LAS LEYES
VISTAS CON LAS GAFAS
UN ACRATA
Me
pregunta un amigo si no creo haber desbarrado atribuyendo gran parte del
fracaso de la izquierda al tsunami de reglamentos con sus correspondientes
multas que nos llueve encima desde el cambio de siglo. Le respondo: NO, en absoluto. Le contesto desde mi
anarquismo irredento, pero eso ya lo tienen en cuenta mis lectores porque no
escribo para tontos y por eso me leen cuatro gatos (como yo mismo ¡MIAU!) Es
cierto que posiblemente gracias a algunas de estas prohibiciones sigan vivas
muchas personas (entre ellas yo) pero la pregunta es ¿Merece la pena? Entre los
diez mandamientos (o si lo prefieren el código de Hammurabi) que eran escuetos
y abarcables y la selva judiciaria y legislativa moderna algo ha perdido el
hombre y han sido la cordura y la libertad. Teniendo en cuenta que algún día
todo esto ya no será ni siquiera un sueño porque el que soñaba se ha muerto,
vuelvo a preguntar ¿Para qué? ¿Nos salva de algo tanta prohibición? La
respuesta es que no, ni siquiera de nosotros mismos. ¿Se podía evitar la muerte
de ese gañan (o la mía tanto da) que fumaba como una chimenea e iba a 150? NO, tan
solo a lo más, se ha podido retrasar. Si ponemos esa vida en la balanza del
juicio final y en el otro platillo las libertades que nos ha costado que ese
ganso (o yo) hayamos vivido unos años más este sueño que todos acabaremos olvidando, ya
les digo yo que acabamos perdiendo todos, hasta el muerto. Gracias a la
triquiñuela legal, a la falsa ficción de orden que nos ofrecen las leyes; la
gente que se puede pagar un bufete prestigioso vive tan campante y se salta
todas las que puede, y mientras Vd. y yo nos vamos pasando el porro que nos
hemos liado con nuestros recuerdos, con las ultimas hojas de libertad secas que
nos quedaban; y eso que ya ni fumamos, es por recordar como olía la primavera
cuando existía. Nuestra civilización se ha convertido en no sostenible ante
nuestros propios ojos pero poca gente, por lo visto, ha caído en la cuenta de
que no solo es insostenible de forma energética o ecológica; si no también
legislativa, convivencial y cotidiana. A nadie parece importarle ya que cientos
de cámaras nos graben cada día, que estemos fiscalizados desde que salimos de
la cama. Nos hemos mentido a nosotros
mismos diciéndonos que es por nuestro bien porque si no no podríamos mirarnos
al espejo por las mañanas, pero el espejo no es un sustituto de la verdad, la
verdad siempre nos la dice un poeta, en este caso Gil de Biedma: Que la vida iba en serio / uno lo empieza a
comprender más tarde / -como todos los jóvenes yo vine / a llevarme la vida por
delante. / Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos / -envejecer,
morir, eran tan solo / las dimensiones del teatro. / Pero ha pasado el tiempo /
y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, / es el único argumento de
la obra. Mientras tanto aquí seguimos, enredados en la telaraña de las
leyes y ni siquiera hay ya una araña que necesite comer, es aún mucho peor; es
simplemente un residuo de crueldad gratuita, una costumbre de matar moscas que
le queda al poder que ya come cosas más exquisitas, pero que no quiere oír
zumbidos cuando se echa la siesta. Con nosotros se extinguirá la última
generación que pudo degustar las últimas migajas de libertad que entonces nos
parecieron insuficientes y ya son quiméricas. Los que vengan ni habrán oído
hablar de ellas, solo algún especialista en historia leerá lo disparatados que
eran sus abuelos mientras sonríe y mueve levemente la cabeza, para él será un
mundo tan fantástico y remoto como lo son para nosotros ahora los felices 20
del pasado siglo. Así que esta es mi respuesta: el exceso de leyes seca el
alma, el cerebro y las ganas de disfrutar para sustituirlas por una seguridad
que es bochornosamente falsa. Ese es mi diagnóstico, esa es la bomba que le ha
explotado a la izquierda en los morros, lo gracioso es que ni los mismos que la
han armado son conscientes de ello, pues hay mucha gente que no ha votado
exactamente al PP si no contra la
izquierda. La izquierda, como es costumbre, sigue sin quererse enterar de nada
y ahora mismo España está llena de gobiernos salientes reunidos en asamblea
extraordinaria preguntándose ¿Por qué? y dando a esta pregunta todo tipo de
repuestas: absurdas, cobardes, fantásticas… todos señalando al enemigo exterior
(como hacia Franco por cierto) y sin nadie capaz de señalarse a sí mismo, porque la ignorancia se debe acompañar de la
impermeabilidad absoluta a la autocrítica, de la soberbia de tener razones
aunque se ignore lo que es la razón, y sin esos mimbres no podríamos construir
un político (ni de derechas ni de izquierdas). No hay paraísos perdidos ni
edades de oro, pero sí libertades conculcadas y pisoteadas la menor de las
cuales no es la intimidad, un concepto que ya no existe, vivimos en un mundo
donde ya nadie pregunta aquello de: ¿Acaso
soy yo el guardián de mi hermano?
pues dan por descontado que lo son, un
mundo de malsines y policías vocacionales en busca de infractores. Lo pagaran
nuestros nietos, lo pagara la humanidad, lo estamos pagando nosotros.
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