EL LIBERALISMO SEGÚN
SAGASTA
Les prometo que yo no quería hablar más del cacique
Sagasta que es tema que doy por agotado y hasta por agotador. Dos cosas me han
hecho variar esta determinación: La primera es el inefable hallazgo de un
panfletillo (editado en 2015) titulado “La Voz del Liberalismo Sagasta, gaceta de
información y opinión” parece estar destinado como unidad didáctica a
que los escolares aprendan más acerca del eximio prócer. En el, tras unas dosis de
incienso con su poco de láudano adormecedor acerca de la grandeza y bondad de nuestro
cacique; insertan los autores unas pequeñas criticas de Blasco Ibáñez para que
no se note mucho tanta hagiografía. Como sin duda los párvulos que lean la
gacetilla pueden quedarse con una idea a medias de tan gran demócrata voy a
completarlo aquí con un pequeño texto del propio Sagasta que es de tal
naturaleza, tan clarificador de su gran legado político que no necesita comento
y allá va tras una breve introducción para colocarlo históricamente.
Situémonos en el año 1872, durante la Monarquía de Amadeo I, en el contexto de la ruptura –tras el asesinato de su líder, el General Prim– del Partido Liberal Progresista histórico en, por una parte, los llamados constitucionales de Práxedes Mateo Sagasta y, de otro lado, los radicales de Manuel Ruiz Zorrilla. Es, además, un momento de gran movilización y radicalización de los socialistas jacobinos republicanos –a través de sociedades secretas carbonarias– y de crecimiento del asociacionismo obrero demócrata-socialista e internacionalista. El gobierno es ocupado por Sagasta y los progresistas constitucionales y su objetivo es consolidarse a toda costa mediante la consecución de una amplia mayoría parlamentaria sumisa y afín. En este contexto, las maniobras electorales caciquiles rayan el escándalo, casi cada día, gracias a la difusión en la prensa de oposición de diverso color. La caricatura (del periódico La Campana de Gracia, 14-IV-1872) muestra a Sagasta resucitando lázaros: dando el acta de diputado a candidatos ministeriales —derrotados en las elecciones— en detrimento de los realmente elegidos, mecanismo maestro, junto al pucherazo, del caciquismo político isabelino.
No obstante, este
momento de la historia del caciquismo liberal español es realmente relevante
porque se produce la transformación del caciquismo político liberal-oligárquico
isabelino –con un funcionamiento y estructura adecuados al censo electoral
reducido a los notables y capacidades– para adaptarse a la naciente sociedad
política cuasi-democrática (recordemos la marginación de las mujeres hasta la
Segunda República) del Sexenio Democrático 1868-1874. Sagasta y el gobierno
progresista constitucional elaboran al respecto una circular secreta que a
través del Ministerio de Gobernación envían a los gobernadores civiles de
provincia. Su importancia radica en que se convierte en el manual político de
caciques provinciales y locales –auténtico engranaje de la sociedad
liberal-monárquica española– durante el resto del Sexenio Democrático y durante la
Restauración Borbónica (1874-1923), sobre todo tras la Ley de Ampliación del
Sufragio de 1890.
Y el descubrimiento de este documento que fue difundido, desde fines de marzo de
1872, por la mayor parte de la prensa de oposición es la segunda (y espero que ultima) cosa que ha hecho variar, como dije, mi intencion de dar el tema por agotado. Puede consultarse en los
periódicos La Revolución Social, 80
(26-III-1872); y La Igualdad. Diario Republicano Federal, 1075 (25-III-1872).
