EGOISMO Y
REVOLUCION
Me
pasa una cosa rarísima. En vez de preocuparme el futuro de la humanidad (que hay que ser muy burro para no saber cuál
va a ser: el desastre) me preocupa el mío. Esto, antes, se llamaba egoísmo y
era ejercido (supuestamente) por la gente identificada como: de derechas, gente que solo pensaba en sí
misma y en engordar su cuenta en Andorra (la derecha provinciana aun no conocía
las islas Caimán) Resulta que ahora esta gente es la que sale a reclamar
libertad e igualdad (fraternidad ya sería demasiado que los perroflautas no se
lavan) España no se vende, dicen. Y deben saberlo muy bien, porque son ellos y
sus abuelos los que se la apropiaron por la puta cara y trapichean con ella desde hace unos siglos.
Cuando se manifiestan se cuentan a si mismos por lo que creen que valen y por
eso 7800 personas se convierten en 25000. Olvidan que existen aplicaciones que
con unas fotos y el plano del sitio te
sacan el número exacto de personas que ocupan un lugar, en este caso la IA me
ha dicho 7800 (se siente) El problema
siempre son los números, ellos no creen en la democracia (que es un porcentaje, una estadistica) porque sienten que sus
7800 tendrían que valer 25000. Con todo esto, constato que España no se parte
pero resulta que yo sí, encima debo hacerlo en privado (como cuando contaba
chistes de Franco) porque estos cayetanos
de ahora son cabreados profesionales y
ya salen de la cama ofendidos, porque no es justo que te vayan a quitar
un poco de lo que a tu familia le costó generaciones robar, que es precisamente un trozo de esa España que no se vende. Así
que de la noche a la mañana me encuentro convertido en un señor egoísta de
derechas. Mientras, los nuevos sans-culottes (que son los cayetanos enrages) recorren las calles creyéndose los
100.000 hijos de San Luis aunque sean 7800, y es que la contabilidad de
derechas siempre ha sido muy creativa. Así que aquí estoy yo, este
desconcertado señor de derechas que se cisca en todas las amnistías e indultos,
de los cuales un gran porcentaje se han concedido a ladrones de derechas (y si
no me creen consulten a fondo internet que los datos son públicos) Este egoísta
que he devenido, dice, que una de las pocas certezas que tiene es, que la
alternativa Feijoo-Vox (de haberse
producido) estaría ahora mismo calculando la cuantía de nuestras pensiones para
subirlas un 0´25% o así, al más puro estilo pepero, esas fastuosas subidas de
2´5 euros al mes que me venían en enero en papel oficial y que mi egoísmo me impide echar de
menos. Mientras pasa la montonera de
banderas e insultos de lo que ya se denomina Caye borroka, ceso un rato de partirme (ya hubo un filósofo que murió
de risa) y paso a comprobar si se parte España. Accedo a la red de sismógrafos nacionales
(que es pública y consultable y actualizada) y les puedo tranquilizar a Vds.
Los 100.000 hijos de San Luis no han perturbado los finos rasgos que registran
todas las ondas sísmicas que recorren la patria. Consulto siempre uno, que alguien tuvo la precaución de situar bajo
la basílica de la Cruz de los caídos (no es coña) Cuando sacaron al bicho lo
consulte y tampoco se meneo, y eso que
la losa pesaba lo suyo. Las nuevas tecnologías
son muy entretenidas y para algo sirve la ciencia. España no se parte, y un
servidor intenta la contención (no sé si la propia de un señor de derechas
porque a lo que se ve, estos ya no la
tienen) Pues aquí me quedo en esta tierra de nadie del egoísmo, superado por
tanto altruismo Cayetano. Arrollado por
esta ola de libertad e igualdad, me retiro a mis cuarteles de invierno; a
partirme en la intimidad del hogar, ese lugar donde Ánsar hablaba catalán con
soltura. Como dijo Oscar Wilde: Amarse a
sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida. Así que me
aplico a ello mientras observo a las turbas de la nueva revolución. Los
Girondinos se disponen a guillotinar (otra vez) a los jacobinos. La política,
en un plas, pone bocabajo a la realidad. Al final nada es lo que parecía. Se lo
dice un señor de derechas (creo). Termino con una frase de la revolución francesa
(que al final se ha apoderado de este papelin) ¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre! La frase
de madame Roland antes de poner la cabeza en el cepo. Las viejas historias
siempre vuelven.
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