EL CAMINO
DE DAMASCO
El
camino de Damasco debe estar lleno de baches… especialmente a su entrada, es
decir cuando el transeunte tras una agitada existencia, tras tragar leguas de
polvo, tras un trayecto interesante, odioso, entretenido a veces, a veces miserable,
en ocasiones triunfante (osea lo que se llama la vida) ve allí en la lejanía las cúpulas de Damasco y entonces... se
cae del caballo, y hay que ver los follones que lían y hay que oír sus desgarradores
gritos. Aqui, lo mismo como Pablo de Tarso pasan de cobrar impuestos a
fundar una iglesia que los evade, que un partido político viniendo desde el
fascismo como Manuel Fraga, o desde el ejército montan un sacaperras dirigido
por un general como Ignacio de Loyola.
Por
qué este accidente suele ocurrir al final de la trayectoria de un camino es lo
que intento desentrañar. Sospecho que
algo tiene que ver en ello el que para unos sea empinada senda de mulas lo que
para otros autopista. La gente se suele caer además a una edad en la que es muy fácil
partirse la cadera y sin embargo lo único que se les rompe parece que son los
recuerdos, el GPS, el mapa de donde
vienen. Contemplen Vds. a Tamames que fue cambiando de monturas a medida que
iba reventando caballos como Miguel Strogoff. ¿Qué mensaje iba a transmitirle
al Zar? Seguramente a el mismo ya se le ha olvidado. Otros como Vargas Llosa
son gente que aunque se caigan del caballo siempre caen de pie, y además pueden
invitar a un rey emérito para que contemple sus gráciles volteretas sin empacho
y sin rubor, ignorando que ser Nobel significa que una vez escribiste bien y nada más. También hay quien como mi
otrora admirado Savater (mi filosofo de guardia) es tan amante de la hípica que
no admite que en la meta se acaba la carrera y quisieran seguir apostando en el
Derby cuando ya la pista está vacía. Existe asimismo quien ya se cayó al
principio de la carrera, el que se le resbalo a la comadrona de las manos como
Sánchez Drago (el afirma que fue por meterle mano). La vida en resumen es una
carretera con muy pocos peones camineros osea falta de mantenimiento, y así es
frecuente que todos hayamos mordido el polvo en numerosas ocasiones, pero lo
normal es levantarse, sacudirse un poco y continuar sin llorar mucho por la
leche derramada. Todos tenemos derecho a cambiar de opinión ¡faltaría más! Lo que es tramposo es disimular de donde viene
uno y exhibir papelas falsas aprovechando que la Guardia Civil tiene
jurisdicción en todas las carreteras menos en esta. También tiene mucho que ver
lo pagado de sí mismo que este cada uno, y es que hay gente que no se resigna a
dejar de ser el centro del universo o al menos de su profesión. Eso les pasaba
mucho a las mozas de partido, cuando nadie daba ya un maravedí por sus encantos
se metían en rufianescas y culpables tercerías, en enredos alcahuetescos, y suele
ser más que por el dinero por seguir en el candelero. Solo hay que recordar a
Celestina, a Trotaconventos, a la Lozana Andaluza, o a la Enana del Aretino. No estoy comparando a los volubles y
tornadizos (yo mismo lo soy) con viejas rameras ¡Dios me libre! Les tengo mucho
respeto (a las putas me refiero) Mi afán
es solo saber a qué se debe tanta caída, si es un problema de obras públicas o
es que hay gente que no se resigna cuando se le arruga el coño. Para no parecer
machista me apresuro a decir que la tengo pequeña, fea y encogida, cosa que no
me angustia ni me incomoda porque mi pilila ya hizo lo que tenía que hacer en
su momento y puedo mirar hacia atrás sin ira y hacia adelante sin miedo ni
Viagra, además los pobres vamos a Damasco a pie y más que tropezarnos nos
cansamos que no es lo mismo. Lo malo de que te presten mucha atención es que
llega un día que no te suena el teléfono, y eso los/las de las páginas de
contactos lo viven como un drama y los que llevamos una vida huyendo de que nos
sodomicen (no siempre con éxito) como un alivio. Mi culo ya no está en edad de merecer
y encima me acuerdo perfectamente de dónde vengo, de la nada. Pues eso es todo,
sea este papelin un mero recordatorio destinado a quien se encarga de alisar
los socavones del camino y un homenaje a toda esa gente que cada vez que se ha
caído se ha vuelto a levantar sin aspavientos ni aparatosas conversiones
catecumenales. Nec spes nec metu (Sin
esperanza y sin miedo) es mi lema, y sobre todo conocer que en el camino a
Damasco tan importante es saber a dónde
vamos como acordarnos de dónde venimos, pues tan fundamental es un extremo del
sendero como el otro. Yo a pesar de mi edad y de que soy tonto aun los distingo
(con gafas) pero parece que a algunos se les pierde el mapa en cada tropiezo.
También tendrá que ver que la trazabilidad que le exigimos a una hamburguesa de
tres euros no se la pedimos a un congénere, y eso que contiene más aditivos y
conservantes. En cualquier caso ahí vamos todos cayéndonos y levantándonos y no
deben Vds. hacer mucho caso de mis palabras porque cualquier día vuelvo a tropezar y cambio de opinión.
Total desde que ese minúsculillo, cabeza con rabillo, se proclama el mas listo de la manada y llega el primero a colarse en el huevo para intentar hacer, algo que se vea y se oiga. Hasta que te dan encefalograma plano. Han pasado algo así como ir a Damasco pero por el camino largo. ¿Y cuando llegas? ¿Y cuando ves la luz al final del tunel? ¿Y cuando la Parca, guadaña en ristre, te dice "anda p'allá? ¿Que ves?¿Que cúpulas distingues? Tanto andar para no saber ni a donde llegas. Ni si te encortraras con aquel amigo que hizo el camino antes que tu. Ni siquiera aquel señor y aquella señora .que jugaron al teto en modo discreto. Pero algunos seguimos camino con el horizonte cada vez mas cercano. Espero que sigamos cayendonos y levantandonos y tropezandonos dos, tres y mil veces en la misma piedra. .
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