¡ÑAM, ÑAM!
Era
este un país que pasaba hambre. No me refiero ya al hambre prehistórica, al
hambre heroica y clásica; a la Fames
Calagurritana donde nos comimos unos a otros antes que ceder ante los
romanos (… Toda la Galia está ocupada por
los romanos menos una aldea poblada por irreductibles galos…) Bien,
nosotros éramos esa aldea. Más cerca, mucho más cerca tenemos la posguerra con
un hambre más feroz aun porque había que callársela, porque solo la padecían
los rojos (los triunfadores comían opíparamente) y por eso era más negra porque
no todos la sufrían. Era la España del Auxilio Social, en la que hasta los
vencedores se dieron cuenta de que si no practicaban la caridad alimenticia se
iban a quedar con medio país y entonces a ver quién te deja las botas como un
espejo y te limpia los váteres. Era la España de la cartilla de racionamiento y
sus cupones: “Vale por ½ Kg. De arroz”
era una España felizmente olvidada. Pero se ve que los genes guardan la memoria
histórica. Se ve que tanta tiña, miseria y desesperación se quedaron arraigadas
en las tripas.
Digo
todo esto al ver en la tele las colas que dan la vuelta a la manzana para
participar en el casting de “Master
Chef” un programa para desnutridos. Para ignorantes que ya no saben quién fue
Carpanta, para gente ¡Por Dios! Que tienen su máxima aspiración en la vida en
ponerse un disfraz para deconstruir
cosas. Fíjense bien Vds. en este último adjetivo porque ahí reside la clave de
estas líneas. En efecto me parece que dar de comer a los demás (y hacerlo bien)
es uno de los logros de la humanidad. Por ejemplo ahí tenemos a Arguiñano que
lleva más de treinta años haciéndolo en la tele y dando espectáculo pero con
dignidad. Sí, yo también he ido a que me esferifiquen y a que me deconstruyan y
a que me deglutan y después tras digerirme y timarme me escupan. La experiencia
me dejo tibio (ni frio ni caliente) que son los que el señor vomitara de su
boca y en ningún caso veo justificados los 250 euracos, por no hablar de que ninguna comida se merece tres meses de
lista de espera, aunque muchos tontolabas sí. Y esto es lo que busca esta peña:
no quitar el hambre, si no quitarte un riñón por comer, quizá para aderezarlo
luego para otro comensal (las pelis de Hannibal Lecter han hecho mucho estrago y han dado muchas ideas como leeran mas adelante)
Doy por descontado que esta gente que hace cola no conocieron a sus abuelos o
los ignoran con intensidad, ya que si apareciesen por allí íbamos a ver hostias
como panes (que podrían servir para confeccionar algún moderno plato) lo que
estoy haciendo es volcar en este papelin mi desconcierto porque cada vez
entiendo menos lo que me rodea o acaso lo entiendo demasiado que es aún peor. Y
les digo además que soy un más que mediano cocinero como pueden atestiguar los
amigos a los que he dado de comer. No voy a añorar esa España de la que he
hablado antes. Esa España que define Baroja con una anécdota; contando como a
principios del siglo XX vio al pasar por Nájera, un pequeño escaparate de un
restaurante donde yacía, solitaria en un plato, una tortilla de patatas con un palillo
pinchado sosteniendo un papelito donde se leía: Vendida. Y no la voy añorar porque ahora, con el precio al que se
está poniendo la manduca pudiéramos volver a ver estos carteles; que como todo
es comer, la subida de los sueldos y pensiones se la ha comido el alza de los
precios del papeo, y así son los alimentos los que se comen los maravedises
cuando debiera ser al revés. Y ya estoy preparado e informo a mis lectores. Yo,
como en “El silencio de los votantes”
ya afilo el jamonero y el cuchillo de destazar, y se cómo salar y ahumar a un
concejal y a un subsecretario y cómo gestionar su casquería, porque para eso he
leído de todo y como de todo. Y yo les paso la receta por privado y les
recomiendo (siempre) gente que se desplace en coche oficial, porque los que van
en bici son coriáceos y no tienen la necesaria grasilla entreverada e infiltrada
en el musculo y como mucho les servirán para hacer un caldo corto. Y ya les
explicare también: que para que la carne no quede acre la muerte ha de ser
supitaña e impensada, y como hay que drenar la (mala) sangre porque la de esta
gente no vale ni para morcillas, y como lo mejor para chocarrar los pelos es el
helecho seco y que nunca deben usarse, para este menester, números atrasados
del BOE (como hacen algunos) porque dan mal humo y el gusto pasa a la carne, y
que los sesos de este ganado no sirven para nada y contagian el SIBAVA (síndrome
de la billetera vacía) enfermedad gravísima que compele a ordenar obra pública
sin ton ni son; pues todas estas sabidurías me pertenecen y estoy dispuesto a
compartirlas con Vds. en esta edición (limitada) de Pesadilla fuera de la cocina. ¡Contra los precios imposibles en el
súper! ¡Contra la hambruna que nos acecha! ¡Abajo el vinagre de Módena! ¡Viva
la Susi y abajo el Sushi! ¡Contra la masa madre que hacen los que se quieren
pegar la vida padre! ¡Contra la cría y engorde del político en cautividad! De
nada y que aproveche.
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