AFRICANISTAS
Me
dicen algunos amigos (si, hasta yo tengo amigos) que cuente algo de los
militares africanistas y del africanismo como motor y génesis de crueldad para los que hicieron y ganaron la última guerra
civil. Y que son así llamados por ser allí,
en África, donde se conocieron, cohesionaron y combatieron con métodos que
combinaban los fusiles, los aviones y cañones de tiro rápido más modernos del
momento con la razzia medieval. Esto es, matar en un poblado mujeres, niños y
ancianos y gallinas y perros, con cortes de orejas para llevar la contabilidad
(esto tomado de las guerras apaches) y cortes de cabezas para exponerlas que
son cosa del neolítico y acaso celta. Allí, bombardeamos y ametrallamos en
varias pasadas por primera vez una población en día de mercado (Si amigos veintitantos
años antes que Gernika pero nadie pinto un cuadro) con más de trescientas
victimas ósea igual. Justo es decir que la otra parte beligerante aparte de los
aviones que no tenía, hacia exactamente lo mismo y más. Pero se supone que
nosotros íbamos a civilizarlos a ellos…
Como
vemos la cosa es un poco más compleja y como siempre en España viene de más atrás:
viene de las guerras carlistas fusilando a la madre de Cabrera en la plaza del
pueblo. Viene de los grabados de Goya, que tal parece que los moros que no los conocían
copiaron literalmente algunos. Viene del cura Santa Cruz apaleando mujeres en
la plaza del pueblo y embadurnándolas de brea. Viene de Tarrida del Mármol que
tuvo que escribir un libro sobre las espantosas torturas y ejecuciones que se hacían
en Montjuic a los supuestamente responsables de algunas bombas anarquistas y de
paso a familiares y cualquier líder obrero. El libro: “Les Inquisiteurs d’Espagne”. Montjuich, Cuba, Philippines. París,
1897. Lleva ya 125 años sin traducir y con eso se lo digo todo (y quizá más
vale así, porque si se le ocurre traducirlo a alguien, al juez le daría un
ataque de rabia al comprobar que no puede meter al talego al autor porque lleva
casi 100 años muerto) y un juez con un ataque de rabia es africanista. Viene también
de Severiano González Anido aplicando la ley de fugas (fue el inventor del “paseo”)
y diciendo que: por él, Unamuno no llegaría
vivo a Canarias. Viene del “Mulo
Mola” exigiendo a Unamuno que se disculpe por escrito de haber llamado violador gorilesco a Martínez Anido por
lo que hacía en su despacho oficial con las esposas e hijas de los anarquistas que
iban a suplicar clemencia. Viene también de los “inocentes” M.ª Teresa León y
Rafaelito Alberti mandando jocosamente a paseo en su sección del “Mono Azul” a
los que había que “pasear”.
Bien,
ya vemos que el africanismo en este país tiene raíces profundas y antiguas y
que aunque se verbalizara en esa época y ese tiempo, llevaba rodando algunos
siglos por las desoladas mesetas españolas. Así que sí. El Africanismo es lo
que hizo más cruel la última guerra carlista (léase la guerra civil) y esa es
la triste y viscosa cola que arrastra esa guerra cerrada en falso pero que
esperemos (gracias a Europa y otras internacionalidades a las que no les viene
bien que algo así se vuelva a reproducir) porque la infección sigue ahí, en
unos trozos de metralla y en unas hilas de detente
bala que se dejaron dentro la última vez que operaron a: Este hombre que no es de ayer, ni es de
mañana / sino de nunca, de la cepa hispana / No es el fruto maduro, ni podrido,
/ Es una fruta vana.
Y
es que nadie como D. Antonio nos ha retratado con esa precisión. Y les advierto
de que lo único que nos puede salvar de que África vuelva a empezar en los
pirineos (y entiéndase aquí África como una metáfora) somos nosotros mismos con
un poco de empatía, con un mucho de comprensión. Y es que la violencia no
reside en África, ni en España; sino en el oscuro corazón de las tinieblas, en
el negro y podrido corazón de algunos.
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