ADVERSUS PEREGRINATIO
En
el año 1444 de la hégira (pero Ala sabe más) Un oscuro monje riojano que no había
recibido las ordenes, pero era muy suelto de pluma en el scriptorium. Nos dejó
esta perseguida obra: El “Adversus
Peregrinatio” Que se podría traducir por: En contra de las peregrinaciones, pero también, En contra de los peregrinos, que el latín
tenia esas riquezas. Este tratado herético permaneció muchos siglos oculto en
la biblioteca de San Millán, erróneamente clasificado como una hagiografía,
vida de oscuros santos que no interesaban a los monjes. Pero ya D. Marcelino Menéndez
Pelayo lo descubre y lo denuncia en 1884 como una impostura en su “Historia de los Heterodoxos Españoles” El
libro, delata, en un latín ya muy corrompido y que exige de numerosas glosas (o
anotaciones en los márgenes) Que Santiago el mayor, teniendo cosas más
importantes que hacer después de muerto, huyo con una bella siriaca a la ciudad
de Éfeso, donde recortándose la barba y restregando su cuerpo con perfumes para
no ser conocido; vivió muchos años vendiendo altramuces y especiería para
morcillas en compañía de esta sulamita (vale tanto como “la mansa” o “la pacífica”)
que así la bautizo el, porque nunca le pidió un vestido nuevo, ni llevarla de
crucero a Chipre. Se sostiene así, en este tratado luciferino que no hay el tal
entierro en Santiago de Compostela, y aun peor, que si lo hay es el de Prisciliano
(primer hereje decapitado por la iglesia en Tréveris) y que consta fue traído
por sus discípulos a enterrar por esos lares. En su día hubo una gran discusión
teológica al respecto, ya que el campeón de la ortodoxia, por entonces Fraga
Iribarne obispo de Mondoñedo, escribió (o lo más seguro ordeno escribir) la
famosa refutación “Vagus magna inventio
est” que la riqueza de esta lengua, ya ida de nuestras escolanías, nos
permite traducir como: “El Turismo es un
Gran Invento”.
En
esta fabulosa discusión teológica y blasfema fueron arrojados ambos libros a
las llamas por ver cuál era verdadero, y solo subsistió el del obispo mindoniense
(hay quien dice que por estar muy manoseado por los peregrinos que usaban crema
de factor 50 que impregno sus páginas). Desde entonces, mana el rio de criaturas
semidesnudas y menesterosas que recorre el país, pordioseando y bebiendo
botellines de agua (contra los que ya advierte el libro hereje que recomienda
el vino) pues se calcula, que dejan en el país un maravedí cada treinta leguas
(unos 140Kms.), que es una cantidad apenas suficiente para comprar piretrinas, lejías
y otros productos antisépticos, necesarios para remover la mugre e insectos que esta masa de
poco piadosos y escasamente higiénicos transeúntes deja a su paso por el camino de las estrellas.
Como
habrán adivinado desde el principio el año 1444 de la hégira es este mismo en
el que estamos, El oscuro monje soy yo, que desde entonces vivo emparedado tras
una disimulada pared del scriptorium y desde aquí lanzo mis hojas al viento, para
que el resto de los hermanos de mi perseguida y maldita orden intenten expandir
la herejía, "Itinere exigua ad pecuniae”
que podríamos traducir como: Viaja poco y con dinero. Sé que nada conseguiré, pero
la fe es eso: tanto es peregrinar a un lugar inexistente, como intentar
convencer a la gente de la verdad. Y ya les aviso a Vds. que una vez que estuvo
Fray Moncho Alpuente en mi scriptorium me revelo que se le había aparecido Dios
en los asientos de atrás del coche de línea “La Sepulvedana” en el trayecto
Segovia-Madrid, que es el que solía usar; y que era un labriego con boina, de
edad mediana y cara de pocos amigos pero que contaba chistes muy buenos y que
le dijo que tenía pensado arrasar todo con fuego divino, azufre y pimentón picante
(esto último por joder) y Moncho le pregunto: ¿Señor, y si hubiese un hombre justo? (Alguien que no anduviese jodiendo por los
caminos quería decir) Y como él (Moncho) tenía mucho que hacer. Me dijo que me
emparedase yo. Y en eso ando, es decir me estoy quieto. Y nada más tengo que
contar por hoy. Pero si notan que huele fuertemente a pimentón, yo les aconsejo
que no salgan a la calle con un pulpo a feira, métanse debajo de una mesa o
dintel.
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