Decía así:
“[Es necesario] hacer conocer a todos los
empleados [públicos] que no satisfará al gobierno su apatía, su indiferencia, ni
su [mero] apoyo personal, sino que es
preciso que trabajen con celo a favor de las candidaturas aceptadas por el
ministerio. El que faltare a este deber o lo cumpliera con tibieza será
declarado inmediatamente cesante (…) La proyectada división judicial y el establecimiento de los
tribunales de partido, suponiéndola más inmediata de lo que será en realidad,
ofrece a un gobernador hábil una inagotable fuente de seducción para los distintos pueblos que aspiran a ser residencia de dicho tribunal. No
debe vacilarse en hacer promesas sobre este asunto que aún está lejos de
llegarse a realizar (…)
Los gritos de ‘viva la República’ ya prohibidos, constituyen, como los vivas a Carlos VII, una serie de delitos que, perseguidos con actividad y constancia, darán ocasión seguramente a muchos procesos que inutilizarán votos de la coalición, amedrentarán a los dudosos e impondrán a los demás respeto y circunspección. Este medio puede ser muy fecundo si se promueven por los agentes confidenciales gritos y alborotos que den motivo la víspera a arrojarse sobre los republicanos (…)
La elección se empezará y continuará, reclamando los secretarios al tiempo de votar cada elector que se coteje su cédula con el libro talonario suscitando dificultades y discusión sobre los menores accidentes, con el objeto de emplear el mayor tiempo posible en la elección de los amigos. Con los electores de oposición que se presentaren con cédula se seguirá el mismo procedimiento y aquellos que se presenten a reclamar el segundo talón, se pondrá en duda la identidad de la persona, y se les exigirá para comprobarlo un documento del alcalde de barrio, y otro del cura párroco; no es necesario advertir que si este alcalde o el cura son amigos deben, previamente advertidos, estar donde no se les encuentre.
Parece escusado advertir que a la puerta de cada colegio y fuera del grupo de electores, debe tener la autoridad agentes de orden público de corazón y energía. Y si como es muy posible, al encontrarse los electores de oposición imposibilitado el acceso a la puerta de los colegios, produjesen escándalo, profiriesen insultos o dieran el menor pretexto, los agentes de orden público harán bien en repartir algunos palos y en llevar inmediatamente a la cárcel a los que diesen motivo para ello, prefiriendo encarcelar a los jefes más autorizados (…)
Al abrirse el colegio, que deberá efectuarse media hora antes de las nueve de la mañana, a cuyo efecto el presidente y secretarios llevarán sus relojes media hora adelantados, deben estar en la urna tantas papeletas en pro de la candidatura ministerial como papeletas compradas obran en poder del gobernador (…) Debe procurarse también la aglomeración y votación a primera hora del mayor número posible de electores amigos, como son los del ejército, guardia civil, etc., etc. Así las cosas, cuando en este primer día se presente alguno [de la oposición] sin cédula a reclamar el segundo talón, se le manifestará por la mesa que ha votado ya, y si insistiere, el presidente debe mandarlo a la cárcel por falsificador como previene la ley electoral.
Debiendo fijarse las listas al público antes de las nueve de la mañana del día siguiente, se fijará aquella noche a la madrugada, y en seguida se deben romper, dejando en la pared la cabeza y el pie de la lista para comprobante de que la mesa ha cumplido con lo prevenido en el artículo 76, o de no romperlas de esta forma, llenarlas de lodo de manera que resulten ilegibles.
Desde los días anteriores a la elección, el gobernador debe hacer que los agentes de orden público intervengan las reuniones de los [republicanos] federales, tengan una esmerada vigilancia, no vacilen en prender por vivas y mueras que constituyan hoy delito, y a falta de éste, repartan muchos palos con el objeto de levantar por el temor y por el respeto, el principio de autoridad.”
Pues eso es todo amigos, esto es liberalismo del
bueno que dejo aquí para reflexión de Vds. y para completar la escorada visión
del personaje, del que espero no tener que hablar más porque ya me carga un
poco. Únicamente apuntar que estas son las instrucciones electorales con las
que sueña Vox o cualquier partido neofascista, y las brindo aquí porque acaso el
Parlamento de La Rioja, los Excmos. Ayuntamientos de Logroño y Torrecilla en
Cameros y el instituto de Estudios Riojanos junto con la fundación Sagasta, que
son los que editan la revista citada para pasmo de educandos; seguramente no
conocían (prefiero pensar eso). Me apresuro a adelantarme a sus felicitaciones
y espero que incorporen este material pedagógico en sus próximos aquelarres. De
nada.
La hipocresia es un gran pecado desde el punto de vista de la moral pero un agran virtud desde la política
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