-La memoria de internet es infinita y la de los
hombres incierta y débil. Ambas tienen algo en común. No se pueden borrar,
siempre en algún sitio queda la memoria de todo; como si un ubicuo contable, de
paciencia infinita, lo fuese registrando en alguno de los libros de las
bibliotecas incalculables que imaginaba Borges. Leo acerca del hijo de un alférez
que quiere sacar a su padre, que ya está muerto (pero ya hemos hablado de los
muertos en este país) del consejo de guerra donde ejerció de secretario,
condenando a muerte a Miguel Hernández. Como la muerte de un poeta no se puede
limpiar de la escasa memoria de los hombres (es una mancha indeleble); pretende
borrarla de internet. Desde aquí le apoyo, empiezo por no poner aquí el nombre
de su padre (que desde ahora sufre una condena al olvido, entiendo) y digo que
se queda corto. Una vez conquistado el derecho al olvido en la red, debería
demandarnos a los que aún tenemos memoria de ello; para que nos borren el
nombre del alférez en cuestión. Que le den una mano de cal a las sinapsis que
enlazan con ese señor. Desde luego el demandante muestra un tierno amor filial
por su padre; no así por la historia. Pero sucede que somos animales de tiempo
y transcurrimos por la historia; osea que somos nuestra historia, nuestra
memoria y recuerdos; y eso no se puede borrar (de momento) aunque a algunos ya
vemos que les gustaría. Que no se preocupe este buen hijo de su padre y
padrastro de la historia. Al final son los poetas, siempre; los que se quedan
en la memoria, los que permanecen a pesar de ciertos alféreces. Termino con una poesía de Miguel Hernández
que puede servir tanto para su muerte, como para no olvidarla.
Yo sé que ver y oír a un triste enfada, /cuando
se viene y va de la alegría,
como un mar meridiano a una bahía, /esquiva,
cejijunta y desolada.
Lo que he sufrido y nada, todo es nada, /para
lo que me queda todavía
que sufrir, el rigor de esta agonía /de andar
de este cuchillo a aquella espada.
Me callaré, me apartaré si puedo /con mi constante
pena, instante, plena,
a donde ni has de oírme ni he de verte./Me voy,
me voy, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena: /adiós,
amor, adiós, hasta la muerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario