempos heroicos e ibéricos (ibéricos por el jamón) ya pasaron y ahora es esa
una hazaña que está al alcance de un alcalde o un concejal. Como está la Iberia
de hoy vaciada y repoblada de molinos de viento, estos saltarines bichitos
brincan de palmera en palmera (que es especie invasora y hasta ahora solo
plantada por indianos). Pero es lo que tiene la modernidad, que se aprovecha
cualquier especie botánica con tal que produzca o cocos o estupefacción, y a mí
me provoca más lo segundo que lo primero. Tengo unos amigos (ecologistas
radicales del frente unido de Judea) que se han juramentado para meterles fuego
pues un incendio forestal más o menos ya no se va a notar. Me apresuro a decir
que a mí es un árbol que me produce nostalgia de esos indianos que robaban a manos
llenas y traficaban con esclavos, contrabando o lo que se terciase con tal de
volver a la madre patria y plantar su palmera. Como no soy partidario de los incendios y además
me pillan de paso; cada noche al regresar a casa desde la calle Laurel aprovechare para mearme en las simpáticas plantas (como medida antiincendios)
ya que una ridícula norma (pero que respeto) y que data de los tiempos del cónsul
Eme Punto Rajoy llamada ley mordaza, me impide orinarme en quien ordeno la tal repoblación.
Además me dicen mis amigos muertos que fuera inútil la micción, pues el tal
regidor está haciendo lo que se viene haciendo desde los albores imperiales;
plantar y ordenar obras públicas a toda prisa antes de ser expulsado del
consistorio. Y es gran lástima que ya no se pida a estos procónsules juicio de
residencia cuando acaban su mandato. Que consistía el tal juicio en un
procedimiento que hacia un juez para averiguar los desafueros y concusiones del
cónsul o gobernador, que tenía que justificar los maravedises o denarios
derrochados. Y según resultado acabar en la cárcel o en la cruz (según los
tiempos) Estén Vds. tranquilos que tales cosas ya no pasan gracias a la
maravilla de democracia que vamos perfeccionando entre todos y gracias a eso
cualquier electo no tiene que rendir cuentas ni siquiera a quien le votó y se
puede reír de sus electores que al fin y al cabo no se suelen merecer otra cosa.
Pues eso, como nadie quería hablar de las palmeras me he tenido que subir al árbol
a tirar cocos, y es una pena que se hallan retirado ya los Tricicle pues nos podrían haber obsequiado con una de sus parodias
de náufragos desde las islas alcaldescas, más me temo que aquí ya solo
naufraga la razón.
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