MERRY CHRISTMAS
-A
menudo me pregunto quiénes son los responsables de tanta mierda como a diario
nos cae encima en estas entrañables fechas. Oigo, y no doy crédito, que las cenas de empresa son hoy día
trampas mortales, emboscadas donde lo mismo es malo emborracharse mucho, que no
beber y más parece que asiste uno a una comida del renacimiento, llena de
venenos resolutivos, que a un banquete de confraternización. Así pues a los
muchos males que de por si nos inflige la Navidad a los poco entusiastas, se une
la peste de las cenas de empresa. Hablaré de mí que soy lo que más conozco;
durante años fui director técnico de una bodega de cuyo nombre no quiero
acordarme. El primer año me dijeron que había cena de empresa y por poco me meo
de risa. Y es que, aunque en la
modernidad estas cosas suenen raras, aun quedamos gentes que cuando salíamos
del trabajo lo dejábamos ahí (colgado, como la bata blanca que me quitaba y
ponía a diario) y teníamos nuestro tiempo de ocio dedicado a la familia y/o los
amigos. Esta cultura empresarial moderna de que la empresa es una unidad de
destino en lo universal además de ser mentira (porque los que trincan son los
de arriba y los que trabajan los de abajo) es una mierda pinchada en un palo
que proviene de los EEUU y que tiene su máximo exponente en el Japón. En efecto
el individuo es un apéndice de la empresa que, generosa, le permite volver cada
noche a su casa a dormir. Y esta ricina, los modernitos con sus entalladas
chaquetas, sus corbatitas estrechas y sus barbas perfectamente recortadas en un
Barber Shop se la han tragado y piden
más. Huelga decir que yo jamás fui a una cena de empresa, porque no se puede
elegir con quien trabajas (si no es tuya la empresa) pero si se puede elegir
con quien comes. Y esta tontería de las cenas de empresa funciona a modo de
metáfora del mundo en el que vivimos donde la sumisión al dinero y al poder lo
es todo. También es necesario decir que hoy día posiblemente no me hubiesen
consentido mi “veleidad”, mi “capricho” de querer compartir mi tiempo libre
solo con quien me apetece, y es que lo que pasa es que hoy hay una libertad que te rilas, y no en mis
tiempos que ya no son estos porque no los reconozco ni quiero. No me siento
concernido por tanta imbecilidad ajena de la que no soy responsable, bastante
hago con gestionar mi propia tontería. Si amigos, el contrato social estipula
que a todos se nos pagará por nuestro tiempo de trabajo (que es tasado) pero
nadie hablo de que por el mismo precio había que reírle los chistes al jefe
(que ahora es un “Líder”). Lo que estoy tratando de decir de una forma
trabajosa es que la libertad individual sigue en franco retroceso bajo la
apariencia de que es mayor que nunca, y es que cuando las fantasías
totalitarias entran por la puerta lo que queda de la libertad individual salta
por la ventana. Ya Charlot se reía de eso en Tiempos Modernos y nos mostraba la
situación de cada cual en la empresa, pero da igual; o el ser humano nunca
aprende o somos capaces de cualquier cosa por un plato de lentejas. Son ambas
en cualquier caso reflexiones sombrías que espero no empañen tanta felicidad
impostada y tanta lucecita sostenible. Por lo demás pasen Vds. Felices fiestas
y decirles que con tanta epidemia hay una excusa perfecta para no acudir a
estas gastronómicas kermeses.
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