YIRA, YIRA
Ya
conocen Vds. este tango lleno de verdad. Es fatal que todo vuelva, ocurre desde que
la tierra da vueltas alrededor del sol (que me perdonen los terraplanistas, soy
un iluso) A cada una de estas revoluciones le llamamos año y normalmente antes
de llegar a las 100 vueltas te mareas y te caes. Para olvidarnos de esta
circunstancia (de que suena la sirena y se acaba el billete y hay que bajarse
para que se pueda montar la siguiente generación) hemos tramado el aturdirnos
con las navidades y también para
engañarnos fingiendo que avanzamos cuando solo estamos dando vueltas. Eso es el
hombre y eso es la humanidad, un niño montado en un carrusel del que algunos no
se quisieran bajar nunca y otros se tiran en marcha agobiados por las
campanillas y las lucecitas, y mientras tanto vamos inventando la pintura, la literatura y otras amenidades porque
como decía Baroja; el caso es pasar el rato, que es lo que estoy haciendo ahora mismo a costa de la paciencia
de quien lea estos papelines. Siempre escribo en contra de las navidades al
llegar estas fechas porque me parece injustificado celebrar una vuelta a un círculo,
figura geométrica que esta pasada de moda desde que los griegos averiguaron lo
que podía dar de sí (muy poco). Ya habrán
observado que he evitado el, entrañables fechas,
que es lugar común hermano del incendio
devorador y primo del silencio sobrecogedor, y eso es porque
la navidad ya es, en sí, otro lugar
común al menos desde el Cuento de Navidad de Dickens que la redujo a tópico.
Pues eso, que una vez completado el circulo estamos en el mismo sitio solo que
una vuelta más viejos y un poco hartos de las lucecitas y de la factura que
generan, cuando además lo interesante sucede siempre en la penumbra, lo que
pasa es que la sombra es gratis y lo gratuito genera desconfianza entre las
nuevas generaciones acostumbradas a que les cobren hasta la respiración. Creen
que pagan por la claridad, pero es solo ese miedo infantil a estar a oscuras
del que nunca nos curamos del todo. Vivimos en una atracción de feria en la que
nos montaron nuestros papas y nos cabrea que se acabe el viaje porque la
taquilla está cerrada y no hay a quien comprarle otra vuelta ( las religiones siempre venden fichas para otro viaje pero no sabemos si es un timo) y esa es quizá la mayor
pega de esta feria, esa y que a pesar de tanto giro vamos a muy pocas
revoluciones (si se me permite el chiste) y eso es también por el miedo a las
tinieblas y es que el giro es lo menos revolucionario que pueda haber; te
desplaza para dejarte donde estabas, ósea aquello de: es preciso cambiar todo para que
todo siga igual. Dicho esto, lo único que puede salvar la navidad no es la
familia como la gente erróneamente elige creer, sino la compasión (que se puede
ejercer también con la familia y sobretodo con ella) y esto va para Vds. los
que aún se aferran a estos días para salvar el año, la circunferencia y la
cuadratura de este círculo vicioso. Hacen muy bien todos los Phileas Fogg del mundo completando impertérritos su
circunvolución que al final es la única forma (trabajosa) de ganarle un día a
este asunto de la vida. Yo no puedo, a
mí las navidades me las jodio hace ya muchas vueltas/años un villancico; esas
cancioncillas tradicionales que tienen tan mala baba (lo único bueno es que
solo se les escucha una vez al año) Era
aquel que decía: La nochebuena se viene,
la nochebuena se va. Y nosotros nos iremos y no volveremos más. Hay que ser
un resentido o un español para escribir algo así, no se le habría ocurrido ni a
Ebenezer Scrooge (para los modernos el Grinch) En otros países se les ocurre el
Adeste Fideles o el Noche de Paz y aquí el decirles a los niños que se van a
morir. Pues Vds. disculpen pero para mí la navidad es como para Manuel Vicent
la temporada de toros, tengo que escribir algo en contra o me da un patatús.
Dejo dicho Agustín de Foxa que si Cristóbal Colon hubiese sido un caballero al
volver se habría callado y lo mismo podemos decir de Copérnico, del que ya dijo
Sherlock Holmes que encontraba inútil su descubrimiento, y cuando alguien tan British coincide con la iglesia católica
conviene prestar atención porque a lo peor tienen algo de razón, pero el personal
prefiere seguir viendo ¡Qué bello es
vivir! Que como película es muy
buena pero como narración muy mala porque fuera de las películas los que ganan
siempre son los banqueros, y con estas fantasías vamos pasando el rato que
como queda dicho es lo que nos puede salvar, de la navidad y de nosotros
mismos. Para los que se marean como yo decirles que cerrar los ojos y abusar del champan son dos remedios infalibles ¡Esto se pasa volando!
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