LA CANCION DEL
VERANO
Es
cambio la vida, y de eso te empiezas a dar cuenta cuando pones a funcionar la
moviola del recuerdo. Nuestros hijos están conociendo el cambio climático y se
quejan (con razón) Nosotros hemos de sobrellevar, además, el peso añadido del
cambio sentimental. Los veranos de antes eran más amables, y cuando uno habla
de paseos por la sombra del Espolón (si amigos, en El Espolón había sombra
hasta que lo desertificaron los políticos de mala sombra) habla de helados al
corte, habla de los baños al mediodía en el Ebro (si amigos, nadábamos en el
Ebro lleno de cangrejos y ranas) habla uno de cuando había pensiones de trato
familiar y no pisos turísticos. Recuerda uno cuando las putas de la parte vieja
hacían punto sentadas en una sillita de enea en la acera del bar y los políticos iban de
uniforme y levantaban el brazo (no se si antes o despues de subir con las putas, yo era muy pequeño). Hace solo cincuenta años había aun cocinas económicas
y yo iba a comprar carbón con un cubo de plástico; para cuando vine con el cubo
cargado ya nos habían puesto gas y nos lo estaban cobrando. El aire
acondicionado era cosa de las películas americanas, aquí nos defendíamos con un
ventilador y las persianas verdes de junquillo. Había mas bicis que ahora y sin
carril bici, y los miles de instantáneas por segundo de ahora se reducían a una
ocasional visita en blanco y negro al fotógrafo minutero del Espolón. No es que
quiera ponerme elegiaco si no reflexivo. Pienso que algo hemos perdido en este
cambio de clima sentimental. Ha empezado una nueva glaciación, pero es en las
relaciones humanas. Antes los viajes eran más escasos pero se gozaban más,
mientras que ahora el turismo es un trámite de selfies de gentes que recorren
indiferentes el mundo. No creo que esta degradación de la calidad de vida (de
su tono, se podría decir) sea
percibida igual por las generaciones que vienen detrás de la nuestra y ellos se
lo pierden, aunque también es cierto que la realidad se ha encargado de ir
rebajando brutalmente las expectativas de los jóvenes. Por fin hay quien admite
que el triunfo depende del código postal, de las relaciones que has hecho en el
exclusivo colegio donde te educaste. Lo del empresario de éxito hecho a si
mismo es un cuento chino que solo se cumple a nivel local, en negocios de menos
de seis empleados y en franquicias de medio pelo. La gente que cuenta de
verdad, los que manejan el parné desde Isabel II siguen siendo las mismas familias.
Eso no ha cambiado, estaba en los lánguidos veranos de antes y en los
trepidantes de ahora. Era un mundo más despoblado y salías a la calle a comunicarte. En el abarrotado Logroño actual resulta difícil
hablar con alguien a no ser que consigas que despegue la nariz de la
pantallita. Pues tras estas inútiles reflexiones les participo que un servidor
sigue dentro de lo posible en un verano de antes, y uso botijo y abanico, y uso
de la visita presencial a los amigos. En cuanto a bares me limito a locales de
confianza donde me conocen (contados) y los frecuento poco y a horas que
excluyen la marabunta turística. Recordarles por último que internet no existía
y todo funcionaba igual que ahora (o sea mal pero con menos exasperación) es el
momento de sentarse a mirar y ver si ha merecido la pena el cambio, si no es
mejor aguardar una cola que la cita previa (y encima duraban menos) Aquí estoy,
bebiéndome un porrón de vino con gaseosa y una ensaladita con un chicharro en
escabeche, si Vds. gustan de los veranos de antes ya saben dónde encontrarme,
no me cuesta nada poner otro plato. La actualidad esta atestada, no se la aconsejo. Sintonicen cuidadosamente la radio evitando a Rosalia, Shakira, et alia. Cuando oigan Formula V, o Los Bravos dejen quieto el dial ¿Quien dijo que la nostalgia era mala...? Pues alguien que nos quiere vender la moto de que lo de ahora es mejor.
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