MIENTEME O
NO TE VOTO
Me
entero hoy de que el presidente de México, López Obrador, sigue con su cansina
murga de la petición de perdón por parte de España. Le acompañan
estadísticamente la mitad de los mexicanos, que serán analfabetos funcionales
como él (y como un parecido porcentaje de españolitos) es decir saben leer pero
no saben para qué. Y en todo caso, y en eso demuestran lo españoles que son,
evitan cuidadosamente leer algo que vaya en contra de sus prejuicios no sea que
les dé un mal aire. Un servidor que hace de todo para no aburrirse (uno de los
principales pecados mortales) se leyó con 15 o 16 añitos a Bernal Diez del
Castillo y su “Historia verdadera de la conquista de Nueva España”, que me llevo hasta Francisco López de Gomara y
hasta Antonio de Solís y Rivadeneyra ambos autores de distintas Historias de la
conquista de México. También, por supuesto, a Bartolomé de las Casas y su “Destrucción de las Indias” Quiere
decirse que antes de opinar uno lee y se informa, que como yo no soy presidente
ni de mi comunidad de vecinos, no tengo la alegre facultad de pasarme la
historia por debajo de los huevos. Si estos señores mejicanos hubiesen leído
estos libros, habrían leído como la tal conquista se realizó porque unos
cientos de extremeños y españoles varios, llevaban detrás (y delante y a los
lados) unas docenas de miles de Tlaxcaltecas y de Zempoala y de Xochimilco y de
Texcoco y Azcapotzalco y los Tarascos de Michoacán… y para que seguir. Quiere
decirse que aquellos españoles tuvieron la fortuna (para ellos) de aterrizar en
mitad de una guerra "civil" de estos pueblos contra los Mexicas, que eran lo que
hoy llamaríamos unos terroristas a gran escala; osea una etnia, una casta militarista como esos barones alemanes (los
Junkers prusianos) que buscaban la ampliación del “espacio vital” Era un pueblo en armas que no había terminado de
someter a estos otros pueblos mencionados (y a otros más) cuando aparecieron
los españoles. Entre que les arrancasen el corazón mientras latía o sumarse a
aquellos señores con barbas buscando venganza la elección fue fácil. Quiero
decir aquí, que no estoy tratando de justificar nada ni a nadie, pero las cosas
de la historia es necesario ponerlas en su contexto y contarlas como fueron, y
esto no suele interesar a nadie. Efectivamente los españoles cometieron después
desafueros (siempre contraviniendo las ordenes que venían de España) A mí no me parece bien lo que hicieron, pero
sin la ayuda y complicidad de esos miles de mejicanos,
que lo eran tanto y con tanto derecho como los mexicas, simplemente los habrían
barrido de la historia; a pesar de la pólvora (que se mojaba) y de los caballos
(escasos) y de las corazas (oxidadas) Yo comprendo que el señor López no puede echarles
la culpa a estos pueblos porque su voto cuenta allí y el de los españoles no.
Pero tampoco hay que pasar por alto esta bobada del perdón que es totalmente
ridícula y rayana en la imbecilidad, y digo también que siempre agradeceré (al
baqueteado pueblo mexicano, no al señor López) la ayuda que prestaron en su día
a los sufridos exilados españoles en un momento en el que todo el mundo les
volvía la espalda, y le digo así mismo, que entonces no había nadie hinchando
estas polémicas artificiales. Yo soy responsable de lo que yo hago (y cada día menos) en cuanto a las responsabilidades que
pudo contraer mi tatarabuelo pregúntese al maestro armero porque yo ni me
beneficio de ellas ni me siento aludido ni concernido (que cada palo aguante su
vela). Además TODO lo que sucedió hace siglos es irreparable (lo malo y lo
bueno) a no ser que inventemos una máquina del tiempo, por lo tanto ya vale de
estos brindis al sol que la gente se traga como un pez un anzuelo. Y me
pregunto a quien atribuye el expolio que ahora
mismo sigue sufriendo el pueblo mejicano el señor López. Aquí, en Logroño ya se
cometió la sinsorgada de pedir perdón al pueblo de Zugarramurdi y ponerlo en
una placa (¡Ay las placas!) a nadie
pareció importarle el pequeño detalle de que la resignada ciudadanía logroñesa
no tuviese nada que ver en aquella
espantosa barbacoa más allá de que aquí estaba la sede de la inquisición
(soberana e independiente del poder civil), como pudiera haber estado en Zamora
o Cuenca y lo mismo que dije antes: YO no
fui señor comisario, tengo coartada, no había nacido, me niego a pedir perdon a nadie por cosas que no he hecho. Pero claro todo esto
no se puede poner en una placa para salir en una foto de las hojas parroquiales
que es lo que fascina a los mandatarios. Al señor López (no me canso de
llamarle señor López) yo le recomendaría que mirase a ver porque los votantes
se le escapan por el rio Grande en cuanto pueden, y que se preguntase por qué
el sueño de un mejicano no es prosperar en Jalisco o Durango sino en Los
Ángeles o San Francisco (ciudades también fundadas por españoles por cierto) y
le recomendaría también, como ya tengo hecho en estos papelines y apercibido a
todos Vds. la lectura del libro “Malditos
Libertadores” de Augusto Zamora ex embajador de Nicaragua en España (y no
sé si el ex es a consecuencia de la escritura de este libro) libro, como ya
dije, documentadísimo e irrebatible y que debiera ser de texto tanto aquí como
allí (en Sudamérica) Pero, como siempre, lo mío son quimeras y (tristemente) el
político de hoy día es demagogo o no es, y si quiere pillar sillón lo que tiene
que hacer es mentir como un bellaco o dedicarse a otro menester. Lo único que
puedo decir es que la política, hoy, ya está siendo considerada como un
trastorno llamado pseudología fantástica que así se llama a la compulsión de
mentir venga a cuento o no, y que como el alcoholismo o cualquier adición tiene
solución. Señor López, busque ayuda especializada, sustituya al charlatán de
guardia por un psiquiatra y limítese a la mentira piadosa y otros géneros de
trolas inofensivas que cursan sin medicación. Yo aquí, en España, intento promover esta
campaña social, tan imprescindible, entre los políticos de aquí y he de decir
que con escaso éxito.
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