LAS CRUZADAS
(¡OTRA VEZ!)
Es
el típico paisaje de guerra y destrucción. Huele a muerte y a goma quemada; de
un montón de cascotes, que una vez fueron una casa, sale aun un poco de humo,
todos los edificios (o la mayoría) están sin cristales. Gentes que ya no lloran
(tienen los ojos secos) deambulan con mirada temerosa evitando, cuidadosamente,
tropezar con los comandos de soldados, uniformados y fuertemente armados, que
los controlan dentro de un perímetro del que no pueden salir porque hay un muro
de hormigón que los separa del resto de la humanidad, se dan platos de sopa a
los niños en la clandestinidad y en la oscuridad porque no hay luz… Como todos
Vds. habrán fácilmente adivinado no estoy hablando de la franja de Gaza. Estoy
hablando del gueto de Varsovia. Los judíos sin embargo han pasado de desempeñar
el papel de victimas al de verdugos con una naturalidad que solo puede emanar
de creerse a pies juntillas una obra de ficción como la Torá. Enfrente ya no
tienen a los nazis; la historia (que tiene esos caprichos) los ha cambiado por
otros fanáticos que siguen a otra obra de ficción (El Corán). Es una guerra que
empezó hace más de 2000 años. Parece una guerra de religión pero, como todas,
es una guerra económica. Esto es mío
porque lo dejo dicho Yahvé y no hacen falta más notarios, este es el
poderoso argumento registral con el que el estado de Israel va inscribiendo
nuevos terrenos a su nombre (o el de sus colonos) y robándoselos a sus antiguos propietarios. No sé qué me sorprende
más: si la jeta que le echan los judíos o su absoluta falta de memoria histórica, su no
querer darse cuenta de que les están haciendo a los palestinos exactamente lo
mismo que les hicieron a ellos; despojarlos de todo. Solo que esta vez el mundo
ha decidido mirar para otro lado y ellos (hagan lo que hagan) van a ser siempre
los buenos. El que Hitler gaseara a tus abuelos es una tragedia, una ignominia
y un crimen de lesa humanidad que nunca prescribirá. Pero nunca puede ser un
argumento, ni una justificación a posteriori de la venganza (que
interesadamente confunden con la justicia) Desde luego no intento disculpar los
asesinatos de los terroristas de Alá, intento aclarar un poco el panorama de un
rincón del mundo, una olla donde la doliente humanidad tuvo la desdicha de
descubrir la religión univoca y excluyente; y por si fuera poco reflejarla en
tres libros que han provocado más muertos que la peste: La Torá, El Corán y La
Biblia. Como dije es guerra antigua, y mucho más de lo que suponen sus rabiosos
contendientes. Ya se libraba con piedras y palos, y los misiles que usan ahora son una consecuencia de las hachas de
bronce, unos herederos de la honda del rey David. La famosa ley del ojo por
ojo: “Si un hombre destruye el ojo a otro
hombre, se le destruirá el ojo”. “Si un hombre hace saltar un diente a otro
hombre, se le hará saltar un diente a él” viene en el código de Hammurabi
de hace casi 4000 años y se cree que no es la versión más antigua. Es ley, a lo
que se ve, de gran actualidad a pesar de su vetustez. Se sabe desde esos
tiempos bíblicos que la aplicación del ojo
por ojo, solo sirve para dejarnos a todos ciegos, pero se diría que ese es,
precisamente, el objeto que persigue la famosa ley. Mi reflexión de hoy no es
de muertos ni de terrorismo (en ambas cosas descuellan los contendientes) Mi
pregunta es: ¿Cómo se puede pasar de ser víctima a ser verdugo con esa soltura? ¿Tan fácil es
transitar de sufrir torturas a infligirlas? ¿Tan débil e interesada puede ser
la memoria? Quizá no nos guste la respuesta a estas preguntas y por eso nadie
las formula. Nunca he sabido si detrás de la cruz está el diablo, pero siempre
he tenido la certeza de que detrás de estos libros sagrados que tan alegremente
justifican la matanza y el exterminio, teológico y físico, del contrario, está
el Mal con mayúsculas. Son textos producidos por pueblos de cabreros
resentidos, de camelleros xenófobos, de bandas neolíticas de bandidos, de locos
iluminados que contagian a otros su locura en medio de un paisaje desolado y
reseco, que es el desértico paisaje de su cerebro. El resumen de La Biblia se
halla en una sola frase evangélica: El
que no está conmigo esta contra mí. Del gueto de Varsovia hemos llegado a
la franja de Gaza y hemos visto que un túnel hecho de injusticia, lágrimas y
sufrimiento las conecta a través del tiempo. Una de aquellas siniestras vías
férreas que pasaban por Auschwitz resulta que terminaba en Sabra y Shatila
porque todas las víctimas son iguales y todos los muertos tienen la misma cara y pertenecen a la misma raza. Una anomalía espacio temporal conecta
estos agujeros negros de cuya tremenda oscuridad absorbente, no pueden escapar
ni la compasión ni el perdón, una vía que lleva directamente al corazón de las
tinieblas. Sabemos que el hombre, por su frágil condición, siempre está a punto
de ser víctima. Pero eso no le da derecho a ser verdugo, más bien se lo quita.
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