ABRACADABRA
Nunca
son inocentes las palabras, y esto es porque no somos inocentes los que las
pronunciamos. Las palabras siempre han tenido la pretensión de influir sobre la
realidad, de modificarla. Esto se llama magia simpática o religión (depende de quién
pronuncie las palabras) Es una antigua pretensión de la humanidad la fantasía
de que al pronunciar Abracadabra
desaparezca el problema. A raíz de este truco de niños chicos las religiones
llevan unos milenios facturando (las palabras mágicas no se pronuncian gratis)
Como sabemos los que estamos en el secreto, Dios hace tiempo que se cogió
vacaciones, un poco por estrés y un poco por perdernos de vista. Los políticos intuyeron
que en esa ausencia se creaba un nicho de mercado, una oportunidad comercial y
desde entonces juegan con las palabras, en vez de cambiar la realidad cambian
su nombre y con ese valioso activo se presentan a las elecciones; si les afeas
o te ríes de ese truco infantil te miran esquinado y comprendes que jamás vas a
ser concejal de nada o asesor pensionado, queda pues la abultada nomina publica
fuera del alcance de los burlones, de los que hacemos pedorretas ante cualquier
discurso político. Los políticos, como los niños, se toman muy en serio sus
juegos; los niños porque no han descubierto aun la diferencia entre juego y
realidad (algunos no la descubrirán nunca y se quedaran en poetas) y los políticos
porque de ese juego depende el que a fin de mes sigan cayendo a la saca los
monises. Ahora andan a la greña por el tema de llamar violencia de género o
intrafamiliar a lo que desde Caín y Abel ha sido violencia sin apellidos. Yo no
creo que por llamarle de una forma o de otra vaya a desaparecer el problema (ya
saben, Abracadabra) y pienso que lo
que hay que hacer es endurecer las penas y proteger bien a las víctimas, pero
diciendo obviedades como yo no se llega a político ni se asalta el reino de los
cielos. Así, basta que una parte rebautice un antiguo problema para que la otra
parte insista a su vez en el cambio de nombre, de santo y seña (igual paso con
lo del sí es sí) el resultado siempre es el mismo; cuando se despiertan el
dinosaurio sigue ahí, y aunque a lo mejor ya se llama de otra forma sigue ocupando toda la habitacion. La historia de la violencia es la historia de la
humanidad y me temo que eso es lo que no va a cambiar, los políticos lo saben
perfectamente, al igual que saben que diciendo verdades de Perogrullo se van a tener que
quedar como yo: escribiendo papelines gratuitos y para esta gente no facturar
es morir un poco. Quiere decirse que la violencia no se resuelve con leyes
(aunque sean necesarias) si no con educación, pero ningún político está
dispuesto a invertir en algo que dará resultados cuando el ya no esté en el
escaño (todo lo que ocurra fuera del hemiciclo no tiene un valor real para
ellos). La cultura es siempre la hermana pobre de la política desde que se inventó
este negocio de cobrar por mentir o más bien por prometer y no cumplir, y es tal
el desprecio (larvado y de dientes para fuera) que tienen los políticos por la
cultura, que desde Canalejas no se ha vuelto a ver a uno parado en el escaparate
de una librería. Hay pues que proteger a la víctima y trincar al agresor y llámese
esto como se quiera. El que piensa sobre estos temas, ya sabe que ni la pena de
muerte, ni después la más civilizada cárcel
han conseguido ni conseguirán erradicar la violencia, porque el ser humano es violento o no es. Para que cambie,
para alumbrar una nueva humanidad es imprescindible la educación, generaciones
de educación. Mientras tanto los políticos manosean sus viejos grimorios de
magia y van cambiando los nombres de las cosas, agitan sus varitas mágicas pero
la política es una peli de Harry Potter y todas las magias son efectos
especiales, aun asi hay que reconocer que hay un hechizo que les lleva
funcionando muchos siglos a estos sacristanes, y es el de la piedra filosofal, que les transforma en moneda contante el flujo de verborrea. No son inocentes
las palabras, pero tampoco mágicas, porque hay gente que hemos comprobado que la
magia solo funciona en las películas, en la ficción. El problema es que no
tenemos tiempo ni paciencia para esperar los resultados de la educación y que
estos infantilismos siguen fascinando a los niños de menos de cinco años (los
que aún no tienen móvil) y a los votantes, que a pesar de tener conexión a
internet tienen su mismo despejo y encima han perdido la inocencia. Vox está
jugando con las palabras, pero el votante no debe confundir la magia con el trile o con el timo de la
estampita, son todos trucos (viejos) para engañar papanatas y en todos te
soplan la cartera, pero unos llevan al talego y otros al congreso de los
diputados, claro que si la magia funcionase sería cuestión de usarla para cambiar
algunos escaños por celdas no exentas de comodidades. Aquí me quedo, musitando
hechizos y dibujando pentaculos, a ver si crecen las rejas en las ventanas que
dan a la Carrera de San Jerónimo.
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