Una sombra tan solo seras

lunes, 17 de abril de 2023

 

                                   TOMAR   UN   CAFE

Los amigos que se entretienen leyendo mis papelines habrán observado que en esta sociedad de la opulencia solo yo desentono con mis jeremiadas de señor pobre. Efectivamente en esta Jauja moderna en que se ha convertido España, si es que tal cosa existe (España, digo) parece que solo mis letanías desentonan en este paisaje de nuevos ricos. Pero la realidad, que es una señora que a veces viene a tomar café a mi casa, suele venir a darme la razón (aunque a lo mejor se pasa por el café y me da la razón como a los niños, a los tontos y a los votantes). He comprobado, con estupor, que hasta hace poco no me llegaba la pensión para comer en un restaurante Michelin, y como buen gourmet me he quejado alguna vez de esta carencia que suplo con ingenio, alubias, macarrones y otros géneros al por menor. Más la realidad, además de bebérseme el café (con tres cucharadas de azúcar) me ha dado una colleja para agradecérmelo; señores, si antes no podía comer en un restaurante de postín, hoy día ni siquiera me llega para no comer en él. Acabo de enterarme de que te exigen por encima de los 120€ (por comensal) por cancelar una reserva, es decir: por no comer. Y es que no comer se está poniendo por las nubes para los nuevos pobres en esta sociedad de nuevos ricos, y yo sospecho que todos estos modernos advenedizos en realidad viven engañados. Los políticos (que son los cornetines de órdenes de los ricos de verdad) en vista de que no podían (ni querían) acabar con la pobreza han dado con el huevo de Colon, con la solución mágica, que es simple, ingeniosa y barata; convencerles de que son ricos mientras su cuenta corriente disminuye a ojos vista. Cómo se consigue este truco de prestidigitación esta fuera de mi alcance el explicárselo; aunque sospecho que tenga que ver con esas pantallitas que todo el mundo va mirando por la calle en vez de mirar la realidad. La gente va mirando, absorta, a cómo está la lata de caviar, como viven los You Tubers refugiados en Andorra, cuánto cuesta un Maserati y el precio de la última mansión que se ha comprado un futbolista, y como los ven en la pantallita y además los siguen por Twitter, se hacen la ilusión de que los poseen. Después un pincho con pretensiones por la calle del Laurel al precio de media lata de caviar completa la ilusión. Todo esto es un trampantojo que yo creía propio de los pueblos salvajes y primitivos, que pintaban un bisonte y se hacían la ilusión de haberlo cazado, y he aquí que en vez de ser un culto cargo (como esas tribus de Melanesia que esperan un avión americano lleno de increíbles riquezas y lo adoran) es lo último en tecnología y en inteligencia artificial, osea una vez más el hombre primitivo que espera que votando se le llene el puchero. Y así nos van convenciendo de que hay que llenar las calles de carriles bici aunque sean estos vehículos tan caros de ver como el fabuloso unicornio, al igual que nos convencen de que una guerra entre los Hotentotes y los Bosquimanos es la responsable de que nos atraquen en los supermercados, y al final nos pasara como al asno de Buridán; que nos moriremos de hambre pero sin rebuznar y con una sonrisa envidiable, y eso mismo les pasa a las calaveras, que parece que se ríen pero no; nos enseñan los dientes que Dios le da a quien no tiene pan ni inteligencia para pedirlo.  Decía Unamuno que él era más sabio que Sócrates; porque yo sé que no se nada. Pero es que además de saber que no se nada, sé que tampoco saben nada los demás. Y seguramente me acontece a mí como al ilustre catedrático salmantino, con la diferencia de que él lo podía decir y se lo toleraban, y cuando suelto yo un axioma tan obvio, nadie me hace caso (seguramente con buen criterio) ya que todo el mundo cree conocer a la realidad aunque solo tome café en mi casa. Por cierto, acabo de advertir que me faltan dos cucharillas de plata y las tenacillas del azúcar y encima tendré que disimular, porque como la realidad deje de venir a verme no sé de qué les voy a hablar a Vds. y francamente, para contarles lo bueno que es todo y lo bien que vivimos me habría metido a político y por lo menos me llegaría para no comer.

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