SAN MATEO
Y LA FERIA
-Como
un Odiseo moderno escucho a lo lejos el canto de las sirenas pero son las de
los autos de choque, de cuando los coches eléctricos solo valían para fiestas y
eran una cosa macarra y el único sitio donde ponían música moderna, ahora los
coches eléctricos son lo más y solo se los puede permitir gente que no va nunca
a las ferias, los demás nos tenemos que conformar con estos, ósea que no ha
cambiado nada. Antes la novela de tu vida la ibas escuchando cuando te sentabas
en el escaño de la cocina, pero la pantalla del ordenador sustituye a las
llamas ahora y por eso toda la magia se ha ido por la chimenea, que es un
adminiculo que nos sigue fielmente desde el neolítico y otra vez se va a poner
de moda en la nueva glaciación que nos viene este invierno y nos llega desde
las estepas (el frio siempre viene desde Siberia porque es donde lo fabrican),
la gente acapara hasta el serrín y otra vez se van a poner de moda los
chubesquis y vamos a parecer todos bohemios de buhardilla, que es lo que tienen
estas estufas, que transforman cualquier casa en desván y encima ya no se puede
mandar a la niña a las vías del tren a hacer la busca de trozos de carbón como en los cuentos románticos. Todo
ha cambiado de una manera tan vertiginosa que no nos hemos dado cuenta y ya somos
como ese señor que se acaba sentando en el centro del laberinto de los espejos
esperando a que lo saque algún empleado porque con tanta pantalla diciéndonos lo
mismo esta mareado y no encuentra la salida, y cuando nos saquen ya no
tendremos ánimos para el tubo de la risa, ni puntería para el Pim - Pam - Pum, que
antes venía con caras de políticos pero ahora como no hay censura ya no dejan.
Escuchamos las lejanas sirenas de la feria y sus luces y chillidos pero ya nos
bajamos de los caballitos hace más de cincuenta años y ya no tenemos a quien
comprarle fichas y subirle, porque los niños de ahora son escépticos y no creen
en nada que funcione sin una app. Ósea que cuando viene la feria nos podemos
montar en todo menos en la nostalgia, y aun así te montas en el tren de la bruja
a ver si te bajas en otra estación con cuarenta años menos, pero no, y si te
montas es porque en realidad sí que funciona pero solo durante cinco minutos.
Paseamos el despiste por las tómbolas donde siempre toca y nunca nos tocó nada
y nos sentamos a comer una salchicha con cerveza que es como la magdalena de
Proust y si te arruina la digestión te aviva la memoria, vaya lo uno por lo
otro, el caso es celebrar que seguimos vivos y que la noria (esa metáfora)
sigue dando vueltas.
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