INTELIGENCIA ARTIFICIAL
No
estábamos muy seguros (yo al menos) de ser una especie inteligente y quizá por
eso hemos creado la inteligencia artificial, algo que sustituya a nuestras
redes neuronales visto que estas parecen estar llenas de agujeros sin remallar
por donde se nos cuelan los peces de las ideas, o quizá es que ya no hay
grandes ideas y que los alevines de inteligencia que quedan atraviesan las más finas mallas por falta de entidad real
o por que no dan el tamaño mínimo. Poseer cierta inteligencia requiere de un
esfuerzo consciente, hay que estar alerta, hay que aprender de los errores, hay
que informarse… un coñazo cuando es tan fácil apretar un botón y que un
conjunto de transistores y obleas de silicio nos ahorre un trámite tan
enfadoso. Desistir de pensar por uno mismo suele acarrear el inconveniente de
que otro lo hará por ti; claro que esto que para mí es un trauma para otros
será una liberación, y es que desde que las religiones inventaron el pensamiento vicario la
delegación de la inteligencia se ha ido apoderando de la realidad hasta el
punto de empezar a tomar decisiones por nosotros. Parece pues que dos siglos
después se va a hacer realidad el deseo que aquel rector de universidad expresó a Fernando VII “Lejos de nosotros la peligrosa novedad de
discurrir” y es cosa bien curiosa que siendo muy difícil encontrar a un ser
humano que trabaje por ti (para eso se inventaron la Nobleza y otras mamandurrias) siempre hay
candidatos de sobra para pensar por ti. Trabaja tú que ya me encargo yo de
pensar, es lo que nos dice lo mismo cualquier obispo que cualquier político.
Así tenemos pues quien se encarga de nuestra salvación, de nuestra educación,
de nuestra sanidad, de nuestra vida en general. Lo único que tú has de hacer es
fichar cuando den las ocho, del resto ya se ocupan los abnegados profesionales
que han tomado el lugar de nuestras fatigadas neuronas. Esto, es cosa a la que
el personal se niega a verle aspectos negativos, ya que lo maravilloso y
fascinante es decirle a Siri (que por ahora es capaz de poco más que de
encender luces y cosas así) que cuando llame nuestro cuñado por teléfono finja
ser yo, y con mi voz invente escusas que serán mucho más creíbles y solidas que
las que yo soy capaz de imaginar. Por ahora esto no sucede, y es que a pesar
del revuelo que ha causado el programita informático ese que es capaz de
sostener una conversación y de presentarse a un examen, yo discrepo con los
actuales expertos en este campo de IA. Sera una autentica inteligencia cuando sea capaz de mentir y de engañarnos.
Pero paciencia que todo llega, y es el momento de recordar que Isaac Asimov ya imagino en un
cuento de ciencia ficción hace muchos años a un ordenador (Multivac) que
abusando de la estadística elegía al presidente de los EEUU solo preguntando a
una persona seleccionada por él, si sabía cuál era el precio de una docena de
huevos y unas cuantas variables más. Ya estamos cerca de ese momento y lo que
es peor y más inquietante es que vistos los resultados que se suelen obtener
tanto en las votaciones democráticas como en la elección de obispos, es casi
seguro que la maquinita lo hará mejor que nosotros. Dejo este mensaje en una
botella para futuras generaciones en el caso de que aún se molesten en leer, y
en el fondo lamento profundamente que la IA no este desarrollada al máximo, pues
no podré pedirle lo único que realmente me haría ilusión, el único servicio que
me volvería un converso de las nuevas tecnologías. Que se muera por mí, que yo
estoy muy ocupado y no me viene bien. En tanto no sea capaz de realizar esta
sencilla orden me parece que la IA está francamente sobrevalorada.
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