Una sombra tan solo seras

lunes, 14 de agosto de 2023

 

                                         LA  CANCION  DEL  VERANO

Es cambio la vida, y de eso te empiezas a dar cuenta cuando pones a funcionar la moviola del recuerdo. Nuestros hijos están conociendo el cambio climático y se quejan (con razón) Nosotros hemos de sobrellevar, además, el peso añadido del cambio sentimental. Los veranos de antes eran más amables, y cuando uno habla de paseos por la sombra del Espolón (si amigos, en El Espolón había sombra hasta que lo desertificaron los políticos de mala sombra) habla de helados al corte, habla de los baños al mediodía en el Ebro (si amigos, nadábamos en el Ebro lleno de cangrejos y ranas) habla uno de cuando había pensiones de trato familiar y no pisos turísticos. Recuerda uno cuando las putas de la parte vieja hacían punto sentadas en una sillita de enea en la acera del bar y los políticos iban de uniforme y levantaban el brazo (no se si antes o despues de subir con las putas, yo era muy pequeño). Hace solo cincuenta años había aun cocinas económicas y yo iba a comprar carbón con un cubo de plástico; para cuando vine con el cubo cargado ya nos habían puesto gas y nos lo estaban cobrando. El aire acondicionado era cosa de las películas americanas, aquí nos defendíamos con un ventilador y las persianas verdes de junquillo. Había mas bicis que ahora y sin carril bici, y los miles de instantáneas por segundo de ahora se reducían a una ocasional visita en blanco y negro al fotógrafo minutero del Espolón. No es que quiera ponerme elegiaco si no reflexivo. Pienso que algo hemos perdido en este cambio de clima sentimental. Ha empezado una nueva glaciación, pero es en las relaciones humanas. Antes los viajes eran más escasos pero se gozaban más, mientras que ahora el turismo es un trámite de selfies de gentes que recorren indiferentes el mundo. No creo que esta degradación de la calidad de vida (de su tono, se podría decir) sea percibida igual por las generaciones que vienen detrás de la nuestra y ellos se lo pierden, aunque también es cierto que la realidad se ha encargado de ir rebajando brutalmente las expectativas de los jóvenes. Por fin hay quien admite que el triunfo depende del código postal, de las relaciones que has hecho en el exclusivo colegio donde te educaste. Lo del empresario de éxito hecho a si mismo es un cuento chino que solo se cumple a nivel local, en negocios de menos de seis empleados y en franquicias de medio pelo. La gente que cuenta de verdad, los que manejan el parné desde Isabel II siguen siendo las mismas familias. Eso no ha cambiado, estaba en los lánguidos veranos de antes y en los trepidantes de ahora. Era un mundo más despoblado y salías a la calle a comunicarte. En el abarrotado Logroño actual resulta difícil hablar con alguien a no ser que consigas que despegue la nariz de la pantallita. Pues tras estas inútiles reflexiones les participo que un servidor sigue dentro de lo posible en un verano de antes, y uso botijo y abanico, y uso de la visita presencial a los amigos. En cuanto a bares me limito a locales de confianza donde me conocen (contados) y los frecuento poco y a horas que excluyen la marabunta turística. Recordarles por último que internet no existía y todo funcionaba igual que ahora (o sea mal pero con menos exasperación) es el momento de sentarse a mirar y ver si ha merecido la pena el cambio, si no es mejor aguardar una cola que la cita previa (y encima duraban menos) Aquí estoy, bebiéndome un porrón de vino con gaseosa y una ensaladita con un chicharro en escabeche, si Vds. gustan de los veranos de antes ya saben dónde encontrarme, no me cuesta nada poner otro plato. La actualidad esta atestada, no se la aconsejo. Sintonicen cuidadosamente la radio evitando a Rosalia, Shakira, et alia. Cuando oigan Formula V, o Los Bravos dejen quieto el dial ¿Quien dijo que la nostalgia era mala...? Pues alguien que nos quiere vender la moto de que lo de ahora es mejor.

 

 

 

 

 

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