IR CONTRA
CORRIENTE
Seguro
que este tema ya lo habré tratado por ahí. Pero como dijo algún ensayista cuyo
nombre no recuerdo: “Cada uno escriba de
lo que sepa, y no más” y a ello me atengo pues siempre escribo de mí. Y estas
reflexiones son por el concierto ese de la Rosalía, una chica que me cae
fantástica con sus ballets y que al verla (poco) no me cabe duda de que se lo ha currado, pero
que no me gusta nada porque yo soy de los Rolling y así. Aquí sale inmediatamente un
señor que me dice que a él/ella le gustan las dos. Para dejar las cosas claras,
lo que le pasa a Vd. es que no tiene criterio y no lo sabe. O peor, que le
gusta todo: que es igual que no gustarle nada. O peor aún, que cuando su
criterio no se corresponde con lo establecido se lo guarda Vd.
cuidadosamente en el bolsillo no vaya a ser que le digan: que es que no se
entera, que es un viejuno, etc.… Haga una prueba (sencilla no se preocupe)
compare Vd. las letras de “Motomami”
y de “Sympathy for the devil” Si no
encuentra diferencia apreciable o cree que es mejor la primera, por favor salga
inmediatamente de esta página. Está perdiendo su tiempo y el mío, ¡Ah! Y busque
ayuda especializada, de la droga y del mal gusto también se sale, siempre hay
gente que se está quitando.
Y ya veremos dentro de unos años que va
quedando de todo esto. A ver quien lee hoy los “Trópicos” de Miller, o los “Cuartetos”
de Durrell, ¿Y Alberti? y Miguel Ángel
Asturias y “Hombres de Maíz” y… En
fin, tantas cosas que en su tiempo parecían indiscutibles y que cuando tu
decías que te habían aburrido, te miraban así, de esa forma… Por supuesto nadie reconocería hoy día que eran
insufribles. Todo eso se ha ido hoy
por el desagüe de la historia que hace unas selecciones y unas antologías inapelables
¿Quién lee a Pérez Escrich? Y a ¿Manuel Fernández y González?, y a ¿Echegaray?
Y ya veremos que queda de Cela, aparte de sus primeras cosas, lo demás no se
atreve a reeditarlo nadie. Ando regalando “El
Don apacible” de Cholojov porque son dos tomazos y me falta sitio en las estanterías
¿Lo quiere Vd.? (Mándeme un privado) Ya saben ¿Ubí sunt?, ¿Los infantes de
Aragón, que se ficieron?
A mi lleva pasándome toda la vida. Cuando digo
que mataría por un cuadro de Solana o uno de Ricardo Baroja, pero los de
Picasso o los de Miro se los puede quedar Vd. Cuando dije que el señor ese que
se esconde debajo de una boina, el Ibarrola, si se hubiese dedicado a pintar su
comedor en vez de estropear aquel bosque tan bonito pues mucho mejor, O cuando
dije en las olimpiadas aquellas: que el Coby era una mierda como el naranjito
pero encima peor dibujado. Pero es lo que tiene España y el llegar tarde a
todas las modernidades; que se pierde el sentido del ridículo que es una cosa
que hoy estorba mucho porque no da dinero ni prestigio. Me paso también con ese
montón de chatarra caído de un tráiler que finge ser una bodega, y que es una
patada en mitad de los huevos del paisaje. Ese Guggenheim en miniatura. Y es
que ¡Oh! Sorpresa, lo que funciona en Bilbao (y muy bien) resulta que a lo
mejor no funciona en El Ciego (me pregunto si el nombre del pueblo es
premonitorio). Ya lo decía Brassens (que si me gustaba) “No a la gente no gusta que,
uno tenga su propia fe” que es una traducción bastante buena que hizo Paco Ibáñez.
Y pasa esto en mucha parte por la monetización de todo. Si un imbécil paga un
montón de millones por un cuadro, es que tiene
que ser bueno. Por lo visto a nadie se le ocurre la otra opción. Que es que,
simplemente tiene tanto dinero que no sabe en qué gastárselo y que para eso
está ahí el avispado marchante, para decirle a Vd. (que tiene millones pero no
tiene criterio) lo que le gusta y lo que no. Bueno así vamos y eso es lo que
hay, con estos bueyes hay que arar. Las truchas que nadamos contra corriente
nos quedamos siempre en el mismo sitio, y se nos nota en que estamos más flacas
porque los mosquitos ya se lo saben, y las que van a favor de la corriente
están de mejor ver y más acompañadas. Creen ir a algún sitio, y efectivamente
van. ¡A la piscifactoría! No se preocupen, nos veremos todas en alguna
pescadería, rodeadas de hielo picado y adornadas con unas ramitas de helecho. A
mí me venderán la última (por flaca y deslustrada) o me darán al gato.
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